Con más de 30 años dedicado a la tarea de “ángel exterminador”, Wolfgang Flores se ha adaptado al trabajo en tiempos de COVID-19

Un buen fumigador tiene un poco de barman, de sacerdote y de abogado. Del primero, porque puede ser testigo de las peleas más insólitas en una familia debido a la causa de esa invasión de chiripas. Del segundo, porque siempre debe guardar los secretos de la casa que va a sanear. Y del tercero, porque le corresponderá salir en defensa de todos los que sufren la presencia del chiripero en la cocina.

“Se va conociendo la intimidad, pero eso forma parte del secreto profesional. Una de las cosas más importantes cuando se hace un servicio es mantener ese secreto, porque no toda persona le abre las puertas al técnico; para que vaya tiene que haber cierto grado de confianza”, refiere.

Pues Wolfgang Flores acumula las virtudes de los tres. Sonríe y guarda silencio cuando empiezan reproches del tipo “porque tú dejas siempre la pila sucia y eso atrae las cucarachas”. Por esa boca nunca se sabrá si la familia limpia la vivienda una vez a la semana o no lo hace nunca. Y siempre “meterá la mano” hasta por el supuesto causante de los ríos marrones con patas.

Más de 30 años de experiencia (más de la mitad de su vida) le permiten decir que su trabajo está 100% garantizado. Ni siquiera la cuarentena y la COVID-19 han logrado detener su decisión de ayudar a las familias en la ingrata tarea de desalojar a las chiripas.

Su fórmula es un dato que no revela, y que ha ido perfeccionando y variando. “Es un secreto de familia”, afirma. El producto es de baja toxicidad, no afecta a las mascotas y permite eliminar los insectos “de manera bastante radical”.

Cuando Wolfgang ingresa a una vivienda lo primero que hace es revisar palmo a palmo las zonas conflictivas (como la cocina) y evaluar dónde están escondidas las chiripas. Encuentra los huevos y los barre, y comienza a aplicar su producto. “No es el hecho de fumigar; es dar las recomendaciones para que las chiripas se reduzcan a su mínima expresión”.

Las chiripas, igual que el diablo, están en los resquicios. Y en los resquicios las encuentra Wolfgang para darles las extremaunción. Aclara que el ácido bórico y la naftalina “lo que hacen es ahuyentarlas”.

La cuarentena ha sido, en sus palabras de ángel exterminador, una “verdadera experiencia”, por las dificultades para desplazarse y para conseguir los productos que necesita. Al estar más gente en la casa por más tiempo puede resultar complicada la limpieza, y las chiripas florecen. Por cada huevo hay unas 50.

“Al coronavirus hay que respetarlo”, replica cuando se le pregunta si le tiene miedo a esta nueva enfermedad. Ha tomado sus medidas: no solo utiliza tapabocas, sino que incorporó el gel antibacterial a su maletín de herramientas: “Me lo aplico antes de comenzar la faena” para evitar la contaminación.

Su punto de contacto es el teléfono: 04242329993