El dirigente del partido del gallo rojo hizo un profundo análisis de lo que debe ser la visión de la dirigencia comunista en Venezuela e invitó a la reflexión a toda la militancia en esta situación de crisis

La situación política y económica de Venezuela es vista desde muchas perspectivas, y son muchos los análisis que hablan del rumbo que ha tomado el país y del que debería tomar.

Sin lugar a dudas la polarización sigue siendo protagonista en la vida política de la nación, y las divisiones parecen favorecer a determinadas élites que se encuentran alejadas de la realidad.

Pero fuera de las élites siguen haciendo vida los partidos que tienen su propio punto de vista y una postura crítica ante la actual situación como es el caso del PCV.

En torno a esta realidad, Contrapunto contactó a Carlos Aquino, analista político, exmiembro del Buró Político del PCV, miembro del Comité Central del PCV desde hace más de 15 años, militante comunista durante más de 20 años y luchador revolucionario por más de tres décadas.

Aquino dio un análisis profundo sobre lo que considera deben ser las perspectivas de la militancia y dirigencia comunista en Venezuela. ¿Cuáles son sus retos y desafíos? Así como el rol que deben jugar en estos tiempos.

¿Cuáles son los retos de la militancia y la dirigencia del Partido Comunista en este 2022?

Actualmente, el principal reto de la militancia comunista de base y de los dirigentes honestos, es tener claridad de que nos enfrentamos a una disyuntiva histórica en la que cada quien debe tomar partido por una de dos opciones, ya que de ello depende recuperar o no la esencia proletaria y revolucionaria del PCV.

Una opción es seguir sosteniendo a la corriente chavista entronizada en la dirección del PCV, que por más de 20 años, de manera cómplice y seguidista, ha impuesto como referentes la figura, los enfoques y la gestión de Hugo Chávez, su reformista “revolución bolivariana” y el diversionista “proyecto político estratégico” que levantó.

La otra opción es iniciar la reconstrucción revolucionaria del PCV, mediante el desarrollo de una profunda y descarnada autocrítica acerca del papel indigno y antihistórico que hemos hecho jugar al partido durante más de dos décadas; asumiendo sin temores un verdadero y efectivo deslinde frente a “el legado” chavista” y aplicando los cambios requeridos en nuestra política y una consecuente depuración de los organismos de dirección.

El 16° Congreso del PCV, que estatutariamente correspondía realizarse el año pasado y que de forma artera prorrogaron para este 2022, debería ser el escenario idóneo para definir esta vital disyuntiva y resolver el reto principal que tenemos por delante.

¿Dónde quedó el socialismo en este gobierno?

Hay tres aspectos medulares que deben tenerse claros: Por una parte, la naturaleza prepotente de Hugo Chávez y su elevado envanecimiento, complejo de superioridad e inflado ego –que crecieron hasta sobrepasar las fronteras de la megalomanía y el bonapartismo, fueron el caldo de cultivo para que vociferara un supuestamente novedoso y autóctono “socialismo del siglo XXI” o “socialismo bolivariano”, versión reciclada del igualmente embaucador “socialismo nacional” del nasserismo egipcio, primero, y del peronismo argentino, después.

Por otra parte, el supuesto “socialismo” de Chávez lo era sólo en el título y en la retórica, ya que se basaba en una política asistencialista con capitalismo de Estado –en sintonía con postulados reformistas de la “Internacional Socialista”– y no en la transformación revolucionaria de la base económica y política de la sociedad –como propugnamos los comunistas–.

Y, finalmente, con vergüenza hay que reconocer que las posiciones y el accionar del PCV y de muchas otras organizaciones del movimiento comunista internacional, a lo largo de los últimos cuatro lustros, han servido para la legitimación obrero-popular de ese “progresismo” socialdemócrata con disfraz de revolucionario y de socialista, contribuyendo a la confusión y distracción de las masas trabajadoras de Venezuela y Latinoamérica, alejándolas de sus reales intereses de clase e históricos objetivos de lucha.

Durante los finales 40 años de la mal llamada “cuarta República”, los 14 años de la presidencia de Chávez y los casi nueve años de Maduro, Venezuela ha tenido invariablemente un sistema capitalista de democracia burguesa. Por ende, el uso y abuso de los términos “Revolución” y “Socialismo” por parte de Chávez y del chavismo en general, únicamente ha servido para el desprestigio de esos conceptos y la tergiversación de su verdadero significado.

¿Qué aporte ideológico puede dar el PCV en estos tiempos para el desarrollo del país?

En el colectivo comunista hay infinidad de vivencias y conocimientos que deben ser analizados, sistematizados y sintetizados, para extraer esa experiencia y las lecciones que se desprendan de ella. Pero esto aún es una tarea pendiente.

