Este 10 de mayo celebramos el privilegio de que en nuestra tierra naciera el gran “pintor de la luz”. Artistas, galeristas y especialistas en artes plásticas reconocen la valía de un Armando Reverón atrevido, calificado de “loco” y poco valorado en su dimensión de gran creador integral

Venezuela celebra cada 10 de mayo el Día Nacional del Artista Plástico, en homenaje al nacimiento del Mago de la luz, Armando Reverón; por mucho una de las figuras más importantes de la plástica nacional y latinoamericana.

Considerado, por los más tímidos, el mejor pintor nacional de la primera mitad del siglo XX, hizo a lo largo de una fructífera carrera, alejado del glamour y las vanidades propias de su actividad, propuestas desde lo pictórico, lo escultórico e incluso lo textil. 

Reverón, ícono de rebeldía y genialidad

El escritor y artista plástico, Carlos Zerpa contó a Contrapunto que para él, Reverón es el artista más completo que tenido el país. “De eso no cabe duda”, dijo. 

“A mi juicio fue pionero en Venezuela, Latinoamérica y el resto del mundo del arte contemporáneo, y pionero en las vanguardias artísticas, y de seguro la historia a él si lo absolverá”, sentenció.


Carlos Zerpa, artista plástico, Foto Contrapunto

También explicó que Reverón innovó en el arte conceptual “antes que se llamara así”, asegura que fue un precursor de lo que hoy se conoce como performance Art, así como del ensamblaje, de las instalaciones, las intervenciones, dibujo espacial y la pintura matérica, además de las escenografías.

Amanecer desde punta brisas, Caraballeda. Armando Reverón período sepia Foto Archivo

Refugiado en su Castillete, Armando Reverón preparó para el mundo, con una concepción única de cómo captar la luz, cuadros tan emblemáticos como
Amanecer desde Punta Brisas, Caraballeda, de su período sepia;
La cueva , de su período azul, o El Rancho (El caney) de su período blanco, el cual desarrolla influenciado por el impresionismo y el postimpresionismo, pero especialmente por la luminosidad enceguecedora e incandescente que baña las costas del Litoral Central Venezolano, donde decidió pasar el resto de su vida.

La Cueva, Armando Reverón, período azul Foto Archivo
El Caney, Armando Reverón, período blanco, Foto archivo

Reverón logra imágenes que desafían lo imposible, pero también formas alcanzadas a través de arte no pictórico como sus famosas muñecas, El Castillete que, siendo su hogar y taller, era en sí mismo una increíble instalación, así como sus tan preciados y ahora muy cotizados objetos, sus textiles y sus esculturas, de los cuales, por cierto, la Galería de Arte Nacional (GAN), ubicada en Caracas, resguarda la mayor colección.

María Rengifo, exdirectora de la GAN, foto Yuri Lizcano


Y precisamente una de las exdirectora de la GAN, María Rengifo, actualmente encargada de las relaciones públicas de la Casa Mendoza, habló con Contrapunto, a propósito del 130 aniversario del natalicio del gran pintor, fecha seleccionada para agasajar a los artistas plásticos venezolanos.

Rengifo expresa que el aporte fundamental de Reverón consistió en salir de lo académico y trasladarse hasta El Castillete, su casa-taller donde empezó a experimentar, por ejemplo, con instalaciones artísticas, aportando particularmente a la pintura a través de “estos coletos que él utilizaba y los pigmentos que si bien eran algo ortodoxo, se trataba de pigmentos naturales, e incluir esa tela en el fondo de sus obras” como parte concretamente de la pieza y no como un simple lienzo. Agrega que Reverón, “a pesar de ser considerado un pintor moderno, abarca la pintura pero llega a la instalación y el ensamblaje”.

Bajo la dirección de Rengifo, en el año 2018 se inauguró en la GAN una muestra permanente de El Castillete, experiencia que la joven museógrafa y trabajadora social recuerda con especial cariño.

“Cuando estábamos montando la réplica que se realizó de El Castillete original de Macuto -un reto plantado por el equipo de la GAN, con museografía de Carolina Sanz y curaduría de Félix Hernández- una muestra que tardó dos años en materializarse… estábamos montando y la exposición no salía, habían trabas y yo tuve que hablar con él (con Reverón) y pedirle permiso” explica Rengifo.

Recuerda las jornadas bajo el sol abrazador de la Guaira buscando piedras para construir la instalación que hoy se puede disfrutar en Bellas Artes, en pleno corazón de Caracas y que durante una de esas visitas sostuvo una charla con El Loco de Macuto y fue durante una de ellas cuando “habló con el Loco de Macuto

“¿Qué pasa… qué pasa? ¿vamos para adelante con esto? dame permiso para continuar con este trabajo y poder inaugurar” refiere como anécdota jocosa, pero lo cierto es que finalmente y a pesar de las dificultades El Castillete se inauguró y hoy está a la disposición de los visitantes de la GAN.

Reconociendo a Reverón

Desde imágenes en el Metro de Caracas, estatuas en la Universidad Experimental de las Artes o en el Bulevar de Sabana Grande que, por cierto fue víctima del vandalismo hace pocos meses, y hasta el nombre del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, son homenajes pomposos al legado del Mago de la Luz, pero quizá lo más valioso sería que su imagen y su nombre sean relacionados inmediatamente con la genialidad que caracteriza toda su vida y obra. 


En tal sentido, el arquitecto Alberto Asprino asegura que se debe realizar un esfuerzo para promover la obra del gran Reverón a las nuevas generaciones, su increíble valor visual. Comentó respecto a la campaña que ya tiene varios años en el sistema subterráneo de transporte de la capital venezolana que: “Cuando la gente va en el metro, creo que están más pendientes de que no les roben la cartera que de ver a Reverón en la puerta”.

Y es que la imagen desaliñada de Reverón, esa que nos regala el trabajo fotográfico y fílmico de Ricardo Razetti, Alfredo Boulton, y Graziano Gasparini y la gran Margot Benacerraf, debe ser evaluada en su real dimensión, la de un hombre que vive en esas condiciones por voluntad propia, en busca de la libertad que no le permitía la academia, esa que bien conoció estudiando en Europa y a la que se opuso desde mucho antes, a través de movimientos revolucionarios como el Círculo de Bellas Artes de Caracas, cuna, en 1912, de la modernidad de las artes plásticas venezolanas.