El fundador de la firma Delphos señala que la gente votará si la elección genera la idea de que tendrá algún impacto en sus vidas. Destaca la desconexión de la clase política con la población: “La gente percibe a políticos trabajando para políticos y sus propios intereses”. Los venezolanos no siguen marcas ni liderazgos sentencia y afirma “siguen un deseo y es el deseo de cambio. Lo que está detrás de ese deseo es cambiar sus condiciones de vida”

La posibilidad de que existan estímulos para que la gente vaya a votar depende de cuan cerca sienta la población que las elecciones de noviembre tendrán alguna influencia en su vida.

Felix Seijas director fundador de la firma Delphos sostiene que los políticos deben enviar un mensaje serio a esa gente que quiere un cambio político en el país.

“Lo que hay es que transmitir la idea de que esta elección es un paso dentro de muchos que se tienen que dar para llegar al objetivo mayor”, señala Seijas al referirse al espectro opositor.

Indica que la sensación de unidad sería un punto a favor de la participación del electorado. Sostiene que “en la medida que se va posicionando la sensación de que hay una recuperación de condiciones y de garantías se va a ir sumando gente”. Asegura que eso está pasando.

-¿Cómo está percibiendo la gente el escenario que se sirve para el 21 de noviembre?

-No es sorpresa que la gran mayoría del país esté interesada en el tema electoral como un gran tema. Quizás lo interesante es la fuerza con la que se está dando. Pareciera que hay una gran mayoría que quiere, que exige, espera que las organizaciones políticas trabajen en el tema electoral. Trabajen por el rescate de las condiciones. Esto no quiere decir necesariamente que estas personas quieran votar. Hay toda una gama de grises digamos, pero sí se quiere que la oposición venezolana, las estructuras políticas trabajen por rescatar el hecho electoral. Quieren que haya elecciones, quieren que esas elecciones sean válidas, cuenten y ese es un gran deseo, sobre todo porque es una de las cosas que las personas interpretan como un derecho. Segundo es una manera pacífica de resolver la diferencias, de salir del conflicto político que tenemos en este momento. Una manera pacífica, de bajo costo, porque ir a votar tiene un costo bajo.  Somos por lo menos dos generaciones de venezolanos que nacimos y crecimos en democracia, que nacimos y crecimos sabiendo lo que era ir votar, conociendo el ejercicio democrático y el poder que eso puede tener. Entonces ante lo que vivimos la gente sí quisiera votar, mucho más después de venir de 12 años en el que estuvo por allí sugiriéndose la posibilidad de salidas rápidas, que al no conseguirse, cada vez más gente se ha dado cuenta que por ahí pareciera no ser el camino, entonces muchos se han sumado al deseo de que sea rescatado el voto.

-Delphos siempre ha registrado una desconexión de la clase política con los problemas fundamentales de los venezolanos. Cuando hablamos de la clase política hablamos tanto del gobierno como de la oposición. ¿Eso ha cambiado en este momento?

-No ha cambiado. Al contrario es algo que se sigue acentuando poco a poco. Ojalá cambie en el futuro con las decisiones que se tomen, pero eso es algo que hemos ido midiendo en últimos tiempos. Las personas cada vez se sienten más desconectadas de la clase política, sienten que la clase política trabaja para ellos mismos al romperse la unidad, la Mesa de la Unidad Democrática y lo que ello significaba cuando partidos políticos, organizaciones políticas rindieron sus banderas para atender el bien colectivo, los intereses del colectivo.

-¿Eso no se percibe en este momento?

-La gente siente que eso no es así. Se percibe que son organizaciones políticas tratando de capitalizar cosas para ellos mismos, es decir, políticos trabajando para políticos. La desconexión es importante, la gente la siente. Hay varios factores que ayudan a esto como por ejemplo que los partidos políticos, la estructuras políticas han sido atacadas de una manera constante. Su conexión, su presencia en los barrios, ese trabajar en los barrios ha disminuido por la manera en la que han sido atacados, pero hay otros factores también, la pandemia por ejemplo. También están las cosas que se intentaron hacer. Esas vías rápidas que no funcionaron.

