El dramaturgo relata como conoció a la actriz Fabiola Arac, entre teatro y ópera para dar comienzo a una exitosa propuesta escénica que llegó a Caracas para presentarse 5 y 6 de mayo en el Centro Cultural Chacao

“Todo comenzó cuando mientras presentaba una de mis obras de microteatro en Miami, comenzó a meterse desde la sala contigua una voz operática, que al principio me pareció simpático el impasse, pero después se complicó”.

Así cuenta el dramaturgo Juan Carlos Duque que comenzó a gestarse la travesía de “No soy loca, soy bipolar”.

Después de empezar a sufrir la incursión de esa voz lírica Juan Carlos Duque decidió conocer quién era aquella señora que, suponía “medio gordita”, que se metía entre las líneas de su obra “…y vivieron infelices para siempre”.

“Me encontré con esta muchacha delgadita, jovencita y bellísima. La vi actuando y entonces la conocí después y le dije ‘tú quieres leer un texto que escribí y creo que tú serías la ideal para  hacerlo’”, cuenta Duque.

Al leer el texto juntos se generó una magia que perdura hasta el sol de hoy.

“La comenzamos a trabajar a dirigirla y cuando estuvo lista la presentamos en un café que se llama Macondo. Presentamos la obra y no nos esperábamos lo que iba pasar. Con la primera función al otro día me llama la encargada y me dice que todas las funciones de la semana siguiente estaban agotadas”, comenta y su cara de sorpresa persiste.

-¿Por qué abordar el tema del trastorno bipolar en una obra de teatro?

-Si te pones a ver el tema de la depresión, sobre todo después de la pandemia, es el tema milenio. Depresión no es estar triste todo el día, a veces lo hablas a veces sin saberlo. Lo abordé por ser un tema interesante y plantearlo como una realidad y darle una vuelta con humor, quitándole el tono de tragedia, para tratar de verlo como somos los venezolanos que, ante la tragedia, le damos un giro a todo para poder reirnos de nosotros mismos.

-¿Los bipolares no se sienten irrespetados?

-De pronto pasa cuando ven el afiche, pero cuando ven la obra nos lo agradecen. Nos pasó muchas veces que en Miami nos los agradecían. Decían que luego de ver “No soy loca soy bipolar” concientizaron sus problemas, incluso empezaron terapia y hoy en día están medicados.