Cuando se apagan los micrófonos, el maestro Felipe Izcaray enciende las palabras. Habla sobre su amor por el rock, y especialmente, por The Beatles. Aplaude la salsa y cuenta que también la bailaba (se refiere, comcretamente, a Richie Ray y Bobby Cruz). Nadie esperaría que un director de orquesta como Izcaray disfrute otros géneros musicales, e incluso, enaltezca a un artista como el argentino Gustavo Cerati (de quien, por cierto, contó algunas historias).
Entrevistado en Unión Radio, el maestro -que dirige la Orquesta Sinfónica Regional de Carora- contó cómo ha tenido que enmendar la plana de músicos que se pierden en la interpretación, y la de él mismo al equivocarse en la conducción. Historias, muchas, y acumuladas en su biografía de director que estudió sociología en la UCV (carrera que no culminó por el cierre universitario) y que se marchó a Estados Unidos a formarse como músico.
Izcaray dirigirá este domingo 31 de mayo, a las 11:15 am, el Concierto 25 Aniversario con el cual se celebrarán los 25 años de la declaración de la UCV como Patrimonio de la Humanidad. Según la programación oficial, se divide en tres partes. La primera, «El Aula Magna: donde el arte y la ciencia se abrazan«, con la “Obertura del Festival Académico op.80” (1880) de Johannes Brahms, y la “Suite Peer Gynt Nro. 1 op. 46” (1875-1876) de Edvard Grieg. La segunda parte, «El estreno de un escenario mágico«, incluye la “Fuga criolla” (1931) de Juan Bautista Plaza; el “Río de las 7 estrellas” (1946) de Evencio Castellanos; la “Suite Caraqueña” (1947) de Gonzalo Castellanos Yumar. En la tercera parte, «La voz que vence las sombras», se interpretarán “Las Horas” (1930) de Juan Bautista Plaza y texto de Fernando Paz Castillo, y el “Himno Universitario” (1946) con música de Evencio Castellanos y poesía de Luis Pastori y Tomás Alfaro Calatrava.


Las letras, no la música
El maestro aseguró, en conversación con contrapunto.com, que hay público para la música clásica en Venezuela. «Claro que sí», responde. «Cuando yo estaba jovencito en Carora obviamente que nadie conocía nada», recuerda. «A mí me decían ‘La Cantata Criolla’, y yo preguntaba ‘¿qué es una cantata?’. Criollo sé qué es, pero cantata…Cuando yo tenía 14 años fue Antonio Estévez a Carora a hacer una conferencia sobre La Cantata. Yo cantaba en el Orfeón, y como público, me quedé con la boca abierta. ¿Quién me iba a decir a mí que yo iba a dirigir esa obra?».
Hoy, sostiene, «hay público», y los conciertos se mantienen «a casa llena». No solo los clásicos. «Una vez hicimos un concierto en homenaje a Nacho, de Chino y Nacho, y eso estaba a reventar». Le mortifica, eso sí, «ver a muchachas jovencitas, o que trabajan como dependientas en tiendas, poner la música de Bad Bonny que denigra de ellas y que les dice ‘si tu novio no te blablabá mejor que no blablablá. O una que dice que tiene un delincuente en su habitación». Eso «es lo que a mí me mortifica, no la música. Yo cantaba El Caimán, una cosa de doble sentido, o la gaita del tartamudo, que era música de doble sentido y uno se divertía y se reía, pero no se insultaba».
Sus hijos están radicados en el exterior, pero Izcaray vive en Venezuela con todo y sus fallas. Cuenta de un concierto reciente que prosiguió, una vez que se fue la electricidad, con la luz de los teléfonos celulares. «Ya estamos acostumbrados. ¿Se va la luz en el ensayo? Antes, suspendía. Ahora digo ‘sigan tocando’, se ponen los teléfonos en los atriles y continúa el ensayo. Hay que afrontar las dificultades inteligentemente. ¿Qué es mejor? ¿Que nos vayamos a la casa apesadumbrados porque se fue la luz, o que sigamos tocando?».