-¿Eso no cuajó en el ánimo de la población? En las mediciones hay un porcentaje que está de acuerdo con una salida violenta o con una intervención militar. ¿Ese número ha crecido? ¿Ha bajado?

-El número ha bajado. Los que hablan de las salidas más violentas como armarse o ir a la lucha armada ha disminuido bastante. Sin embargo no quiere decir que la gente dispuesta a protestar haya disminuido. Una cosa no tiene que ver con la otra. En un porcentaje importante de la población se mantiene esa energía de querer producir el cambio, de querer protestar por los derechos. Eso está allí, eso se mantiene solo que en este momento no ven que existan las condiciones para salir a protestar. Por un lado está el costo. Saben que es alto, es decir, tenemos muchos años ya donde el Gobierno se ha encargado de mostrarle a la gente que protestar puede tener sus consecuencias, pero tú puedes tener un costo y estar dispuesto a pagarlo si lo que vas a recibir después lo vale. Hasta ahora la gente ha sentido que luego de protestar y pagar un costo termina obteniendo nada. En este momento sienten que no hay una estructura importante que pueda conducir esa energía hacia un final feliz. Entonces si tienes un costo alto y sientes que no vas a recibir nada, esa energía no se disipa y desaparece, simplemente esa energía se mantiene en estado latente.

-Ahí estamos hablando de lo que es la desconexión de la oposición con los problemas la cotidianidad de la gente pero… ¿Cómo se ha desvinculado el oficialismo de esa base dura que en algún momento le apoyó, que incluso superó el 50% de apoyo en tiempo de Chávez?

-Lo primero es que esa no era una base dura por eso que se le fue. La base dura siempre ha sido mucho menor, pero había un apoyo. Es lo que llamamos los convencidos pero racionales. Dispuestos a analizar y criticar. Había otro apoyo que era circunstancial. Ese apoyo circunstancial era “mientras yo siento que ellos me pueden dar algo”. En lo que eso desapareció ellos se fueron de allí. El otro apoyo es un apoyo crítico, parte se mantiene, pero con reservas. El apoyo duro del chavismo siempre ha estado alrededor del 15% por ciento. Eso continúa estando allí, pero es un apoyo duro que cada vez tiene más dudas.

Seijas explica como leen ese apoyo y señala que este segmento de la población “siente que es la revolución la que tiene que estar ahí. Ellos también sienten que tiene que ver un cambio, pero que este cambio se debe dar dentro de la misma revolución.

Agrega que “el chavismo desde hace tiempo, cuando perdió la mayoría electoral, cuando sabe que no es competitivo a nivel electoral busca mecanismos para tratar de seguir ganando siendo minoría. Es una de las cosas que ha hecho concentrar su mensaje hacia esa base dura y quizás también hacia la base blanda, pero principalmente hacia la base dura. Es decir, ellos saben que es muy difícil que en estos momentos de crisis vayan a ganar algo más allá, por lo tanto tratan de mantener esa base activa, esa base movilizada y tratan de desactivar al contrario, al rival. Tú puedes tener ventaja de un millón a uno, es decir un millón que quieren votar por ti y uno quiere votar por el otro. Si tu  millón no se presenta y sí se presenta el uno del otro tu rival gana cien a cero.

-¿Qué estimularía al voto en una población que sumamente politizada le da la espalda a la clase política?

