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viernes, 21 junio, 2024
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Jesús Vásquez: En Venezuela el servicio público «regalado» dejó el aprendizaje de que es más caro si no lo tienes

Texto, fotos y videos: Vanessa Davies

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«Así como se arraigó en el venezolano el tener que estudiar para superarse, creo que se va a arraigar en el venezolano «tienes que pagar los servicios para poder tenerlos», subraya el gerente de Monitor Ciudad

Si el servicio eléctrico recibiera una calificación de la ciudadanía seguramente saldría «raspado». La puntuación, para el gas, a lo mejor llegaría a 15. El agua, a 10. Y la gasolina subiría a poco más de 10. El estudio más reciente de Monitor Ciudad y Ciudadanía sin límites revela que la electricidad es el servicio público peor valorado, y el gas, el mejor apreciado. Y visibiliza otras cosas. Por ejemplo, que hoy hay más voluntad de pagar por los servicios públicos y que el esquema mixto (privado-público) sería el preferido.

«Estamos evaluando agua, electricidad, gas y gasolina», precisa Jesús Vásquez, gerente de Monitor Ciudad. Siete de cada 10 personas afirman que el servicio eléctrico es muy malo, «y la mitad de ellos dijeron que se quedan sin servicio una o dos veces al día». Ocho de cada 10 reportan que han perdido uno o dos electrodomésticos en los últimos cinco años. Un 50% de los usuarios del servicio de agua consideran que funciona mal.

La percepción sobre el gas mejora, posiblemente, porque la ciudadanía está pagando por la distribución: «El transporte hay que pagarlo, lo que es privado es el transporte de gas. Está actuando el emprendimiento privado, son los particulares».

La encuesta permite entender «que la gente está pensando un poco más que los servicios públicos, si no se pagan, se deterioran, y al final terminan costando más», explica Vásquez. Por reportes ciudadanos sabe que se pueden pagar 25 bolívares por bombona, «y si en el vehículo se trasladan 200 unidades, son 130 dólares por un viaje».

La mitad de los encuestados que usan combustible recurren a las estaciones de servicio que la ofrecen a precio internacional. «La gasolina necesitas para moverte», recuerda. Un 22% piensa que debería eliminarse el subsidio para la gasolina, y una tercera parte considera que debe mantenerse. El país parece estar dividido en tres pedazos en relación con los servicios».

En agua y electricidad «hay menos personas dispuestas a apoyar el control absoluto del Estado», indica, «porque estos son los servicios peor valorados». Hay apertura hacia el manejo privado, o mixto.

Los privados en el petróleo son un tema casi tabú. Sin embargo, 80% de los consultados afirman que sería beneficioso que las empresas privadas participen en el negocio petrolero, destaca Vásquez. Históricamente ha habido una división entre quienes piensan que el modelo debe ser privado, y quienes alegan que es el Estado el que debe ocuparse. Mas hoy, en los hechos, la gente sabe que «una parte importante de la producción petrolera que está generando Pdvsa parte de empresas internacionales, como Chevron. Claro que hay, también, un cambio en el discurso, donde se reconoce el importante aporte de estas empresas internacionales en el negocio petrolero. Creo que eso está incidiendo en que la gente valore positivamente los esquemas mixtos, con Estado y empresa privada como aliados».

Es que, razona, «la evidencia ha sido contundente: no puedes controlar el Estado completamente, y pensar que el mercado es el enemigo, sino pensar que el mercado ayuda a que se regulen varias cosas». El gas es un ejemplo, porque «al resolver el problema del transporte con la contratación de servicios privados, mejoró la distribución». Igual sucede con la gasolina, porque «al haber mayor cobro por el servicio, al final mejora el servicio, se consigue con más regularidad».

En general, para los servicios evaluados, 82% respalda un esquema mixto para los servicios públicos. Los encuestados que no dependen del Estado defienden un modelo mixto o solo la participación privada. «En cambio, los que tienen alta dependencia» tienen otra visión sobre la participación estatal. En otras palabras, existe una relación entre la dependencia del Estado y la idea de que el Estado es el que debe gestionar los servicios.

