Entre los espectáculos más recordados de la Venezuela de antaño, sin duda alguna se encuentra la lucha libre, donde millones de hogares se paralizaban y llegaron a comparar su alcance hasta con el beisbol nacional

Uno de los personajes ilustres de la lucha en Venezuela es sin duda alguna el Guanche Canario, cuyo apodo proviene de los primeros pobladores de las Islas Canarias, de ahí surgió el nombre del Guanche Rodríguez, como era conocido en la Lucha Olímpica. Posteriormente cuando pasa a la Lucha Profesional, se queda con el nombre del Guanche Canario.

Con 78 años de edad el famoso exluchador recibió muy amablemente al equipo de Contrapunto en las instalaciones del Gimnasio Libertador en Caracas, y allí pudimos conocer un poco más sobre su trayectoria y anécdotas que tanto ayudaron al crecimiento de la lucha libre en Venezuela y la cual poco a poco está volviendo a la palestra.

¿Cómo fueron sus inicios en la lucha libre y qué lo motivó a practicar esta disciplina? 

Yo llegué a Venezuela en 1954 y en ese momento lo que estaba de moda era la lucha libre, y cuando vi esta disciplina por primera vez, yo me impresioné tanto que rápidamente pensé que quería ser luchador, por allí empezó la tragedia (risas).

Comencé en el gimnasio Orinoco, con el profesor Ulises. Yo le dije que quería ser luchador, a lo que me respondió que los luchadores pesaban entre 90 y 100, y yo solo pesaba 48 kilos, por lo que me recomendó empezar con las pesas y hacer músculo.Cuando comencé con las pesas, al mismo tiempo practicaba la lucha olímpica y así fue como me inicié en el 1960, allí tuve mis inicios en un distrital, ganando 3 campeonatos, incluyendo un nacional y una medalla sudamericana.

¿Cómo fue ese salto de la lucha olímpica a la lucha libre? 

Porque en la lucha olímpica no había dinero, era amateur y en realidad eso no te daba ni para el pasaje, además no había ayuda de ningún tipo como lo es hoy en día que al atleta se le ayuda. Fue así cuando hablé con la empresa Oscaryparra e insistí con mi meta, a lo que me respondieron que cómo iba a pasar a la lucha libre si yo ya era un destacado profesional de la lucha olímpica, pero finalmente me escucharon, me aceptaron y me dieron la oportunidad.

Recuerdo que me preguntaron el monto que quería ganar, a lo que yo respondía que me pagaran lo que ellos pudieran, pero dada la insistencia les dije que me dieran el 5% de la entrada, me dijeron que si estaba loco (risas).

¿Qué personajes famosos recuerda haber enfrentado y cómo fue su debut? 

Mi debut fue contra el Cóndor de los Andes –por cierto, ese video pueden observarlo por YouTube–. Aquel combate fue todo un éxito. También enfrenté a Dark Buffalo, El Dragón Chino, El Fantasma, El Zorro Italiano, El Vampiro, El Hombre Montaña, El Caníbal, Rocco Espinelli, Calvo Biersa, El Exótico, El Alacrán, entre otros.

¿Qué tan popular era la lucha libre en aquel momento y qué país tomaban como ejemplo 

En la lucha libre venezolana, en la época de los años 1950, 1960 y parte de los 70, a las 9 pm, no había una persona en la calle, todos estaban frente al televisor viendo este espectáculo deportivo que transmitían por el canal 4 desde el Palacio de los Deportes en San Martín, posteriormente con Bassil Batta en el canal 8, que era la competencia.Aquello era fabuloso, fantástico, no había una persona que no hablara de la lucha libre, era más que el beisbol y el boxeo.

Hablarte del modelo, fueron unos peruanos que vinieron a Venezuela luego de una gira, también vinieron varios mexicanos, incluyendo a El Santo, Miguelito Torres, Blue Damond, todos estrellas. A raíz de eso se hizo una fusión entre varias luchas y por aquí de esa forma pasaron los mejores luchadores del mundo.

¿Nunca tuvo la oportunidad de salir a luchar fuera de Venezuela? 

Nunca salí del país, porque la empresa me tenía un contrato que no permitía viajar al exterior, era exclusivo de aquí. Solamente me traían a los luchadores para acá (risas).

En una oportunidad, El Santo me quiso llevar a México, me quisieron llevar a España también en infinidad de oportunidades, pero la respuesta siempre fue negativa, por temor a sufrir alguna lesión o caída que me impidiera seguir presentándome aquí.

