Aún cuando los médicos que atienden su leucemia aconsejaban al serbio no correr riesgos, él insistió, y con lágrimas de rabia en los ojos, a su manera dijo: “Mi salud mejorará, lo se, vuelvo en dos días”

“Les había prometido que estaría con ustedes, aquí estoy. Para algunos fui un loco al salir del hospital, pero quería estar aquí. Tenía que estar” explicó Mihajlovic el domingo 25 de agosto en Verona. Los jugadores del Bologna al encontrarse con Sinisa Mihajlovic en el hotel, quedaron sorprendidos y lloraron cuando comenzó a hablar. Más delgado, maltratado, muy vulnerable: a pesar de que la imagen de Sinisa entrando al campo es de una potencia y una fuerza inéditas.

El serbio esperó, buscó y quiso ese momento de encuentro con su equipo. Cuando le dijeron, días atrás, que los exámenes no aconsejaban que saliera del hospital, el insistió, y lloró con mucha rabia, aseguró que mejoraría y tenía razón.

El pasado domingo, salió por primera vez del hospital Sant’ Orsola de Bologna, después de 40 días de tratamientos que merman las fuerzas de cualquier ser humano, volvió a ver el cielo que no contemplaba desde el 15 de julio.

El pasado 13 de julio, ante las cámaras, anunció al mundo: “tengo leucemia”. Comenzó su tratamiento el 15 de ese mes y así transcurrieron 40 días y 40 noches en un cuarto de tres por tres; entre los avisos sonoros de maquinarias que le advertían el final de la quimioterapia.

Una enfermedad letal, que destruye a quien sea. Pero el ADN de un león no cede, ni con una situación como ésta. Cuenta un enfermero del Sant’ Orsola, que una tarde escuchó gritos rabiosos y feroces: “Corrí inmediatamente a su habitación, convencido de que estaba sufriendo por los tratamientos, sin embargo, no era así. Sinisa se encontraba en una conferencia vía Skype con su equipo y les estaba reprochando por su mala actuación durante un amistoso de pretemporada.” La otra cara de la moneda de esos 40 días a pesar de tanto sufrimiento.

Mihajlovic, con su look de Brando-Kurtz en Apocalipse Now, no dejó su equipo ni un segundo. Las conferencias por videollamada, las llamadas individuales, las reuniones en el hospital y sobre todo, los entrenamientos seguidos en vivo frente al televisor; Sinisa observaba todo, un gran hermano con pasión inquebrantable por su trabajo, mientras veía llamaba, corregía, indicaba, alentaba y aconsejaba. Con sus maneras, a veces rudas, al pleno estilo de la antigua Jugolasvia, pero en fin de cuentas, bueno como un pan de Dios aseguran sus dirigidos. Siempre dos teléfonos en la mesita de noche, listos para ser usados. Lo saben muy bien los directivos Sabatini y Bignon, porque entre terapia y terapia, siempre hubo un mercado de traspasos que atender.

Un león enjaulado, que espera siempre los resultados de sus exámenes, contando los días en una cárcel donde quieren salvarle la vida. El calendario anuncia el comienzo del campeonato de la Serie A y aquel “yo estaré con ustedes” retumba en la cabeza de Sinisa.

Hombre de palabra, obsesionado con los valores morales; lucha contra una enfermedad grave que no se gana sólo con la fuerza de voluntad que sin duda ayuda, pero no es suficiente. Pero esta vez la leucemia pareció haberle dado una tregua para cumplir con su promesa, que al finalizar el partido, volverá al hospital, a su jaula salvavidas de tres por tres; que no podrá nunca contener su inmenso corazón. Un serbio que regaló al mundo del fútbol y al mundo en general una jornada llena de sentimiento, fuerza, amor, coraje, agallas, carácter y lágrimas. Una jornada al estilo de Sinisa Mihajlovic.