Cojedes quiere enamorar con mangos, cascadas, el WhatsApp antiguo y un bosque tricolor donde antes había un basurero

Este estado es mucho más que agricultura. La entidad ofrece planes para el descanso y el esparcimiento a quienes ya no pueden visitar La Guaira debido a los terremotos / Texto y fotos: Vanessa Davies

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La invitación en realidad comenzó durante una cena por el Día del Periodista que se había pospuesto por los terremotos del 24 de junio. Durante el encuentro, Saralilian Lizarraga, una de las mujeres mejor dateadas del país, hizo una convocatoria que nadie pudo resistir: conocer los atractivos turísticos de Cojedes. «¿Cojedes?», preguntaron varias personas. Porque Cojedes es un puente entre Carabobo y Portuguesa en el largo camino a los Andes. Pero Sara no retrocedió. «Tenemos cascadas azules y sitios maravillosos», afirmó. «Los van a conocer, porque vamos a organizar un viaje para periodistas».

Y así llegamos al viernes 21 de agosto, cuando antes de las 5:00 pm la buseta partió de Plaza Venezuela rumbo a Tinaquillo.

Parecía absurdo pensar en turismo y cascadas a solo dos meses de una tragedia como la de los terremotos del 24 de junio. Sin embargo, el país es ancho, y hay espacio para quienes lloran a sus seres queridos y para quienes necesitan seguir adelante. Como lo comentó Lizarraga en algún momento, Cojedes quiere captar a los turistas que no tienen el desahogo que representaba La Guaira.

La Estancia Los Manantiales, propiedad de Arnaldo Ramos, es el alojamiento elegido en esta ocasión. Como lo contó Ramos, lo que comenzó como un espacio para el disfrute familiar se convirtió en un lugar donde te puedes bañar en agua sin químicos (tiene una biopiscina), sentarte al lado de Juan Hilario (el hombre a quien El Silbón espanta) y compartir una experiencia muy criolla.

La recepción, en la noche del viernes, es con el joropo del grupo Juventud, Danza y Tradiciones.

Árboles para el mundo

Nadie que pase por Cojedes pensaría que, más allá de la troncal por la que se transita hacia estados como Portuguesa, hay cascadas y sierra; y que, en ella, los guardianes de la carretera se encargan de garantizar que una sorpresa con el vehículo pueda ser resuelta con seguridad. Henry Márquez, director de operaciones de Guardianes de Carretera, detalla que en dos años ha atendido unas 15 mil contingencias; rotura de correas es una de las más comunes.

«Este es un servicio totalmente gratuito», resalta. «Más de 30 mil personas se han beneficiado del programa» en los nueve municipios. ¿En qué consiste? «Es una patrulla con tres personas: el conductor, que es el técnico mecánico; una promotora, que hace el primer contacto con los usuarios para darles agua, wifi y lo que necesitan; y el funcionario policial, que da la seguridad». Se incluye el servicio de grúa y de ambulancias. «Somos 480 personas en todo el estado. El servicio se presta a todo el que transita por aquí».

Tampoco se sabe, en ese paso a toda velocidad, del Bosque Tricolor, un lugar donde mil árboles ocupan el espacio en el que antes solo había basura. «Nuestra meta es llegar a 20 mil árboles», explica Galíndez. Son 200 hectáreas de oxígeno. «Esto ha sido de a poquito», refiere el mandatario. «No era nada más rescatar el vertedero; era convertirlo en algo distinto».

El tricolor lo dan el araguaney, el flamboyán y la jacaranda. «Yo aspiro a que este bosque tenga por lo menos 100 hectáreas, y en un pequeño espacio vamos a tener el relleno sanitario. Porque el relleno sanitario no necesita tanto terreno; lo que necesita es orden y organización». Este proyecto se ha replicado en el Bosque de La Juventud, que tiene 15 hectáreas. «Este ha sido un proceso de reciclaje, el dinero que poco a poco vamos recibiendo. Estamos demostrándole a la gente que cada vez podemos hacerlo mejor».

El grupo de periodistas sembró el árbol 1001, un araguaney, como un recuerdo de la visita.

Otro servicio que los caraqueños tal vez no conocen es el de atención médica primaria: seis sedes que atienden en promedio a 30 personas cada día, como lo detalla Adriana Galíndez, presidenta de la Fundación 0800.

«Soy el único gobernador de oposición y me toca demostrar que se puede», expresó el mandatario regional.

Su propuesta, a escala nacional, es convertir a Tnaquillo en la Ciudad de las Américas, como parte de un proceso de desconcentración urbana. «Queremos que la gente piense en una calidad de vida distinta».

Un prócer y mucha agua

Este esfuerzo de Cojedes por mostrar sus bellezas -en la ruta organizada para este fam trip- comienza en el municipio Anzoátegui. Sí, Anzoátegui en Cojedes. Porque el prócer oriental José Antonio Anzoátegui tiene una historia cojedeña que el cronista municipal, Amado Herrera, se encarga de desmenuzar mientras la buseta avanza montaña arriba. El 2 de mayo de 1818, rememora, se desarrolló la Batalla de Cojedes, y muchos años después se quiso honrar al barcelonés.

Dos atracciones de agua se prodigan en el parque nacional general Manuel Rangel. Son El Chorrerón y La Llovizna, como lo detalla Lohadigse «Loa» Terán, guía de la Corporación de Turismo de Cojedes y emprendedora de Vive La Naturaleza. «En La Llovizna todo el año llueve», agrega. «Es una experiencia renovadora», con una caída de agua de más de 60 metros. Loa parece que tuviera un 4X4 en las piernas, que se agarra al camino a como dé lugar.

