La escasez de combustible ya pisa las calles de Caracas. Las largas colas que forman parte del día a día de los propietarios de vehículos en el interior del país ahora le golpea en la cara al consumidor capitalino

La semana pasada se cumplieron tres meses de la decisión del Gobierno de Nicolás maduro de aumentar la gasolina colocando el precio en Bs 5.000 a la gasolina regulada y de medio dólar para la gasolina denominada premiun o a precio internacional.

Al mirar la evolución del tipo de cambio observamos que para el momento del ajuste en el precio del combustible para los vehículos automotores la gasolina regulada costaba el equivalente a 0,02 dólares. Hoy es precio equivale 0,01 dólares y sigue su camino a la baja en la media que bolívar sigue perdiendo espacio frente al dólar.

Sin embargo la escasez del producto hace que estas definiciones que hizo el Gobierno de precios se desdibujen en el mundo real.

Las colas en el interior del país son de hasta cuatro días y para evitarlas los consumidores pagan “bajo cuerda” a sus “flechas” en las estaciones de servicios por encima del precio regulad para evitar buena parte de las colas.

En las mismas estaciones de servicio reguladas se cobra a precio internacional y en moneda extranjera para que te pasen primero y puedas “llenar el tanque”.

Sin embargo el peaje no se queda allí. A quien logró el contacto con “la flecha” en la estación de servicio deben tributársele 5 o 10 litros dependiendo del tamaño del tanque del vehículo.

Ya hemos dicho que la existencia de dos precios tan diferenciados estimula el mercado negro. El negocio del contrabando de extracción se mudó. Ya no es necesario sacar la gandola hacia Colombia.

Una gandola de 30.000 litros para una estación de gasolina regulada implica 300 dólares. La misma carga para un estación de precio internacional cuesta 15.000 dólares.

El diferencial de 14.000 dólares abre un espacio para la corrupción, ya que ningún negocio lícito o ilícito tiene este nivel de rentabilidad.

¿Por qué falta?

Venezuela tiene seis refinerías con una capacidad de un millón trescientos mil barriles diarios.

Hoy, según datos extraoficiales se está produciendo cerca de 40.000 barriles entre Cardón y El Palito.

Según Rafael Quiroz, una voz autorizada en el análisis del sector energético el consumo de gasolina del país en tiempos de pandemia puede llegar a los 120.000 barriles diarios.

Caracas consume 37.000 barriles según sus cifras.

Partiendo de este escenario Venezuela, el país con la reservas probadas más grandes del planeta está condenado a vivir de gasolina importada porque su industria no tiene la capacidad de proveerla.

¿Las razones? Un manejo ineficiente de la industria petrolera que marca una caída constante. A ese manejo ineficiente se le suman ahora las limitaciones para comercializar crudo, acceso a insumos debido a las sanciones de Estados Unidos.

La importación de gasolina se hace urgente y no se vislumbran salidas de corto plazo porque las tareas de reparación de las refinerías no han dado los resultados esperados.

Pdvsa y el Gobierno de Maduro tienen como tarea pendiente darle respuesta a este problema que se hace crónico.

¿Cómo lo resolverá?

No tenemos bolas de cristal para ver el futuro, solo tenemos los pies planos para mirar la realidad desde las distintas aristas que se presentan.

El juego sigue.