“Vamos a pensar en un relato frugal compartido, en más calidad de vida, en menos apego material y en mejor trato. Eso es clave”, señala el profesor e investigador

Francisco Contreras, economista y profesor jubilado de la Universidad de Carabobo (UC), escribe cotidianamente en los grupos de Whatsapp sobre la situación de la economía venezolana, la profundidad de la crisis y los conflictos de las familias para poder sobrevivir.

En uno de estos trabajos, “Las familias frente a un entorno económico extremo”, Contreras y María Consuelo Díaz cuestionan los consejos que los economistas suelen dar a los venezolanos. Comprar activos y dólares, ¿con qué dinero? Deshacerse de los bolívares, ¿y entonces cómo resolver lo cotidiano? “Las cosas que converso y planteo son no convencionales dentro de la tradición de los economistas”, admite en entrevista con contrapunto.com.

Las familias venezolanas enfrentan una situación de penuria, no les alcanza lo que tienen para financiar “las tres categorías fundamentales de un presupuesto familiar”, que comienzan con la alimentación. Pero “no se le pueden dar a la gente soluciones generales, genéricas” porque “cada persona es un mundo y cada persona tiene una manera de vivir el mismo problema”. La forma como se asume el contexto de penuria “es diferente para cada quien” y se trata de ver “cómo las personales salen de esa condición de postración y de penuria de una manera diferente y mejor”.

A las personas les dicen que salgan corriendo y compren dólares pero “eso no lo pueden hacer”, ni siquiera los sectores de clase media, subraya.

“Cada familia tiene su propio mundo, y un mundo en el cual tenemos que acoplarnos a una nueva manera de vivir. Todos vivimos un mundo similar, pero de manera diferente, y tenemos que apostar por algo en el interior de cada quien”, propone.

Alude a la aproximación a los problemas que se hace en países asiáticos, al compartir, al hermanarse en la búsqueda de soluciones porque “muchas veces a alguien le sobra lo que yo necesito y otro necesita lo que a mí me sobra”. Habla sobre la condición humana, que es “esencial para superar esta crisis”.

“Vamos a pensar en un relato frugal compartido, en más calidad de vida, en menos apego material y en mejor trato. Eso es clave. Lo que tenemos no nos alcanza, y entonces dicen ‘salga a gastar’, y uno va apurado” y se olvida del buen trato a los demás. “A alguien le hace falta lo que a nosotros nos sobra”, reitera.

Todo esto “va en la línea con la economía”, enfatiza. Es “ordenarse para cubrir esas necesidades de alimentación, de vestido, de vivienda, de educación, que son las transacciones corrientes en el presupuesto familiar. Hay que tener, también, para cubrir imprevistos, y si en algún momento algo sobra, no piense que lo va a tener todo el tiempo; transfórmelo en algo que le agregue valor”.

La gente “debe preocuparse más por conocer el valor de las cosas, y no tanto el precio de todo”, insiste. “El valor tiene que ver con la rareza”. Vuelve con las reflexiones incómodas: “El dinero y las cosas son medios, no un fin en sí mismo, porque de tanto pensar en el dólar, en el dinero, en lo que no tengo, cuando va a otra cosa no ve cuán felices son sino si tienen un teléfono o una pantalla HD”.

No pierde de vista que “hay gente en condiciones de precariedad al máximo, que debe el bienestar que posee a bienes que acumuló en el pasado y que se le están agotando” pero llama a tener dignidad y afirma que quien tiene algo que hacer siempre encontrará el cómo. “Tengo que apegarme a las buenas cosas”.

Espera que los patrimonios familiares no se acaben, sino que se enriquezcan. Que asuman que el valor de los objetos viene por las funciones que desarrolla y no por los objetos en sí.

“Esto es economía social y solidaria, que también existe. No quiere decir que uno va a romper con el capitalismo” sino entender que “dentro de esto que estamos viviendo hay enfoques alternativos para llevar una vida mejor, y a veces uno no lo ve porque está pensando en los términos convencionales. Hay enfoques alternativos para llevar una vida mejor, y a veces uno no los ve porque está pensando en los términos convencionales: tengo que tener plata para comprar un teléfono. No. Piense al revés. ¿Para qué tengo estas cosas que me rodean? ¿Me están agregando algo en la vida?”. Contreras alega que no es algo esotérico, sino esperanza objetiva.

Sus ejemplos son el del señor que carga agua, la muchacha que plancha pero que tienen un claro sentido de vida.

-Profesor, pero usted habla de resignación.

-No. No estoy vendiendo resignación. Estoy vendiendo esperanza objetiva de que la gente puede valerse por sí misma. No la resignación de esperar que venga un gobierno a que le dé una cajita de comida, que venga otro y le dé una arepita. No. Le estoy vendiendo soluciones. ¿Cuáles son las soluciones? Una vida frugal. ¿Que eso no se puede hacer del día a la noche? No conozco nada que se haya podido hacer de una sola vez. ¿Que eso no es posible? Lo he visto en el campo venezolano; gente que está sembrando aguacates, que no son ningunos millonarios. No es resignación. Jamás estaría anunciando resignación. Lo que estoy diciendo es que, más allá de cualquier circunstancia, todavía le queda dignidad.