El economista llama la atención sobre los acercamientos que ha tenido el Ejecutivo con el sector empresarial y sostiene que debe sumarse a ese espacio la presencia de los trabajadores.

Andrés Giussepe propone un cambio en la política monetaria para evitar la erosión que causa a la moneda nacional el movimiento del dólar paralelo al bolívar.

“Es en el sistema cambiario donde realmente surgen los principales problemas de nuestra economía”, sostiene el especialista al analizar las implicaciones de la reconversión monetaria.

-¿Qué le falta?

-A la nueva expresión monetaria del Bolívar como la llama el Gobierno, no le falta nada, porque era necesario descontar los seis dígitos al valor de los precios de la economía. Una medida que sólo buscaba en el plano operativo y contable una mayor eficiencia en el sistema de pagos, en las operaciones comerciales y en el cálculo de todas las transacciones económicas, así como los registros contables. Ese es el alcance de una medida de “reconversión monetaria” como la tomada por el gobierno, necesaria debido a la continua y perjudicial economía inflacionaria que padecemos, que ha generado mayor desigualdad en nuestra población.

-¿Qué le sobra?

-El Gobierno revolucionario de Nicolás Maduro ha insistido, que con la nueva expresión monetaria se busca preservar nuestra moneda nacional, protegerla, dar impulso, mejorar las transacciones y facilitar los medios de pagos electrónicos. Son estrategias que pueden alcanzarse sólo si se aplica una concertación nacional para la aplicación de un Plan Antiinflacionario. Creo que la influencia de la devaluación del dólar paralelo, que busca la desestabilización política y la afectación de nuestra economía, seguirá mellando el valor o poder de compra del bolívar hasta que no se logre una verdadera concertación nacional antiinflacionaria.

¿Cuáles serían las tres medidas fundamentales de un Plan Antiinflacionario?

-Un plan antiinflacionario en una economía abierta y no perturbada por agentes externos se aplica para contener las expectativas negativas y desconfianzas existentes por los actores económicos que se reflejan en el comportamiento de los precios de los bienes y servicios.

Andrés Giussepe hace la salvedad que Venezuela se encuentra en una situación especial porque es perturbada por factores que no tienen que ver con los fundamentos de la economía.

“En el caso de la economía venezolana, que sigue estando perturbada por factores externos como el bloqueo económico, las medidas coercitivas unilaterales que impiden el libre comercio a nivel mundial, que presenta un mercado de divisas paralelo que permanentemente vive devaluando la moneda y que referencia el comportamiento de los actores en cuanto al cálculo de costos y la fijación de precios, que ha generado un colapso en las expectativas inflacionarias, la aplicación de un plan antiinflacionario no tendría resultados inmediatos”, sostiene el economista.

Agrega que la aplicación de un Plan Antiinflacionario en Venezuela requiere de “una concertación nacional entre el Gobierno, empresarios y trabajadores.  La Mesa de Negociación de México es el escenario ideal para contener el avance de la inflación en Venezuela, cuyo elemento perturbador son las expectativas que provienen del mundo político, de las descoordinación entre los actores de la sociedad política nacional. Debe venir de una concertación política, ex-antes, que sería un plan que destruya  las expectativas inflacionarias, incluso, que considere un frente de negociación salarial, y por qué no, de indexación salarial”.

“Lo que hemos visto son concertaciones, o una especie de tregua, entre el Gobierno, algunos gremios empresariales de izquierda, de derecha como Fedecámaras y banqueros, que acuerdan bajas de aranceles, liberación de regulaciones comerciales, créditos indexados, pero se ha dejado relegado a los consumidores-trabajadores, que realmente son los que padecen la inflación generada por las continuas devaluaciones del bolívar con respecto al dólar, en el marco de una economía que ha tendido a la dolarización en el mercado de bienes y servicios”, sentencia Giussepe.

El analista insiste en que a la “concertación entre el Gobierno revolucionario, los políticos de derecha y los empresarios agremiados, le hace falta representantes de los trabajadores que velen por la recuperación de todo el terreno perdido en el salario en los últimos ocho años, cuando en 2013 un salario mínimo estaba por el orden de los 180 dólares mensuales y hoy día ronda por los 3 dólares. Incluyendo el tema de los salarios en la Mesa de Negociación de México, se podría comenzar a descontar las expectativas negativas y la incertidumbre generadas desde el mundo político, ese sería un paso previo y necesario para para elaborar un Plan Antiinflacionario en Venezuela”.

-¿Llegó la hora de una reforma monetaria?

-No es necesaria una reforma monetaria per se, es decir, que se tenga que establecer una nueva unidad monetaria en Venezuela, eso implicaría un cambio en la Constitución, porque en ella se establece que la moneda oficial es el bolívar. Asimismo, no creo necesario que al Banco Central de Venezuela se les quite cualquier tipo de vigilancia por el gobierno, o que la política monetaria se rija por los intereses del sistema bancario privado.

Agrega el economista que “la tendencia mundial es ir a la digitalización del sistema de pago nacional, por eso estoy de acuerdo con ir a lo que el Gobierno llama una economía 100% digital, pero respetando los principios que rigen la macroeconomía y el respeto de los protocolos internacionales que recomiendan para el buen uso de las emisiones o inyecciones de dinero a la economía”.

“Debe haber una reforma en la política cambiaria, porque aún continua la crisis en el mercado cambiario, debido a que aún el dólar paralelo sigue siendo utilizado por los actores del mercado de bienes y servicios para sacar cuentas y fijar precios.  Es en el sistema cambiario donde realmente surgen los principales problemas de nuestra economía en los últimos años, y allí es donde deben pensarse nuevas alternativas para detener la voracidad y la velocidad con que la devaluación destruye al valor del bolívar o todo los que se referencie en bolívares como es el caso del salario”, dijo Andrés Giussepe.

Finalmente reitera su propuesta de ”aplicar la indexación del salario mínimo semanal con un sistema cambiario complementario, es decir, donde se permita la libre circulación de diversas divisas en nuestra economía distintas al dólar y al euro,  cuya oferta esté relacionada con el nivel o proporción de nuestro comercio exterior”.