En el libro “Arquitectura del ambiente”, editado por Editorial Biosfera, Omar Ovalles explica las razones por las que en algunos sitios nos sentimos tan a gusto y de otros nos provoca salir corriendo

La energía no es gamelote para discursos o libros, sino factor clave para construir espacios que ayuden a trabajar y a vivir mejor. Omar Ovalles Falcón, geógrafo y profesor, lo plantea en su libro “Arquitectura del ambiente”, editado por Editorial Biosfera.

“Todos nosotros vivimos en un ambiente”, y ese ambiente “tienes formas muy sutiles, una serie de energías que nos afectan o nos benefician y las cuales debemos conocer y valorar”, explica en conversación con contrapunto.com. “Desde hace muchos años eso se ha obviado, y ahora con la insurgencia de las tecnologías de la comunicación y la información eso está cada día más vigente. Hablamos de una arquitectura invisible que nos rodea, como si estuviésemos metidos en un inmenso plato de espaguetis energético”.

-¿Es una arquitectura energética?

-Eso mismo.

Ovalles señala que muchas enfermedades “están siendo determinadas por la energía de muy alta frecuencia e intensidad que genera cambios en nuestro organismo y ante la cual nos debemos proteger. O por el contrario: muchos de esos lugares, edificios, posadas, casas donde nos sentimos agradados, donde nos gusta mucho estar, es porque esas energías han sido canalizadas por los arquitectos, los diseñadores, los decoradores y artistas de una mejor manera”.

El ser humano está formado por células, reacciones que son energéticas, recuerda. En el aire circulan señales que no vemos, como las de wifi, radio o televisión, “y nuestro cuerpo funciona con esa electricidad y ese electromagnetismo”. Cuando una persona va a la playa y se moja los pies “lo primero que hace es sonreír; los niños se quitan los zapatos y los regañan porque ensucian las medias, pero hay un placer en caminar descalzo porque hay una descarga de toda esa energía que se concentra”.

-¿Hay materiales con los que nos sintamos más a gusto?

-Esa es una rama nueva, la bioconstrucción o arquitectura sustentable. Digo nuevo porque ahora es que se puso de moda. Pero evidentemente el ser humano es un ser biológico muy afín, por ejemplo, a las fibras vegetales, a la madera. Más que un bloque de concreto nos gusta más un ladrillo de arcilla. Esto no deja por fuera otros materiales como el acero, el hierro o el mismo plástico. No es lo mismo vivir en un apartamento de ocho metros cuadrados en una torre en Madrid, que vivir en una casona solariega, con un patio interior, con un techo de teja, con matas en las ventanas, alta para que fluya el viento y no haya tanto calor. Todo eso es la arquitectura bioclimática o la bioconstrucción.

Advierte que las personas se van sobrecargando de energía por su dependencia de los dispositivos tecnológicos: “En la noche estamos tan cargados de energía que damos vueltas en la cama y no podemos descargarla”. Reitera que “estamos en un gran plato de espaguetis energético mundial”.

-Muchos de nuestros edificios están hechos de cabilla armada con alambres, a la cual se le añade concreto armado. Encofrado. Y vivimos todo el día enjaulados. Y por eso el fin de semana no aguantamos ni media hora más allí.

-¿Dentro de la jaula?

-Y ahora, en resguardo, más aún.

La arquitectura popular es muy sabia, reconoce Ovalles. Los indígenas de Amazonas, si reciben una casa de concreto, siguen viviendo en su shabono, comenta. “Los grandes arquitectos que hemos tenido, como Carlos Raúl Villanueva, Fruto Vivas han demostrado que los árboles, o la arquitectura del trópico, son la forma más racional” para vivir.

¿Es con lo natural con lo que nos sentimos mejor? “Sí. De allí venimos”, reitera.

-¿Qué cosas se pusieron en evidencia con la pandemia?

-Yo no hablo de pandemia sino de sindemia (síntesis de enfermedades). En Europa y en países desarrollados el sistema de salud colapsó, y seguidamente le siguió el de Estados Unidos. Nos dimos cuenta de que había cientos de poblaciones marginadas de los servicios de salud y, por lo tanto, ya estaban enfermas; el virus vino a incrementar ese estado. Como eran sistemas privados, tampoco tenían el dinero para acceder a ellos, y se generaron esos enormes picos de muertes y de infectados. Esto luego se reconsidera, y hoy día se están previendo nuevas enfermedades. Un país como España, donde el número de fumadores es alto, no habría que sorprenderse de que un pequeño virus afectara los pulmones de mucha gente. En un país como Italia, donde sus ancianitos estaban depositados en una residencia porque su familia los había abandonado… También hay un rescate del hogar, viviendas grandes y aireadas, ventiladas, con ventanas, tienen un riesgo de contaminación menor que las famosas “cajitas de fósforos” que en algún momento se ofrecían como soluciones habitacionales. El hogar, la vuelta a la familia es fundamental porque hay unas energías emotivas, afectivas. Hay una astronomía muy diferente de la comida chatarra y de los ambientes confinados. Ya se habla de sitios donde las oficinas nunca más van a ser ocupadas porque la gente va a trabajar en otros lugares. No hay nada más contaminante que una torre de oficinas con ductos de aire acondicionado donde el virus de una oficina pasa por el ducto a la oficina de al lado.

Omar Ovalles afirma que la sociedad se construye “con base en la calidad de la familia” y subraya que “la familia es el reflejo de la sociedad”. En consecuencia, “si tienes una sociedad contaminada, atravesada por los grandes flujos de energía” la familia se va a convertir en eso”.