-Es muy crítica con la clase política correcto. Aquí hay gente muy fiel al chavismo, hay gente fiel a Henrique Capriles, a Leopoldo López. Ellos tienen sus seguidores, pero esos son minoría. La gran mayoría del país no sigue ninguna marca, ni política, ningún nombre, ningún liderazgo. Siguen un deseo, el deseo de cambio. Lo que está detrás de ese deseo es cambiar sus condiciones de vida. Es recuperar su nivel de vida, recuperar esa seguridad que ellos quieren sentir y ofrecerles a sus familias seguridad alimentaria, salud, etcétera. La gran mayoría lo que está buscando eso. En el momento que siente que alguien lo puede producir, automáticamente lo apoyan. Eso sucedió con Juan Guaidó en el 2019. Allí vieron que alguien podía producir, conducir el país hacia ese cambio y se reflejó en ese apoyo. En la medida que sintieron que ya Juan Guaidó quizás no era la persona que podía conducirlo y una parte se fue retirando de allí. Lo que haría a la gente votar es que la elección tenga algún impacto en sus vidas. Lo podemos llevar a dos planos: uno al nacional que sería un cambio del Ejecutivo que lleve el país a un cambio económico, que lleve a cada familia a mejorar sus condiciones de vida. El otro plano es el local, es decir, esta son más de 360 elecciones, cada una de esas elecciones es una realidad, cada municipio es una realidad. Otra cosa que los puede llevar a votar es sentir que votar puede cambiar su entorno inmediato: el bombillo frente a su casa, los huecos de la calle de su casa, quién le barre la calle, los parques que están en su comunidad. Esa sería un segundo plano. Si se logra transmitir que esto puede tener un impacto eso pude llevar a la gente a votar. Una tercera son las condiciones electorales. Saber que ir a votar es defender su voto que alguien puede defender su voto. Aquí tenemos dos extremos. El que dice que ellos votan sean cual sean las condiciones y otro extremo que dice que para votar tiene que estar en el CNE el Papa, bueno quizás no el papá en este momento.

-¡Digamos San Pedro!

-Sí San Pedro. Tenemos esos dos extremos y en el medio hay todo un degradé de exigencias. En la medida en la que se va recuperando la sensación de que hay una recuperación de condiciones y de garantía se va a ir sumando gente.

-¿Eso se está produciendo en este momento?

-Está empezando a producirse. No sabemos qué tan fuerte o cuánta fuerza pueda tomar, pero hay un porcentaje de personas que saben que hubo un cambio en la directiva del CNE, saben que algunas cosas se están haciendo. Se abrió el registro para inscribirse, se abrió una comisión de exploración para la observación de la Unión Europea, están haciendo una auditoría de máquinas. Este es un porcentaje pequeño, al principio un porcentaje incrédulos.  Ese es otro rasgo del venezolano, hoy en día no les gusta tanto escuchar, les gusta más ver que hay cosas. Algunas personas están empezando a percibir eso. Si realmente continúa en esa dirección una parte de ese espectro se va a ir sumando a la posibilidad de votar, pero adicionalmente le tienes que decir que va a tener un impacto, que realmente eso puede producir una mejora en su entorno inmediato o en el futuro. Esto puede ser parte del trabajo para lograr algún cambio a nivel nacional del Ejecutivo.

-Habla de que son elecciones locales… ¿cómo puede influir abordar las elecciones regionales desde un cambio político completo del país? ¿Puede estimular el voto?

-En este momento no mucho porque las personas saben que la elección es local. Saben que esto no va a producir un cambio inmediato en el Ejecutivo. Lo que hay es que primero transmitir la idea de que esta elección es un paso dentro de muchos que se tienen que dar para llegar al objetivo mayor. Se pueden probar los avances en materia de condiciones y garantías electorales. Aquí los partidos políticos pueden retomar su organización a nivel local y reconectar con sus mismas estructuras y reconectar con la gente. Lo otro es que todo eso puede fortalecer la posición opositora o de los que quieren un cambio en el país. Aquí el gran énfasis se tiene que hacer, por lo menos los candidatos, cada quien trabajando en su comunidad, cada quien trabajando en su ámbito, los candidatos tienen que reforzar mucho esa idea de que sí es mejor tener un alcalde opositor que tener un alcalde oficialista. La mayoría de los estados tiene un ejemplo palpable como el caso de Miranda en municipios como Chacao, El Hatillo, Baruta. Los que vivimos en estos municipios sabemos la ventaja que es tener un alcalde oposición. Esto marca una diferencia.

