Ayer 16 de enero dijo adiós una de las más destacadas sopranos que ha tenido el canto lírico nacional

A ella no le fue suficiente aprovechar su privilegiada y educada voz. Fue más allá. La poesía y la filosofía la enamoraron también y por ello fue una artista integral que sabía lo que hacía y por qué lo hacía, apoyada en la pasión con la que lo vivió y con conocimiento de causa.

Lotty Ipinza dijo adiós a este plano el 16 de enero en su Valencia natal y deja su aporte para la cultura venezolana en el canto que le brindó y la poesía que marcó con tinta indeleble el espíritu de quienes tuvieron el placer de acercarse a ella.

Caminando en las mismas sendas y a la altura de otras dos grandes como Morella Muñoz y Fedora Alemán, Lotty Ipinza entregó su talento en diferentes escenarios del mundo con la solvencia que le dio estar formada en la Escuela de Música Juan José Landaeta y tener la constancia y la estatura para estudiar en el Conservatorio Chaikovski de Moscú y en el Conservatorio Santa Cecilia de Roma.

También pasó por el Conservatorio Nacional de la Universidad Nacional (en Bogotá), y se vinculó en París con las investigaciones y desarrollos del Institut de Recherche et Coordination Acoustique/Musique, Ircam.

Fue de las primeras artistas en pisar las tablas de la sala Ríos Reyna del Teresa Carreño, cuando en su inauguración interpretó la opera Aída, de Giuseppe Verdi.

Cantó de todo, ópera, oratorios, canciones latinoamericanas y música contemporánea. La obra de Kurt Weill la sedujo.

En 1993, grabó la ópera El tambor de Damasco de Juan Carlos Núñez y en 2001 Canciones de cabaret, de Kurt Weill, junto al pianista Carlos Duarte.

También quiso compartir sus conocimientos y fundó una escuela de canto para entregar las herramientas que fue atesorando y la técnica que depuró.

Como dijimos no solo fue el canto, la poesía también fue uno de los caminos del arte transitó en el cual quedaron para la posteridad las publicaciones Alteraciones (aforismos), Paracelso, Vastas sombras/Diálogo nocturno y permanece inédita Doble tuerca.

Hoy el canto, la poesía y la filosofía levantan la voz y piden la palabra para pensar en Lotty Ipinza y desearle el mejor viaje porque su obra se queda entre nosotros.