El torneo de fútbol más importante del mundo inicia bajo la coorganización de Estados Unidos, Canadá y México, siendo este último el primer país en albergar la cita por tercera ocasión tras las ediciones de 1970 y 1986. Entre los aficionados locales las reacciones son diversas; mientras ciudadanos como Ingrid Orozco y Gustavo Ramírez expresaron su emoción y sorpresa por el regreso del evento a suelo mexicano, otros residentes como Víctor Flores señalaron que el ambiente actual se percibe menos festivo en comparación con el campeonato de 1986.
Asimismo, una encuesta publicada recientemente indicó que el 35% de los mexicanos confía en la selección nacional, la cual históricamente no ha superado la instancia de cuartos de final.
El inicio de la competición se encuentra enmarcado por diversas controversias previas, tales como los altos costos de las entradas —situación que dejó fuera de los recintos a las clases populares—, el rechazo de visados para ingresar a Estados Unidos y la situación geopolítica en Oriente Medio, que motivó el traslado del campamento base de la selección de Irán desde Arizona hacia Tijuana.
A nivel deportivo, el certamen centrará la atención en determinar si selecciones como la España de Lamine Yamal, la Portugal de Cristiano Ronaldo o la Francia de Kylian Mbappé lograrán desplazar al actual campeón, Argentina, liderado por Lionel Messi. Durante la ceremonia inaugural, el tenor italiano Andrea Bocelli interpretará el himno oficial titulado «DNA», una pieza que combina ópera y música electrónica, mientras que la cantante colombiana Shakira estrenará el tema «Dai Dai» junto al artista nigeriano Burna Boy.
En el plano político y social, el evento coincide con un periodo de relaciones complejas con el gobierno estadounidense de Donald Trump, debido a sus advertencias de intervenir en territorio mexicano contra las organizaciones del narcotráfico. A nivel local, sectores sociales han decidido utilizar la atención internacional del torneo para visibilizar sus demandas mediante protestas y llamados al boicot en las inmediaciones del estadio Azteca, instalación que el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, calificó como una «catedral del fútbol». Docentes de educación primaria y secundaria mantienen manifestaciones en reclamo de mejoras salariales y de jubilación, sumándose también familiares de personas desaparecidas y otros colectivos con la intención de marchar hacia el estadio, lo que genera complicaciones viales en la capital.
Ante este panorama, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, no asistirá a la ceremonia de apertura. La mandataria, quien meses atrás regaló su boleto inaugural a una niña futbolista, catalogó las movilizaciones como una provocación que busca proyectar imágenes de represión, asegurando que los cuerpos de seguridad no caerán en ello y que el torneo transcurrirá en paz. Aunque Sheinbaum tenía previsto seguir el desarrollo de la competencia junto a los ciudadanos a través de pantallas gigantes en el Zócalo capitalino, la intensidad de las protestas actuales compromete su asistencia y la apertura de dicho espacio de reunión para los aficionados.





