Al cierre del ejercicio 2025, el Instituto de Beneficencia JHS “Misael Silva Roa” se ha convertido en un nuevo referente de impacto social en Venezuela. Lo que para los analistas suele traducirse en cifras macroeconómicas, para esta organización se materializó en un despliegue humano y logístico sin precedentes que alcanzó a casi 50 comunidades en todo el territorio nacional, consolidando un modelo de asistencia que llega a los caseríos y sectores más remotos.

El éxito de la gestión radica en la capacidad del Instituto para identificar núcleos de vulnerabilidad en zonas donde la presencia institucional es limitada. Desde las costas de Anzoátegui hasta las montañas del Táchira, pasando por las zonas rurales de Yaracuy y los sectores populares de Miranda y Zulia, la presencia del Instituto ha sido constante. Escuelas como la Nacional Catalinero y la Rural Bolivariana Santa Clara Criolla, así como sectores emblemáticos como Petare o el caserío Guayabal en Nirgua, fueron parte de los beneficiados.

La visión de servicio nace del compromiso personal de Jorge Silva, presidente de la Corporación JHS, quien ha concebido al Instituto de Beneficencia como el corazón de su organización. “Sembrar futuro” es la consigna que guía a cada colaborador, quienes no actúan como un equipo de logística convencional, sino como portadores de una misión de transformación social.

Durante 2025, dos grandes iniciativas marcaron la operatividad: la “Ruta de la Alegría Escolar” en septiembre y la “Ruta de la Alegría Decembrina”, dirigidas por Sthefany Gutiérrez, directora del Instituto. Solo en la etapa final del año, estas actividades alcanzaron a casi 4.000 niños y niñas, generando un impacto directo en las familias, que calificaron la ayuda como un alivio para sus presupuestos. Gutiérrez subrayó que la labor del Instituto va más allá de la entrega material: “Se trata de un acompañamiento que escucha y responde con agilidad, generando testimonios de gratitud que nos impulsan a seguir”.

El análisis de los datos recolectados en el terreno permitió proyectar un 2026 de mayor alcance estructural. Los diagnósticos revelaron la necesidad de avanzar hacia el acondicionamiento de espacios, dotación de mobiliario escolar y programas de asistencia especializada. Por ello, el Instituto trabaja en la evolución de sus rutas con el objetivo de implementar proyectos piloto de atención integral 360°, que trasciendan la asistencia estacional y se conviertan en motores de desarrollo permanente.

Con este balance, el Instituto de Beneficencia JHS reafirma que su compromiso no se limita a la geografía, sino a la construcción de un tejido social sólido. Haber alcanzado casi 50 comunidades en todas las regiones del país durante 2025 demuestra que, cuando el ADN social es el motor, no hay frontera que impida la llegada de la esperanza y el bienestar.
Con información de nota de prensa