Sin embargo, de antemano se puede afirmar que un componente central para el desarrollo de nuestro país, a corto y mediano plazo, es el de superar la ficticia e interesada polarización “chavistas-antichavistas”, dado que no refleja las verdaderas contradicciones de la sociedad venezolana sino las aspiraciones oportunistas de unos grupúsculos cada vez más aislados.

El pueblo venezolano, por más de dos décadas, ha sido sometido al bombardeo desideologizador tanto del chavismo gobernante –con su demagogia patriotera y populista– como de la oposición de derecha –con su farisaica unidad nacional y democrática–, pretendiendo esconder que en verdad ha significado el enfrentamiento entre dos sectores de la burguesía.

El “progresismo” chavista y el sector socialdemócrata de la oposición, son ramas distintas de un mismo árbol esencialmente reaccionario y reformista, por ende, más tarde o más temprano, perjudiciales para los intereses populares.

Un genuino y realista proyecto de recuperación del país, en lo inmediato, requerirá de hombres y mujeres honestos, trabajadores, valiosos y patriotas –que hay tanto entre muchos de quienes apoyan al gobierno chavista como entre de quienes se le oponen–, para defender la autodeterminación y aplicar una política económica productiva y de soberanía, previendo con honestidad y transparencia la necesidad de capitales, tecnologías y mercados.

¿Cómo calificaría el rumbo que transita Venezuela actualmente?

La política económica que impuso Chávez hace poco más de 15 años, se caracterizaba por ser caprichosa, derrochadora, improductiva, controladora, incompetente, clientelar e improvisada, costeable solamente con ingentes ingresos de petrodólares.

En esa irresponsable y suicida práctica se encuentra la razón de la quiebra económica y moral de Venezuela, y que fuésemos uno de los poquísimos países de todo el planeta que no sólo no se recuperó tras la crisis mundial de 2008 sino también en el que progresivamente se agudizó la depauperación de las más elementales condiciones de vida de la población.

Hace justo un lustro la situación económica tocó fondo, cuando sufrimos lo que sin exageración muchos estudiosos califican como hambruna y que contextualizó el fenómeno –desconocido hasta ese momento en nuestro país– de la masiva emigración de venezolanos jóvenes, trabajadores y profesionales.

Las medidas aplicadas por el Gobierno, para liberalizar los demagógicos y perjudiciales controles cambiario y de precios –implementados por Chávez–, han ayudado en los últimos tres años a una relativa estabilidad de los índices macroeconómicos, y a un mejoramiento de la oferta y del acceso a bienes y servicios, junto a la dolarización de facto del comercio y las transacciones mercantiles. Pero la “mejoría” ha sido sólo para pasar de una calidad de vida infrahumana a un nivel aún por debajo de la línea de pobreza.

Además, una característica intrínseca del chavismo es la concepción cuartelaria de exigir una subordinación dócil y acrítica al “ordeno y mando” del jefe, herencia de la vocación y la práctica autoritaria que en Chávez, especialmente durante la segunda mitad de su gestión presidencial, fue cada vez más patente.

De ahí que, naturalmente, en la medida en que se evidencia el inevitable desgaste de la influencia del proyecto chavista y peligra su hegemonía, los jerarcas del Gobierno-PSUV utilizan sin prurito los poderes del Estado –que coparon hace más de tres lustros–, para intentar seguir imponiendo su voluntad. Pero ya hay señales de que el pueblo empezó a decir: “¡Basta!”.

¿Qué se necesita para enrumbar al país?

Nuestro país, así como la izquierda venezolana, se encuentra en un laberinto cuya salida no se conseguirá en ninguna de las fórmulas que hemos experimentado antes ni durante nuestra vida republicana.

En concreto, las gestiones gubernamentales del “bipartidismo” adeco-copeyano y del período chavista, aunque tuvieron varios aspectos políticos y sociales que pueden considerarse positivos, no constituyen los referentes para el futuro de Venezuela, especialmente en lo que atañe a la política económica, ya que debe dejarse atrás el modelo rentista, extractivista e importador, para enfocarse en la reactivación productiva de bienes y servicios, así como en el impulso de grandes industrias agroalimentarias y manufactureras.

Como es lógico, quienes tenemos conciencia de clase y nos guiamos por el marxismo-leninismo, defendemos integralmente los intereses del pueblo trabajador, luchando por el histórico objetivo comunista y el fortalecimiento del PCV. Consecuencialmente, entendemos que el auténtico rumbo para resolver las contradicciones propias de la sociedad capitalista en favor de las necesidades de las mayorías trabajadoras, es mediante una verdadera revolución proletaria y popular.