Los chorros de agua fría y transparente son una terapia que se puede disfrutar en este Anzoátegui de Cojedes en el que el contacto con la naturaleza es una renovación.

«Tenemos paraísos que ustedes no se imaginan. El agua es blanca», promete Loa. En Cojedes «nos especializamos en las rutas de montaña», con cuevas, pozos «con agua pura de manantial». ¿Por qué ir a Cojedes? «Porque te ofrece paraísos casi vírgenes», defiende.

Del agua cojedeña tiene una historia Karina Coello, presidenta de la Corporación de Turismo de Cojedes y la gran anfitriona en estos recorridos: una hormiguita que trabaja para que todo salga bien, para que la gente goce y para que su estado brille. Coello se mete bajo el agua (porque la mejor prédica es el ejemplo) y da paso a la historia: una mujer de más de 100 años de edad, que vivía en la sierra, les recomendó alguna vez que pusieran las manos en las rocas y dejaran allí todo lo que querían soltar para que el agua se lo llevara. Tienen energía, afirma Coello, una bióloga que ha convertido el turismo en su pasión.

El agua de montaña revive y su memoria acompaña el regreso. Como Cojedes es un estado de sorpresas, cerca de la redoma del mango hay un catálogo de productos elaborados a base de esta fruta. Los artistas de la alquimia son Mireya y Lenín, que sacan harina y producen vino con la pulpa, preparan pie y galletas. Al mango se le aprovecha todo, destaca Mireya: «Desde la raíz hasta las hojas».

Después de escucharla, parece lógico que esta fruta tenga su propio monumento, erguido en la noche y en el día, con su justificación al pie.

En Moringa, el restaurante de la gobernación, conviven un vivero y espacios cerrados, música en vivo y voluntad de pasar un buen rato. Sin duda, es un destino al que no se debe faltar.

Comienzo verde

Rodar hacia Macapo es encontrarse con montañas y mucho verde. Es el municipio Lima Blanco, donde hay atractivos como El parador del ciclista, que es «una parada emblemática», destaca el director de turismo de la localidad, Christian Quero. «Se siente un agradable clima», señala. El municipio desarrolla rutas como el cerro El Palmarejo y Las mesas de Vallecito. «Es, sobre todo, ruta de montaña. Ahora nos visitan grupos de Enduro, y grupos de senderismo que visitan nuestros cerros».

También hay tradiciones, como el parrandón y el pan de horno, que hacen que valga la pena acercarse hasta Lima Blanco.

El alcalde, José Antonio Solórzano, y su equipo, reciben a los visitantes con joropo horconado y desayuno criollo (carne mechada preparada por la primera dama del municipio). La agrupación Tradición y Pueblo muestra cómo se baila el joropo trancado. Y no deja de sorprender el sonido del violín, instrumento que no falta en este lugar donde el turista no lo espera.

Entre Demetrio Silva y la leche de cabra

Ya en San Carlos, Miletza Rodríguez, directora de artes plásticas del Instituto Regional de Cultura, guía el recorrido por la exposición dedicada al artista cojedeño Demetrio Silva, que se muestra en el complejo cultural Mauricio Pérez Lazo. Silva es patrimonio de Cojedes, «un hombre que le ha dado mucho a este estado», reivindica Rodríguez. «Trabaja con materiales orgánicos, pigmentos naturales; arcilla, piedra y madera son los protagonistas de su obra».

Cojedes «tiene muchos valores culturales», porque no solo es un estado agrícola, insiste. «Tenemos poetas, artistas plásticos, músicos».

En el Museo Casa La Blanquera su directora, Elsy Herrera, resalta lo que registran las anécdotas: que en esta casa el Libertador Simón Bolívar planificó algunos detalles de la Batalla de Carabobo. Da la bienvenida la cantante María Gabriela Núñez, que ganó el festival de la Primera Feria del Mango realizado en 1994 con la canción «El pueblo de los frutos de oro», compuesta por la escritora Magdalena Gómez.

Herrera cuenta que en la construcción de La Blanquera no se usaron cementos ni bloques, «sino arcilla y barro, y la viscosidad se lograba usando leche de cabra». Posiblemente esa leche «se usó en todas las casas coloniales». En uno de los salones se guardan cubiertos y otros objetos. «Visitar La Blanquera es visitar la historia. De la Guerra Federal tenemos estribos, máuser y bayonetas».

San Carlos Borromeo y el WhatsApp del siglo XVIII

El padre Enrique Loreto, director del Museo Diocesano de San Carlos, en Cojedes, comienza el recorrido por este lugar con una oración por las víctimas de los terremotos del 24 de junio. «A quienes murieron víctimas del terremoto concédeles, señor, el descanso eterno», solicitó Loreto.

Después, comienza el recorrido por el Museo Diocesano, donde se encuentran imágenes como una figura en madera de San Francisco de Asís, probablemente del siglo XVIII. Hay una imagen de San Carlos Borromeo en óleo sobre tabla, de autor desconocido.

El guía, Víctor Torres, reconstruye el arribo de las imágenes a Venezuela. También habla sobre las campanas, y sostiene que eran el WhatsApp de la época: son de 1728, 1780, 1856. Y expone que esa imagen de Carlos Borromeo, muy deteriorada, necesita apoyo de muchas voluntades para completar los 2.800 dólares necesarios para restaurarla. «Esperamos, en el nombre de dios, poder recuperarla», refiere el padre Loreto. Cojedes parece que todo lo puede. Hasta sumar ánimos opuestos.

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