La edad marca la diferencia. Solo 11% de los jóvenes piensa en el Estado como el gran controlador de los servicios públicos. El resto, apunta Vásquez, se inclina por el mixto o el privado. «A más edad, más a favor de la participación del Estado» en esa gestión.

«Garantizar agua o electricidad como un derecho no depende del modelo que elijas; lo que te garantiza agua y energía para todos los ciudadanos son unos modelos de gestión en los que el Estado debe acompañar las fallas del mercado», argumenta. «Por ejemplo, como Estado ayudas a que una comunidad vulnerable reciba el agua potable, porque un privado no va a tener los incentivos para que las personas que no puedan pagar disfruten del servicio».

Para Jesús Vásquez hay «lecciones aprendidas» aunque «es muy popular decir que los servicios públicos serán regalados: eso siempre va a estar allí presente, aparece en todas partes de Latinoamérica». El tema clave «para mantener los servicios públicos a bajo costo, para que todo el mundo pueda tener acceso a ellos, es tener una buena gestión, y tener una gestión que se mantenga en el tiempo. Esa ha sido, para mí, la clave del éxito que ha llevado a que las empresas de servicios básicos esenciales puedan tener una continuidad en el servicio, y que la gerencia no esté atada a la agenda política del momento: eso es lo más sano».

-¿Qué aprendizaje nos ha dejado el servicio público «regalado»?

-Que es más caro cuando no tienes el servicio. Cuando tienes que comprar agua embotellada, o agua por cisterna, no hablamos de un servicio regalado: hablamos de un servicio sumamente caro y de mala calidad. Cuando se te daña la nevera o el televisor, el costo de reponerlo es mucho más alto que pagar una tarifa mensual de electricidad. Así como se arraigó en el venezolano el tener que estudiar para superarse, creo que se va a arraigar en el venezolano «tienes que pagar los servicios para poder tenerlos».

En la Venezuela de hoy «hay gente que no sabe cuánto paga, porque el cobro es deficiente o porque no está interesada en pagar», puntualiza. Si se saca el internet «las personas pueden pagarle al Estado unos 10 dólares mensuales por servicios», pero por las otras vías se cancela mucho más. Un habitante de Caracas puede pagar entre 60 y 80 dólares al mes para poder tener agua. Un residente en el interior del país puede verse obligado a comprar una planta, el combustible que la alimente. «Si estamos observando que a 50% de la población se le dañó un aparato eléctrico en los últimos cinco años, hay que sumar el costo de reponerlo» o, siquiera, el servicio de revisión (10 dólares en otros estados, 20 dólares en Caracas). Esos son «los montos invisibles que están detrás de las tarifas regaladas y de los malos servicios».

Esta encuesta pone en la discusión nacional el rol del Estado y el rol del sector privado. También, otros elementos. «Hay que tener seguridad jurídica para que haya inversión privada; esa es una condición indispensable».

-¿Lo que tenemos es suficiente o necesitamos más?

-No es suficiente. Las empresas que están invirtiendo en el negocio petrolero, por ejemplo, no están invirtiendo para producir más, sino lo mínimo para recuperar su inversión. Si tuviésemos seguridad jurídica invertirían para aumentar la producción.

Las sanciones por supuesto que afectan, y no solo por el cumplimiento de las normas asociadas, sino por el sobrecumplimiento, plantea Vásquez. «Tienes un sobrecosto porque debes pensar en un departamento de compliance, cómo cumples con la legislacón, pero al final, la norma es la misma para todos. Hay gente que decide sobrecumplir para evitar ser sancionado, y eso es lo que nos está generando un costo adicional de arranque en la economía venezolana. En el negocio petrolero no todo es Shell o Chevron; tienes empresas de servicios, y esas son las que tienen los costos más altos para ingresar en un mercado debido al tema de las sanciones. El tema es el acceso a los mercados, pero el mundo hoy necesita energía».

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