La calidad es certificada, pero su futuro vuelve a ser un enigma. Con su equipaje lejos de Alemania, James Rodríguez tiene en la Copa América una nueva vitrina para exponerse en Europa y de paso guiar a una Colombia renovada hacia la gloria en Brasil

Su continuidad en el Bayern Múnich fue por semanas es el tema favorito de la prensa alemana. El miércoles el club bávaro sentenció su partida tras dos años de altibajos. Siete lesiones en 24 meses y una relación cambiante con Niko Kovac parecieron valer más que el talento.

La incertidumbre sobre su carrera deportiva lo halla, una vez más, bajo el refugio de Colombia, un país que lo reverencia, y con rumbo a Brasil, donde se abrió las puertas al Real Madrid tras finalizar goleador del Mundial-2014 y deslumbrar al mundo con su zurda de seda.

En el cuadro merengue, dueño de su pase, parece tener las puertas cerradas por un trato distante con Zinedine Zidane. En Europa apuntan a que aterrizará en el Nápoles de Carlo Ancelloti, con quien compartió en Madrid y Múnich.

Ante tanta adversidad, la camiseta tricolor le cae como un salvavidas, e intentará traducir su calidad en buen juego, algo que siempre lo ha caracterizado pero del que ha carecido por sus recientes inconvenientes en Europa.

“A James creo que la Copa América se le plantea como la oportunidad de llegar a un nuevo equipo, de tener una nueva oportunidad en Europa en un momento tan crucial como el que está viviendo, en el que el futuro es una incertidumbre”, dice Carlos Salas, director del diario Marca en Colombia.

Con información de AFP