Háblenos un poco sobre el libro de Carlos Zerpa, “El Dragón Chino”… 

Este libro honra 3 generaciones de la lucha libre, y habla sobre la vida del popular luchador chileno El Dragón Chino; habla de todas sus peleas. Este personaje tenía un porte majestuoso, era un taquillero de primera, 115 kilogramos, todos siempre querían ganarle pero él le ganaba a todos.Yo recomiendo principalmente a la juventud que lea este libro, para que sepan que aquí en Venezuela hubo lucha libre y de la buena. 

¿Fue el Dragón Chino el luchador más importante en Latinoamérica, incluso por encima del Santo? 

Para mí fue uno de los más importantes de la historia. En el libro, Carlos quiere demostrar que fue incluso superior al Santo. El Dragón Chino se impuso al Santo en un combate en Venezuela.

Para mí, El Santo en México fue lo máximo, luchó hasta los 60 y tantos años, e incluso murió luchando. El Dragón Chino falleció casi a los 80… Es una lástima que esas luchas libres hayan acabado. 

¿Por qué cree que estas luchas se terminaron? 

En el libro, Carlos Zerpa lo dice, pero para mí en el momento en que la televisión le quita el respaldo a la empresa, vino una decadencia total, debido a que este es un espectáculo muy visual que necesita de la televisión para su difusión. 

¿Qué nos puede decir de aquel decreto presidencial que prohibió la lucha libre? 

Estos motivos son muy bien explicados en el libro, pero básicamente fue un asunto político, en el primer gobierno de Rafael Caldera. Bassil Batta se metió a la política y apoyaba a Pérez Jiménez hecho que no le perdonaron y eliminaron la lucha libre.

Se estuvo retomando este espectáculo deportivo en espacios como Quinta Crespo. ¿Cree usted que puede llegar a ser como antes o qué le haría falta para ello? 

El Chiclayano en vida, a punto de morir, le dijo al hijo, también luchador juvenil, que no dejara morir la lucha libre, que hiciera lo imposible para que la lucha continuara, y el muchacho en un gimnasio en San Martín organizó un grupo de juveniles que ya tenían 2 años practicando. El muchacho falleció el pasado año, sin embargo el grupo continuó practicando. 

Yo pienso que esos juveniles en 2 o 3 años ya van a poder ser profesionales, y si un canal de televisión lo respalda, sin lugar a dudas se podrá hacer algo bueno. Hoy en día, si se traen profesionales de otros países, estos cobran 5 mil dólares mensuales, y habría que traer un grupo de 10 a 15 luchadores. ¿De donde se puede sacar ese dinero? Por esta razón hay que construirlo aquí en el país, algo bueno se puede hacer. Este gimnasio en Quinta Crespo es un avance, se hacían luchas cada 2 o 3 semanas, yo voy por allá con mucha frecuencia a ver qué les falta y qué les sobra. 

“Pienso que como yo, voy a animar a otros exluchadores para que apoyen, y agradecemos también por este interés que tienen desde su portal por la lucha libre y su resurgimiento. Actualmente hay muchas fallas pero hay muchas cosas buenas, y como espectáculo se está sacando un buen provecho de ello”, agregó.

¿Cuál es el recuerdo más especial que le ha dejado la lucha libre? 

El recuerdo más especial fue que llegué al nivel profesional. Ese era un filtro muy fuerte, entrar en aquel ambiente. A mí me probaron y los luchadores profesionales me preguntaban: “¿Tú eres luchador de verdad? ¿Sabes que esto no es la lucha olímpica y te voy a matar arriba?” (risas).

Eso me lo dijo Jaime “El Fantasma”, y luego que luché con el, me abrazó y me dijo: “sí eres luchador”. Yo nunca me amilané y por el contrario me inspiraba a ser mejor y a demostrar que sí era luchador. “La otra satisfacción fue que gané mucha plata. Tengo un gimnasio e hice mi vida, iba a la calle y había mínimo 20 personas esperando para pedirme un autógrafo. Iba a un restaurant y no me querían cobrar, así era el mundo de un luchador, fue una época de oro”, expresó.

¿Qué consejo le daría a las nuevas generaciones que quieren reimpulsar la lucha libre en Venezuela? 

Llegué a 78 años con pocas lesiones. Sí tengo algunas, pero me siento muy joven. Yo me veo al espejo y digo que estoy viejo, pero si no me veo, me digo a mí mismo, “¡cónchale!, tengo 20 años” (risas).

Me siento de lo mejor y ahora tengo la satisfacción de ayudar a estos muchachos y mi consejo es que se centren en lo que quieren, que poco a poco, con la ayuda de todos, vamos a lograr grandes cosas.