El complicado escenario que envuelve el fútbol turco en un demagógico ámbito político

Si siguen el fútbol y tienen un teléfono inteligente muy probablemente en las redes sociales, se habrán topado con esta foto de jugadores turcos, quizás acompañada con algún insulto

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La foto fue tomada al final del encuentro entre Turquía y Albania, el pasado viernes en el estadio del Fenerbahce, en Estambul, ganada 1 a 0 por el equipo de Senol Gunes. El gesto de llevarse la mano tiesa a la frente simulando el saludo militar, que cumplen casi todos los jugadores titulares (y algunas bancas) inmediatamente después del gol al minuto 90 de Tosun, es la manera de homenajear la decisión tomada por Turquía el pasado miércoles, de cumplir un intervención militar al noreste de Siria.

Tras la decisión de Donald Trump, de retirar los pocos soldados americanos presentes en esa región, Recep Tayyip Erdoğan, decidió intervenir militarmente para asegurarse el control de la zona. El noreste de Siria se encontraba bajo el control de las fuerzas kurdas de la SDF (Fuerzas Democráticas Sirias), entre las cuales el YPG (Unidades de Protección Popular), son consideradas por el gobierno turco como un extensión del PKK, el Partido de los Trabajadores del Kurdistán, incluidos en la lista de organizaciones terroristas, contra la cual actúan políticas represivas y violentas hace años.

Antes del partido, muchos jugadores convocados a la selección por Gunes publicaron en sus propios perfiles de redes sociales post directa o indirectamente a favor de esta intervención militar. Cengiz Ünder publicó en Twitter una foto de él mismo, con la franela de la Roma, mientras festeja de la misma manera, por otro lado, Demiral, jugador de la Juve; fue incluso más explícito, publicando una foto de una blindado turco y un militar con una niña tomada de mano, acompañado por el hashtag #OperationPeaceSpring (es decir, Operación Fuente de Paz, nombre dado por el gobierno turco a la intervención)

Un nombre engañoso, según muchos, debido al hecho que podría revivir la presencia de ISIS en esa zona y llevar a episodios de violencia, o incluso, limpieza étnica en relación a los kurdos presentes en esa región, independientemente si sean parte del SDF o sean civiles.

Esa foto es un gesto de apoyo político a una agresión militar, que podría llevar consecuencias muy graves. En este sentido, la reacción casi unánime, durísima, indignada respecto a los jugadores que participaron en ese episodio son perfectamente compresibles.

¿De dónde viene el saludo militar?

El saludo militar de los jugadores turcos no es una novedad, ya se había visto hace un año y medio en Italia. En febrero 2018 cuando, tras un doblete al Benevento en Olímpico de Roma, Cengiz Ünder había festejado de la misma manera frente a una cámara, En ese caso había sido considerado como un genérico apoyo al régimen de Erdogan. Lo que había sido notado por pocos, era que se estaba cumpliendo un mes desde cuando el ejercito turco había dado inicio a la “Operación ramo de Olivo”.

Una intervención para conquistar la región alrededor de la ciudad siria de Afrin, que en el 2012, en el contexto del colapso del régimen de Assad, había sido controlada por las fuerzas kurdas del YPG.

Pocos dias antes, el mismo idéntico gesto había sido hecho por Emanuel Adebayor, cuando jugaba en el Istanbul Baseksehir, pronunciando lo siguiente: “Es mi manera de respetar aquellos que arriesgan su vida para mantenernos seguros”.

En ese caso era necesario concentrarse en el Istanbul Basaksehir, un club controlado indirectamente por el Ministerio del Deporte turco, donde su presidente Göksel Gümüşdağ es muy cercano al gobierno (está casado con una de las nietas de Erdogan) y retiró la franela número 12 en honor al presidente turco.

A este punto, no es tan absurdo pensar que el festejo haya sido una idea del club, más que de los jugadores. No de un club cualquiera, sino de uno muy cercano al gobierno de Erdogan. Estos sólo algunas de las piezas de un complejo mosaico del cual únicamente se conocen pequeñas partes.

A este propósito es útil recordar que pocos días antes del saludo militar de Adebayor y Ünder, Erdogan, en una manifestación, anunciaba: “Algunos representantes del HDP (Partido Democrático por el Pueblo filo-curdo) pidieron a los curdos de manifestarse. Hasta ahora no muchos acudieron al llamado. Pero déjenme decirles algo: ni lo piensen. Quién responda a este llamado pagará un caro precio.”

Ahora bien, si se imagina que la invitación a postear apoyando la intervención militar turca antes de los partidos de la selección, así como la idea de festejar con un saludo militar los goles, viniese directamente del gobierno, como forma de propaganda (cosa para nada inverosímil) sería verdaderamente difícil criticar a los jugadores.

Sin dudas los jugador que hubiesen querido oponerse podrían haberse escudado tras su fama, ignorando pero las posibles consecuencias sobre sus familiares en Turquía, jugándose su convocación a la selección y su carrera.

El hecho está en que es atractivo ver héroes, hasta que no se conoce el precio. Un precio que, por ejemplo, tuvo que pagar Hakan Sukur, elegido en el 2011 por el parlamento turco en el partido AKP (Partido de Erdogan) y obligado a escapar a Palo Alto, California, en 2015, donde es gerente de un bar. Hakan Sucur vio a su padre encarcelado por un año, sus casas y cuentas bancarias confiscadas por el estado turco.

Otro ejemplo, el del basquetbolista NBA Ernes Kanter, quien tras haber sido condenado a prisión por cuatro años, se convirtió en apátrida tras la decisión de Turquía de anularle el pasaporte y vio desde los Estados Unidos haber sido desconocido por su propia familia, intimidada por posibles repercusiones. Un precio que hubiesen podido pagar también los futbolistas, pero no todos son heroicos como Kanter.