Elecciones, Consulta, decisiones económicas, atención a los problemas sociales. Son diversas variables que pueden verse de manera aislada en función de conseguir una salida consistente a los problemas del país

Este domingo se celebran unas muy cuestionadas elecciones parlamentarias en el país, las cuales viven en medio de una polarización muy fuerte.

La polarización no se presenta en una guerra de promesas entre los participantes en el evento electoral. El debate en la arena política, se encuentra sobre el tema de participar o no, y en ese plano se argumenta y contrargumenta.

Una de las cosas que debemos decir es que, la discusión sobre el tema económico y de cómo la gente puede resolver el día a día no ha sido el punto central del debate. No ha sido prioridad ni de los que llaman a votar, ni de sus adversarios, pero tampoco entre los que se disputan el parlamento bajo las reglas del CNE.

Escuchamos a cada rato que el problema es PO-LÍ-TI-CO. Así se verbaliza haciendo hincapié en cada sílaba y si se puede golpear la mesa rítmicamente mejor.

Se sostiene que debe resolverse el problema PO-LÍ-TI-CO, para que pueda irse a arreglar la economía y generar la confianza que se requiere para que vengan los capitales que nos salven de la complicada situación económica que tenemos.

Coincidimos en que sin la resolución del tema político no hay economía que aguante tanta incertidumbre. La resolución de la conflictividad política es indispensable para crear las condiciones y avanzar hacia una economía sana.

Sin embargo, esa clase política pareciera no estar mirando los problemas diarios de la gente que tiene que ver con la economía del día a día y pierde la conexión con las masas que son las únicas que pueden definir la resolución de la crisis venezolana.

Sin una conexión con los problemas económicos de la gente, se hace imposible la generación de un cambio político en el país. Así pues, ninguno de los dos actores de polarización se dibuja como agente de transformación de la realidad caótica que vive Venezuela.

El debate político huele a acusaciones, a gente señalándose con el dedo enumerando culpas y con muy pocas soluciones sobre la mesa.

De un lado, se habla que con la salida de Maduro todo se arreglará y del otro se dice que al “caer la revolución” se perderá todo lo logrado en políticas sociales y de redistribución del ingreso.

Salvo contadas excepciones, son muy pocas las propuestas económicas concretas para transformar la vida de los venezolanos que no pueden comer, de los que apenas comen. Tampoco hay propuestas para resolver que los tienen hoy como comer no lo dejen de hacer.

Lo que hacen

El oficialismo se compró un paraguas al que llama Ley Antibloqueo y dice que con ella se abrirá la economía, porque van a proteger la identidad de las empresas que negocien con el Gobierno y podrán dinamizarse los negocios.

En una especie de acuerdo “guilla’o”, confidencial, para que “los gringos malucos” no agredan a las empresas de buen corazón que son capaces de auxiliar a Venezuela. Esto suena poco creíble, porque con los niveles de información en el mundo financiero si se sigue al dinero, se consigue a quién lo gasta.

Del otro lado, la propuesta es el “milagroso cambio de modelo”, que solo la salida de Maduro dará la confianza para que vengan los capitales a salvar el país como por arte de magia.

La historia reciente en América latina dice que esto es cierto, porque el cambio de actores en Argentina no hizo que fluyeran las inversiones y ayudaran a Macri a tener una gestión exitosa que le garantizara su continuidad en el poder. Macri fracasa y vuelve una propuesta de la tendencia de izquierda a la Argentina.

Por otra parte, la gestión económica exitosa de Evo Morales, en Bolivia, no le bastó de para mantenerse y fue la disputa política y la falta de gobernabilidad lo que le pasó factura.

La discusión ausente

El tema de los estímulos tributarios, leyes impositivas son por excelencia discusiones que se deben dar en el parlamento, sin embargo, eso no ha estado dentro de la agenda pública y no forma parte del gran debate nacional.

El discurso sobre el tema salarial no pasa de decir que se anclará al dólar o que hay que mejorarlos. No hay una propuesta concreta de cómo generar un programa de estímulos para que las empresas públicas y privadas puedan sostener una dolarización de los sueldos y la productividad necesaria para generar empleos.

La clase política pareciera menospreciar la capacidad de análisis de un pueblo, que ha estado en los últimos 20 años en medio de una polarización política que hoy lo tiene preocupado de cómo conseguir llevarle algo a la boca a sus hijos que esperan en casa.

Es probable que la gente no esté preocupada por la “demanda agregada”, “la balanza de pagos”, “masa y liquidez monetaria”. Que no sepa de cómo la articulación de las variables macroeconómicas inciden sobre su vida diaria.

Lo que sí está claro en la calle y se entiende claramente es que una devaluación del 130% del dólar paralelo, o de 103% del dólar que calcula el Banco Central de Venezuela, solo durante el mes de noviembre, le complica la vida

También entiende que si las empresas públicas y privadas no son rentables no tendrá trabajo con qué alimentar, educar y entretener a su familia.

Asimismo, entiende que las sanciones no tumban Gobiernos y que la presión internacional no sirve si no hay conexión con la población que pueda generar los eventos que generen un cambio político, o que obliguen a la “coalición dominante” a cambiar.

Ahora queda esperar el nivel de participación en las elecciones y ver su impacto en la población.

Para eso hay que esperar, porque no tenemos bolas de cristal para ver el futuro. Con nuestros pies planos seguiremos pisando tierra y mirando la coyuntura política, económica y social del país.

El juego sigue.