Escribió la novela en el año 2000 y la publicó en 2004. Aunque no es autobiográfica, sí recoge cosas que vio, cosas que supuso y otras que leyó en la prensa. No es un libro de denuncia, aclara

Estudian derecho. Se gradúan en el revival de la Venezuela saudita que se convirtió en pesadilla con Carlos Andrés Pérez II. Quieren dinero, y la ilusión de ganarlo con trabajo se va quedando atrás. Es más sencilla la plata fácil, la vida de los restaurantes y el güisqui. No hay juicios; solo la fotografía de un momento del país que puede ser el presente.

“Generaciones vencidas”, del escritor venezolano Jaime Huertas Fernández, vuelve al ruedo en una segunda edición que incorpora algunos cambios. “Esta es una novela que escribí en el año 2000, la publiqué en 2004. Narra un periodo histórico desde 1986 hasta el año 2000”, detalla. “El lector tiene en sus manos la historia de Venezuela de esos años, que fue bastante convulsa en lo social, político y económico, y cómo los personajes vivieron esa época”.

Huertas Fernández asegura que no es autobiográfica, pero que la novela sí recoge “situaciones que uno logró ver, otras que supuso, otras que leyó en la prensa”. Muestra a los contratistas, a “personas que se salen con la suya, que no aparecen, que uno los ve en la calle, que contratan con cualquier gobierno, porque no son políticos. Son personas que quieren hacer dinero de una manera fácil”.

Es “un conflicto sobre los principios”, sostiene.

-¿Es un libro sobre la corrupción o sobre los principios?

-Es sobre los principios. La corrupción es la actividad que ellos realizan, pero como dice la novela, “los cuerpos no se corrompen, las almas sí”. Narro la historia de estos personajes, el proceso de involucrarse en esa actividad y qué situaciones se presentan en su familia.

No es un libro de denuncia, aclara su autor. “No aparece el nombre de nadie, ni la insinuación. No era mi intención hacer una denuncia a través de una novela, sino mantenerme en la conducta de los personajes”. En ese periodo pasan por varios gobiernos, de diferentes tendencias, y se muestra la crisis de El Caracazo. No es un reportaje. “Es ficción total”, reitera.

-¿Quiénes son los vencidos?

-Hay que leer la novela para saberlo. Es una novela en la que unos van a vencer y otros van a ser vencidos. Hay que leerla.

-¿Quiénes son los vencedores? ¿Los corruptos o los probos?

-No me gusta escribir sobre el maniqueísmo, el bien o el mal. Todo está unido. Una persona puede tener una conducta indebida que legalmente está tipificada y castigada, como la corrupción, y eso no significa que no sea un buen padre, un buen hijo. De eso trata la novela. No hay personajes netamente malos o netamente buenos.

Los de “Generaciones vencidas” son unos seis o siete personajes, de diferentes regiones. El principal es Abelardo José Piñango Pérez y procede del estado Monagas, pero hay de Portugal, de raíces italianas, de Aragua. Abelardo “trata de entrar a un grupo social y en algún momento es rechazado, y eso lo enoja, y él quiere darles a entender a ellos que es igual por el dinero”.

-¿Es una novela pertinente para el país?

-Sí. Para la situación actual, y anterior a esta, funciona. Este es un flagelo mundial. A los países del llamado Tercer Mundo, como es el caso nuestro, los afecta muchísimo. Corrupción hay en todas partes; uno llega a España y agarra la prensa y eso es corrupción por todos lados. Lo que sucede es que, al ser un país desarrollado y con músculo económico, no lo afecta.

Hay un personaje de “Generaciones vencidas” que puede ser amado u odiado. Huertas Fernández da una clave: “Quien ame a los perros ama la novela”. Y viceversa. Está convencido de que los personajes “tienen vida propia”, y por eso “cada persona que lo lee tiene una interpretación”.

-¿Es una escritura de venezolano para venezolanos? ¿O es una anécdota universal?

-Es universal, porque los temas que aquí se tratan son universales. Es venezolana porque todo transcurre aquí, el personaje va para el estado Monagas, está en Caracas, va al estado Portuguesa. Es Venezuela. Pero lo que se está tratando en esta novela es universal. El personaje quiere ser aceptado socialmente; eso es universal y no es solamente de esta época.

Jaime Huertas Fernández no deja de escribir; es decir, de trabajar, porque la escritura es un trabajo de todos los días. Desarrolla una novela sobre periodistas venezolanos que, en 2019, deben enfrentar un problema. Tiene otra en la “cocina”, llamada “Los seres que nos miran”. Claro, hay que ver qué sobrevive de su crítico más acérrimo: él mismo. “En una primera etapa uno hace una narración para uno mismo. Es como esta conversación. Pero si lo llevas a un libro, que tienes tiempo, le das las correcciones necesarias. Eso lleva tiempo. Hay que volverlo a leer, repasar, repasar. Hay que engavetar”.

-¿Cuánto tiempo los deja reposar?

-Mínimo tres meses, hasta que uno se olvide y como que uno lee una novela nueva. Entonces lo que a uno le parecía maravilloso se da cuenta de que debió cambiar palabras y expresiones. Es un trabajo que no tiene que ver con la creación, sino con pulir.

Igual que los deportistas practican, expone, “el escritor también tiene que practicar con lectura, con estudio de su disciplina. No se puede ser carpintero si no conoces el nombre de los utensilios, para qué funcionan”.

No ha escrito sobre la pandemia. “No me gusta hablar de temas recientes. Me gusta dejarlos pasar y que se sopesen las emociones. Ahora hay muchas reivindicaciones sociales; yo no escribo sobre ellas, estoy esperando que pase el tiempo para una mejor visión”. Puntualiza: “Mis novelas no son ensayos. El día que yo quiera hablar mal de algo, que quiera hacer una crítica, hago un ensayo”.