Los productores afirman que tienen que competir con los líderes del mundo en condiciones muy desiguales: Sin electricidad, sin carreteras y sin combustible

Sin créditos, sin apoyo del Estado los productores agrícolas venezolanos han proseguido la siembra. No será en las cantidades de antes, pero allí están las cifras y los testimonios que indican que sí lo están haciendo.

“No tenemos suficientes insumos. La producción de este año, como sabemos lo que sabemos hacer, la hemos trabajado con nuestro propio peculio, con nuestros propios esfuerzos”, relata Oscar Contreras, vicepresidente de Fesoca.

El pasado 2020 fue el año en el cual menos subsidios garantizó el Estado para la producción agrícola, asegura Saúl López, presidente de la Sociedad Venezolana de Ingenieros Agrónomos. Anteriormente “se subsidiaba hasta el 80% de los costos de producción, y el año pasado Agropatria no logró ni siquiera cubrir 20% de la demanda de insumos a escala nacional”. Pequiven “tampoco está produciendo lo necesario” y los productores se enfrentaron a sacar de sus bolsillos para costear, por ejemplo, el fertilizante NPK (casa saco cuesta 32 dólares).

La sociedad había proyectado, a mediados del año pasado, una reducción de 50% de la producción de rubros cerealeros en el país. Con base en sistemas de información geográfica estimaron unas 280 mil toneladas de maíz (entre blanco y amarillo). Sin embargo, hubo un incremento en la producción de maíz y se llegó a 390 mil toneladas en 140 mil hectáreas, explica.

Aunque esto “solo cubre 20% de la demanda de maíz” para consumo humano y para alimentos balanceados para animales, López piensa que, a pesar de la crisis, la pandemia y las fallas en los servicios del agro (combustible y electricidad), los productores y la agroindustria apalancaron mucha de la producción. “La banca, por el encaje legal, no prestó servicios y la cartera agrícola obligatoria (25%) de los créditos se redujo a 5%; nada más están prestando para productores élite” y para la compra de animales.

Al menos 17 estados del país dependen de la actividad agrícola, en una nación en el que se destruyó la petroquímica y una empresa de suministros agrícolas como Agroisleña fue expropiada, recuerda Aquiles Hopkins, presidente de Fedeagro.

Hoy, resume Hopkins, “tenemos que salir a competir con los líderes del mundo sin tecnología, sin gasolina, sin electricidad y sin carreteras”.

La espada del gasoil

Un dato importante es que 80% de la producción agrícola venezolana se sustenta en pequeños y medianos productores, que no tienen cómo invertir, recuerda el ingeniero agrónomo. Mucho menos, absorber pérdidas. La perspectiva de perder 2 millones de toneladas de azúcar, por la escasez de gasoil, aterra a los cañicultores. “Nosotros hicimos lo que teníamos que hacer a nivel de campo”, remarca Contreras.

La situación ha llegado al punto de que los cañicultores están pidiendo a la administración de Nicolás Maduro que los apoye con el gasoil para sacar la cosecha durante la zafra 2020-2021, pero al mismo tiempo sondean el mecanismo de la ayuda humanitaria porque hay “160 millones de dólares que se están quedando en el campo por falta de gasoil” y “estamos casi parados”.

En Portuguesa necesitan dos gandolas de gasoil al día, unos 60 mil litros, y únicamente han recibido 9 mil litros. A escala nacional requieren de 6 gandolas diarias solamente para sacar la cosecha, sin incluir las labores agronómicas, puntualiza Contreras.

“Nosotros hicimos lo que teníamos que hacer en el campo, con nuestro propio esfuerzo, autofinanciándonos, comprando insumos donde los conseguíamos, importados por ‘los caminos verdes’, pero con el gasoil no podemos, estamos trancados, tenemos una camisa de fuerza”, subraya, porque es “un problema de Estado”.

Tecnología

No basta con poner dinero en semillas y fertilizantes; también se necesita invertir en tecnología, advierte Saul López.

Cita la producción de arroz: 110 mil toneladas en 45 mil hectáreas durante 2020, con un rendimiento de 3 mil kilos por hectárea.

Los números de la producción de cereales están “muy por debajo”, son “de los más bajos de Latinoamérica”, expone.

Por eso los agrónomos insisten en que los productores deben hacer un esfuerzo para incorporar tecnología, “porque si no, este negocio va a dejar de ser rentable; van a tener que migrar a otro negocio porque el Estado ya no está para subsidiar insumos”. Les propone incorporar información meteorológica y no comenzar a sembrar en mayo porque supuestamente entran las lluvias: “El cambio climático es una realidad, si los productores no asumen unos cultivos climáticamente inteligentes van a tener unas afectaciones altísimas”.