Una conducta errática en el plano económico ha caracterizado al Gobierno de Nicolás Maduro en los últimos años. Por una parte, se abre a mecanismos de mercado para soltar las ataduras de los controles que estrangularon la economía. Por otro lado, toma decisiones como la de gravar las transacciones en divisas que envían señales de retroceso a los inversionistas

La respuesta al día a día de la gente cada vez se hace más urgente y el Gobierno busca, con decisiones económicas, tratar de conseguir respuestas rápidas y generar un mejor ambiente que mitigue el rechazo a su gestión que registran las encuestas.

Hemos dicho que Miraflores tiene puesto su foco en el tema económico y, a todas luces, percibe que allí está la llave que abre la puerta de la gobernabilidad, que puede darle una opción al oficialismo de llegar exitoso al 2024.

En su accionar político actuó temprano en el año y el Referéndum Revocatorio fue neutralizado. Esto anuló la preocupación de enfrentar unas elecciones en el mediano plazo.

Ahora, el oficialismo se dedica a crear las condiciones para enfrentar los comicios que vengan en una mejor posición que la actual.

Con esto como telón de fondo, el Gobierno interviene en el mercado cambiario, reduce el encaje legal, autoriza créditos en dólares, sube el salario mínimo, implementa el impuesto a las transacciones en divisas y “estira” las providencias de exoneración de aranceles.

La apuesta del Gobierno es por sostener las importaciones. Por un lado, no quiere ceder el control del manejo de la economía. Por otra parte, no confía en la respuesta inmediata del aparato productivo local y más allá, en un lugar privilegiado del tablero, están los intereses de grupos de presión que no quieren perder los beneficios que dan los estímulos fiscales que ofrece un esquema que prioriza las importaciones.

El shock de ingresos en divisas por el aumento de los precios del petróleo, como consecuencia de la guerra en Ucrania, le permitirá mayor margen de maniobra, pero además, si las negociaciones con Estados Unidos le bajan la presión en el mercado financiero internacional y en las ventas de crudo, Miraflores tendrá mejores “cauchos” para transitar sobre el camino pedregoso que hay de hoy al 2024.

Hablemos de proyecciones

Las proyecciones comienzan a colocarse sobre la mesa porque la economía se juega en el terreno de las expectativas.

Ningún analista pareciera dudar de que este año la economía venezolana crecerá, más allá de las consideraciones al margen que se hagan.

Pese a esta afirmación, sorprendió a buena parte de los analistas la corrección al alza que hiciera el Credit Suisse Bank sobre sus proyecciones acerca del comportamiento de la economía.

El banco de inversión prevé ahora un crecimiento de 20% para 2022 en lugar del 4,5% original. Esto suena a oídos de algunos analistas “demasiado optimista”, por decir lo menos.

Los técnicos del banco de inversión también ajustaron la estimación de inflación de este año. El número pasó de 150% a 70% y señalan que hay una “mejora en el proceso de formación de precios”, la cual atribuyen a que “las intervenciones de las autoridades para evitar una mayor depreciación del bolívar está brindando un ancla nominal a la economía. Además, creemos que la dolarización y la reactivación del sector privado probablemente han reducido la escasez y mejorado la competencia de precios entre las empresas”.

Asdrúbal Oliveros, analista libre de cualquier sospecha de ser oficialista, señala que la firma Ecoanalítica estima el crecimiento del PIB para este año en torno al 7%, lo que apunta en la tendencia del crecimiento, pero no es una cifra tan alta como la estimada por los suizos.

Oliveros no conoce la metodología de cálculo usada por el banco de inversión y prefiere no opinar respecto a sus proyecciones.

“La economía está en el hueso”, dijo el economista Manuel Sutherland, pero también señala que esa condición le da posibilidades de crecer con cifras importantes.

Explica que al estar tan deprimida la economía y venir de siete años de recesión las posibilidades crecimiento son grandes, pero sí y solo si “hay un cambio de 180 grados en las políticas económicas”.

Advierte que si la economía crece a un ritmo de 5% interanual de manera sostenida, se requerirán 30 años para volver a los niveles de 2013.

En la otra acera

Por otro lado están los empresarios. Los gremios tratan de salirse del “rango de tiro” del Gobierno de Nicolás Maduro, deslindándose del debate electoral.

Sin embargo, los industriales, comerciantes y productores del campo no han dejado de confrontar las decisiones del Ejecutivo.

Cuestionan el impuesto a las transacciones en divisas. Consecomercio levanta la voz y señala que el 75% de las empresas no ha podido implementar su cobro, lo cual pone en riesgo la recaudación del Fisco y estimula la informalización del sector privado.

Exigen que se desideologicen las decisiones económicas y desde Conindustria le han dicho tajantemente que no mezcle “la política con la economía”. Sumado a esto exigen tratamiento equitativo en lo que se refiere a los aranceles de los productos importados.

“No queremos que nos protejan. Queremos competir en igualdad de condiciones” ha dicho Luigi Pisella, presidente de Conindustria.

No se esconden. Se saben bien ponderados en las encuestas. Pisan fuerte y dicen estar dispuestos a sentarse en la mesa de diálogo con propuestas económicas concretas, para salir de crisis y generar empleos

Si los llaman, van al diálogo sin “pedir permiso” a la dirigencia opositora y desestiman sus críticas. Los empresarios que se quedaron ya no quieren arriesgar lo que les queda en pie de sus empresas.

Cuestionan las decisiones erráticas de un Gobierno que, por una parte, se ha abierto a algunos mecanismos del mercado, pero retrocede con decisiones como el IGTF que desestimula las nuevas inversión y complica la operatividad de las empresas que están instaladas.

Por su parte, el Gobierno sabe que tiene viento de cola con la crisis energética global, tendrá dinero en la caja más allá de las sanciones. Con la recuperación de la economía, después de siete años de recesión, quiere aprovechar el envión para tratar de llegar a 2024 mejor parado.

¿Cuáles serán las nuevas decisiones en materia económica? ¿Qué va a pasar con el IGTF?

No tenemos bolas de cristal para ver el futuro, solo tenemos los pies planos para pisar tierra y mirar la coyuntura política, económica y social del país.

El juego sigue