-Habla de “La comunidad del anillo” opositor de Miranda.

-Sí estamos hablando de también de Los Salias. En todos los estados también ocurre que hay por lo menos un municipio en los que normalmente solía ganar la oposición y en la última elección ganó el chavismo. En estos municipios la gente se ha dado cuenta que sí está marcando una diferencia tener un alcalde de opositor. En estos ámbitos la gente está más entusiasmada en ir a votar porque quiere recuperar lo que tenía, que perfecto no era, pero hay una diferencia. Esos ejemplos son los que tienen que empezar a cabalgar alrededor del país para que los municipios en los que podría tener chance la oposición, ese chance realmente puede terminar completándose.

-Partiendo de esto, la solución a la crisis que presenta el país definitivamente es un tema de mediano y de largo plazo.

-Completamente. Esto lo venimos diciendo de hace mucho tiempo. Por eso no nos gustó nunca el mantra de los tres pasos. Decíamos que para llegar al cese de la usurpación había que dar muchos pasos y decir cuáles son esos pasos para no transmitir una falsa sensación de inmediatez. La oposición está muy débil. La oposición tiene que irse fortaleciendo, pues tú no te puedes subir al ring con alguien que es muchísimo más fuerte que tú y pretender noquearlo. Tienes que ir ganando fuerza, tienes que tratar de cansarlo también. Hay que boxearlo y mientras tú vas agarrando músculo tienes que ir mejorando tu posición para que tengas más posibilidad de actuar. Si tú necesitas una negociación hay que hacerlo, pero hay que fijar las metas dentro de lo racional. No te puedes sentar en una mesa de negociación pretendiendo que va a ganar todos porque tu eres el débil. Tienes que empezar a avanzar poco a poco, mientras fuera de la mesa vas fortaleciendo las cosas que se hacen que en una mesa haya presión. La idea es que esa presión vaya aumentando y vas a ir ganando fuerza. El gran objetivo de la oposición, de las estructuras políticas opositoras tiene que ser no llegar al próximo año en las condiciones que está ahora. No llegar al 2023 en las condiciones que están ahorita y por ningún motivo llegar a 2024 en las condiciones de hoy. Tienen que estar cada vez en mejores condiciones y eso hay que trabajarlo. El cómo vas a estar de aquí a dos o tres años depende de lo que hagas a partir de hoy.

-¿Cómo percibe la gente en los estudios que ustedes tienen el tema de la negociación?

-La gente desea que ocurra y funcione, pero la gente es escéptica sobre si en este momento puede funcionar. La gente sabe la posición de debilidad en la que está la oposición. La gente sabe que un débil si se sienta con alguien que lleva mucha ventaja, poco va a conseguir. Por eso hay que hablar de una manera muy seria porque la gente lo sabe, lo percibe y la gente lo va a entender. Sabe que si tú te sientas en este momento no es que van a dar grandes pasos, es que va a dar unos pasos necesarios iniciales, que va a empezar a mover el balance un poquito diferente a lo que es hoy en día.

De manera reflexiva Felix Seijas indica que “si se hablan en esos términos la gente lo entiende, pero la gente por supuesto que quiere quisiera que lo electoral y el tema de negociación funcionará”.

Asimismo hace una sentencia: “Este es un país muy pacífico y bastante pacífico. Este es un país que prefiere salida pacífica. Esto no quiere decir que no haya una minoría que apueste por la violencia, pero en general este es un país pacífico, un país estable, que lamentablemente ha sido arrastrado hacia la violencia que preferiría que estos mecanismos pacíficos sean los que se impongan”.

