El cierre de muchos mercados locales para evitar la propagación del coronavirus, obliga a pensar en una “solución equilibrada” para no depender tanto de las grandes cadenas, ni dificultar la venta de productos frescos de proximidad, según la relatora especial sobre el derecho a la alimentación de la ONU, Hilal Elver.

En respuesta a preguntas de Efe, la experta turca auguró desde su país natal que “habrá un impacto grave en el aumento de los precios de los alimentos, cortes en las cadenas de valor y eventualmente escasez de alimentos”, unos problemas que afectarán sobre todo a los países pobres y a quienes sufren inseguridad alimentaria en las naciones desarrollada. 

La pandemia ha demostrado que “en las grandes ciudades, cuando crecen las dificultades logísticas y problemas de accesibilidad, los mercados locales pueden ofrecer rápidamente alimentos frescos a los habitantes”, dijo.

Sin embargo, las autoridades han cerrado mercadillos y puestos callejeros en muchos países, por razones de higiene y otras restricciones.

“Deberíamos encontrar una solución equilibrada. Depender de las grandes cadenas de supermercados puede no ser siempre la forma correcta de resolver el acceso a la alimentación. Los alimentos locales para los residentes locales son la opción más conveniente, sana y ambientalmente sostenible, además de una manera de apoyar la economía local”, recalcó.

Según Elver, los gobiernos nacionales y locales deberían apoyar a los pequeños productores, procesadores y mercados locales con subsidios y rebajas fiscales, otorgándoles protección frente a los grandes actores de la cadena que, con su músculo logístico y financiero, “controlan el mercado entero y la estructura de precios”.

El posible colapso de los mercados pequeños debido a la globalización, centró precisamente el último informe, que presentó en marzo ante el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas. 

La relatora también apeló a la responsabilidad individual: “En muchos lugares del mundo, los mercados de productos frescos locales y de proximidad están desapareciendo, porque los consumidores prefieren alimentos baratos y comprar todo en un solo sitio de forma fácil y más rápida”, apuntó.

Mostró su preocupación por el aumento del consumo de comida “basura”, “peligrosa para la salud, pero desafortunadamente disponible y más barata en todas partes”.

Los ultraprocesados de alto contenido en sal, azúcar y grasas, que compiten con las frutas y verduras frescas, han terminado convirtiéndose a su juicio en la “opción preferida de muchas familias de bajos ingresos”.

Las dietas de mala calidad son el principal factor de riesgo de muerte prematura en un mundo, en el que una de cada tres personas sufre malnutrición, contando desde los 820 millones de hambrientos hasta los 2.000 millones con exceso de peso.

Entre tantos desequilibrios, Elver, también critica la situación de muchos jornaleros extranjeros en países desarrollados, precisamente ahora que escasea la mano de obra, debido a las restricciones de movimiento por el coronavirus. 

Cuando en febrero, el relator de la ONU sobre la extrema pobreza, Philip Alston, alertó de esta situación entre el colectivo de inmigrantes en España, Elver estaba realizando un viaje a Italia, donde observó “la misma situación”, la de migrantes que vivían y trabajaban en “terribles condiciones” en el campo.

“Algunas explotaciones pueden ser mejores que otras, pero ciertamente no hay una protección efectiva en la Unión Europea para los trabajadores agrícolas. Incluso, cuando hay un buen marco regulatorio, no es fácil vigilar las condiciones si es costoso y si no hay voluntad política”, subrayó.