LA HABANA.- 11 de octubre 1941– En una tarde donde el guante fue tan protagonista como el madero, la selección de Venezuela reafirmó su condición de favorita en la IV Serie Mundial de Beisbol Amateur. Bajo el sol radiante del estadio «La Tropical», el conjunto nacional alcanzó su quinta victoria consecutiva al derrotar a Panamá 7 carreras por 2, apoyados en la serenidad de Daniel «Chino» Canónico y lances defensivos que rayaron en lo imposible.
Pese a lo abultado del marcador final, el encuentro fue un duelo de nervios hasta el octavo tramo, donde la artillería criolla finalmente logró descifrar los envíos del zurdo Pat Scantlebury.


Benitez Redondo y Romero Petit (Foto tomada del libro «Oro y Glorias del Béisbol Venezolano», del General José Antero Núñez y Alfredo Méndez)
Primer Inning (Venezuela: 1)
El lanzador Scantlebury comenzó «wild» y otorgó boletos a Pérez Colmenares, después de tenerlo en dos strikes, y a Romero Petit. Luego, Benítez bateó roletazo por primera, resultando forzado Romero en la intermedia, mientras Pérez llegaba a tercera. Le siguió Ramos con rastrero por la antesala, siendo forzado en segunda Benítez, sin que Pérez pudiera moverse. Así las cosas, José Antonio Casanova disparó cañonazo por encima de la gorra del campo corto, anotando Pérez y pasando Ramos a tercera. Contreras cerró la entrada por la combinación 63.
Quinto capítulo (Amenaza panameña)
Con el “score” favoreciendo a Venezuela, una por cero (1 a 0), y Lucas de corredor en segunda base con dos outs en la pizarra, el bateador W. Chevannes conectó un kilométrico batazo de 450 pies por el bosque central, que patrullaba Benítez Redondo, quien sin demora y con extraordinaria velocidad y vista, partió siguiendo la trayectoria de la pelota, logrando capturarla en el último instante, de un salto espectacular, evitando así por lo menos el empate.
Octavo episodio (Venezuela: 3)
En este capítulo se rebelaron los venezolanos, contra el dominio que ejercía Pat Scantlebury y le fabricaron un rally de tres carreras: Petit abrió, con infield-hit por tercera y cuando el pitcher trató de sorprenderlo fuera de base, el lanzamiento fue desviado, internándose la pelota en el campo derecho, lo que aprovechó Petit para llegar a la antesala. Luego, Benítez falló con fuerte línea al mascotín de Mahoney, pero Ramos elevó al jardín central anotando Petit, al pisa y corre. Casanova negoció boleto, robó segunda y pasó a tercera por infield-hit de Contreras, anotando poco después por metrallazo de Malpica al campo izquierdo, pero como al jardinero Alvarez se le escapó la pelota, Malpica llegó en su carrera hasta la antesala, mientras Contreras anotaba la tercera rayita venezolana en el inning. Acto seguido, Fonseca puso fin a las acciones, entregando el último out por la vía 63.
Cerrando la entrada, los canaleños montaron una rebelión que finalmente pudo ser conjurada: Alvarez roleteó por el box y el “Chino” Canónico intentando fildear, desvió la pelota hacia terrenos del torpedero Casanova, quien erró, alcanzando Alvarez, la inicial. Después de este lance, Canónico se descontroló y otorgó base por bolas a W. Chevannes. La estrategia panameña envió de emergente por Scantlebury al fuerte bateador Leon Kellman, quien produjo violento roletazo por encima del tercer saco, con etiqueta de hit, pero allí mismo surgió el guante mágico de Romero Petit, realizando una gran atrapada, pisando instintivamente la tercera almohadilla para forzar a Alvarez y doblando de inmediato a Kellman en la inicial. Todo parecía resuelto, pero Canónico seguía descontrolado y otorgó boletos sucesivos a F. Austin y Garrido, plenándose las bases. Así las cosas, cuando Canónico puso a Mahoney en tres y uno, se enganchó en una larga discusión con el umpire principal, Amado Maestri, haciéndose necesaria la intervención del manager Malpica, para serenar a Canónico, quien después vino por la goma y colocó al bateador en la máxima cuenta (3 y 2). Al siguiente lanzamiento, Mahoney disparó dantesca línea al jardín izquierdo, donde Chucho Ramos realizó sensacional atrapada, poniendo punto final a las angustias de los colores venezolanos.
Noveno Inning (Venezuela: 3 y Panamá: 2)
En el inning de recoger los bates y frente al estelarísimo Andrés Alonso, los venezolanos fabricaron otro racimo de tres: Canónico salió de tercera a primera. Pérez tocó la pelota y se acreditó hit, llegando a segunda por error de Alonso. Le siguió Romero, quien negoció boleto. Luego Benítez elevó a tercera, pero enseguida Ramos encendió cohete al campo izquierdo, impulsando la carrera de Pérez, mientras Romero anclaba en la antesala. Bateando Casanova, el «Comisario» Ramos se estafó la intermedia, colocándose dos corredores en posición anotadora. Así las cosas, Casanova disparó cañonazo al bosque derecho, fletando las carreras de Romero y Ramos, metiéndose hasta la segunda en la jugada y luego llegaría a tercera, por error de Mahoney sobre roletazo de Contreras. Las almohadillas rebosaron cuando Malpica recibió boleto, pero hasta allí llegaron las acciones, pues Fonseca elevó foul fly a manos del inicialista.
Cerrando el inning los muchachos del Istmo salvaron el blanqueo: Barnet abrió con tripletazo de 465 pies, por el left-center y un infield hit de Applewhite lo llevó al hogar. Harris emergió por Alonso y en jugada de bateo y corrido, roleteó al campo corto, entregando el primer out del 6 al 3, mientras Applewhite avanzaba a tercera. Así las cosas, Álvarez disparó un cañonazo al bosque izquierdo, impulsando la segunda carrera de los panameños, pero hasta allí llegó la rebelión, pues W. Chevannes y Kellman elevaron sucesivamente a manos del guardabosque derecho.
Con esta quinta victoria consecutiva, la selección de Venezuela se consolida como el candidato más sólido al título de la IV Serie Mundial. El registro inmaculado en «La Tropical» no es producto del azar, sino de una madurez deportiva donde el brazo de Canónico, el guante mágico de Petit y la oportunidad ofensiva de Casanova han fabricado un bloque indetenible. Los «Héroes del 41» ya no solo sueñan con la gloria; con su paso arrollador, han puesto pie y medio en la gran final, enviando un mensaje de autoridad al resto de las potencias: el camino al campeonato pasa obligatoriamente por el uniforme tricolor.