-Hay algún escenario en el que se vea un liderazgo emergente que pudiera empezar a entrar en escena y romper con este tema de la polarización y de los actores que se repiten una y otra vez dentro de la discusión política diaria.

-Eso ha sido el trabajo del gobierno: tratar de fomentar eso. De hecho el gobierno se sabe en minoría electoral y el Gobierno ha enfocado sus estrategias en dos pilares. Uno es alejar a la gente de los centros de votación, haciendo ver que ellos lo pueden hacer todo. Ese gran ese gran mito de que ellos ya tienen un resultado a priori. De que ellos pueden hacer lo que les dé la gana en materia electoral, cosa que no es cierta, pero ese ha sido uno de sus trabajos dividir. De esa manera te alejas a la gente del hecho electora. El segundo pilar es dividir a la oposición para que quienes sí vayan a votar estén dispersos y en la dispersión el Gobierno, por supuesto, que tiene mayor chance y ahí es donde tiene ganancias. Por esto salió esa oposición que le llaman “la mesita”. Una oposición prefabricada que es una oposición que está buscando dividir. Igualmente la persecución reciente contra Voluntad Popular de nuevo arroja tachuelas en el camino para hacerte difícil consolidar una posición que te fortalecería, que es esa posición unitaria. En momentos como este el asunto es… ¿Qué tan válido te puedes mostrar ante la población? Me explico. Si la oposición mantuviese su posición unitaria fuerte importante, vamos a poner como ejemplo el 2015, cuando para las elecciones de la Asamblea Nacional, no había una unidad perfecta, total y absoluta porque existían terceros que estaban tratando de posicionar su nombre. El asunto es que si el otro polo, es un polo que se siente fuerte, es un polo que la gente siente como válido como era la Mesa la Unidad Democrática, cuando los partidos políticos se habían reunido en favor de toda la sociedad, con grandes posibilidades de victoria, en ese escenario los terceros prácticamente desaparecen. A esto se le llama la economía del voto. Se llama así porque la apuesta apunta a donde tienes más chance. Apuestas a ganador. El problema en este momento es que esa estructura, esa gran estructura unitaria está débil por muchos motivos. El Gobierno se ha encargado de trabajar para debilitarla. También se han cometido errores dentro de su estructura política, por eso en este momento esos terceros pueden tener un poquito más de relevancia o por lo menos molestan más. Pero si la oposición logra en este tiempo resolver su problema interno mostrar una cara unitaria, mostrar una estructura sólida o que por lo menos tienda a esa solidez, esos terceros pasan a tener menos chance y pasan a prácticamente ser borrados.

-¿Es posible que veamos fenómenos diferenciados de candidaturas unitarias o de propuestas unitarias enfocadas en regiones, en alcaldías en  sectores específicos?

-Creo yo creo que eso va a suceder. Más aún si la oposición, es decir, el G4 y todo lo que le rodea, llegase a pronunciarse por la no participación. Eso va ocurrir sin lugar a dudas como ya ocurrió en las pasadas elecciones municipales del 2017. El caso Caracas, por ejemplo, todo esto fue a pesar de. Eran políticos que pertenecían a la estructura y bueno, se salieron de esas estructuras y siguieron adelante y hoy son un partido. Lo que debería suceder es que la gran oposición, los principales partidos opositores y estas fuerzas regionales locales que han surgido como Fuerza Vecinal en Baruta, lograsen llegar a acuerdos con candidatos unitarios, hablar todos el mismo idioma y nadie ponerle zancadillas a nadie. Si esto llegase a ocurrir por supuesto que hay muchas posibilidades porque son más de 360 elecciones. Hay municipios en los que el chavismo va a ganar pase lo que pase. Hay municipios donde la oposición va a ganar, como Chacao, pase lo que pase. Pero hay otros en que la oposición la tendría bastante fácil si va en unidad. Va a depender nuevo de los pasos correctos.

-¿Qué parte de la población es la que quiere votar? Hay alguna distinción dentro del peso y la disposición en cada uno de los segmentos de la población?

-Este es un país cuya pirámide empezó a aplanarse. Son muchos los jóvenes que se han ido. Algunas personas han usado la expresión de un país de abuelitos que cuida casas. Muchos jóvenes se han ido entonces y esto ha hecho disminuir las edades entre 18 y 35 años y ha aumentado la de 35 y más. Ahora tradicionalmente los más jóvenes son los que menos están dispuestos están a ir a votar. Esto se ha acentuado. Es decir los jóvenes confían menos. Hay que ver que muchachos de 18, 19, 20 años no vivieron la democracia. Ese muchacho nació en este siglo. Ese muchacho escucha lo que le cuentan. ¡Claro! Está en las redes, es otra época. Esta no es la Cuba de los sesenta pues en este momento la gente sabe lo que hay en otras partes, saben que esas cosas existen, pero ellos no lo han vivido. Entonces lo que encontramos en los estudios es que estos muchachos sienten como una utopía eso de que en Venezuela puede haber democracia. Sienten como que es algo inalcanzable. Estoy hablando de la mayoría no de todos por supuesto. Si mezclamos eso con que hay un segmento de edad en que la gente tradicionalmente hay menos disposición a votar, con toda seguridad ellos son los que más se van a abstener. Ellos tienen un peso electoral importante y el asunto es que la mayoría no se va a pronunciar, es decir, la mayoría no va a acudir. Habría que hacer un trabajo, no es que no pueda suceder o que es imposible que suceda, pero hay que hacer un trabajo importante para animarlos. Hay algunas organizaciones que lo están haciendo. Voto Joven y varias organizaciones están trabajando para cambiar esta situación, pero hasta el momento pinta de esa manera..

-¿Cuánto es la disposición a votar? Cuánto pesaría en la participación si por ejemplo organizaciones como el G4 o los partidos que integran y su periferia llamen a votar. ¿Eso tiene un peso específico importante o no es lo suficientemente relevante como para estimular la participación?

-Es fundamental. Es importantísimo. Hay un sector que escucha lo que el G4 dice. Hay un sector de la población que, comulgue o no con ese liderazgo, si siente esa fuerza, ese empuje se estimula. Si las principales organizaciones políticas dicen que no van a participar automáticamente la gente, les guste o no estás organizaciones políticas, pero quieren votar en contra del chavismo, sienten que al no haber nadie cuidando el voto baja la guardia, es decir, sí es importante ese pronunciamiento. Tú no puedes estar cerca de nivel de votación del chavismo. Tú tienes que alejarte bastante porque el chavismo no puede hacer todo, pero puede hacer muchas cosas. Tienes que estar lejos del rango de tiro de lo que legalmente puede hacer el chavismo, del manejo que pueda tener. Si logras ponerte más lejos de ese rango de tiro como sucedió en Zulia en 2017, en Táchira, en Anzoátegui, Nueva Esparta, vas a salir librado. Todo porcentaje que sume es importante. Es importante el pronunciamiento del G4 por dos motivos: primero va a sumar una cantidad de población al voto y segundo daría en una sensación de una estructura importante que se está moviendo y que se está moviendo en función de algo y entonces aplica la economía del voto y puede empezar a funcionar y esas otras oposiciones que han salido pueden terminar debilitándose gracias a la existencia de ese polo fuerte que atraiga ese voto y cada voto cuenta.

-De cara a la disposición a votar… ¿de cuánto porcentaje estamos hablando?

-Alrededor de un 40%.

-¿Y si el G4 se suma cuanto pesa sobre ese 40%?

-Estaría entre 55% y 60% la disposición a votar.

-Es decir que ese 40% crecería cerca de 15 puntos porcentuales, que no es poco.

-No es poco. Es importantísimo. En muchos municipios puede ser lo que se necesite para ponerte fuera del rango de tiro del chavismo.