En la galería Carmen Araujo Arte, ubicada en Las Mercedes, hay una cita importante para apreciar las obras del fotógrafo venezolano Beto Gutiérrez, quien reside en Argentina. En esta exposición individual titulada “Noche americana”, el artista visual ofrece su perspectiva acerca de la identidad, el proceso migratorio y el paisaje, así como otros temas centrados en la luz, la oscuridad y el cuerpo

De Madrid a Bogotá, de Argentina a Miami, o de Italia a Chile (por solo nombrar unas pocas ciudades o las que se han convertido en sus mayores plataformas), un abanico de talentos venezolanos en plena producción creativa y en sólidos caminos artísticos conforman la geografía que está dibujando el quehacer de la cultura venezolana en la diáspora.

  El fotógrafo y artista visual caraqueño Beto Gutiérrez es uno de esos valores, sin duda alguna, y ha regresado por estos días a Caracas, su ciudad natal, para compartir con su familia, amigos y público sus más recientes logros y también otros del pasado, en una muestra en la nueva galería Carmen Araujo Arte.

  Beto Gutiérrez (quien ya ronda los 40 años de edad) vive y trabaja en Buenos Aires, Argentina, desde 2011. Ha sido destacado en el Sur como una de las figuras artísticas más visibles entre los venezolanos que se han asentado allá (lean este artículo publicado en Argentina, en La Nación: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/personajes/en-busca-futuro-historia-artistas-venezolanos-llegan-nid2236331).

Su formación como fotógrafo, artista visual y docente la emprendió en la Organización Nelson Garrido; luego en “Imagomundi”, en las escuelas de Letras y Artes de la Universidad Central de Venezuela, y posteriormente en el Centro de Formación Profesional del Sindicato de la Industria Cinematográfica Argentina, donde estudió Dirección de Fotografía. Él lleva la ONG en Buenos Aires y forma parte de la Escuela Valores Divinos.

El hecho de vivir en Buenos Aires, es un dato a tomar en cuenta. Desde allí, de alguna manera “retrata” la crisis de Venezuela y entrega en sus trabajos su visión. Y en este sentido reseñamos este párrafo del curador de la muestra individual titulada Noche Americana.

“Aunque emplea la fotografía, para el abordaje de coyunturas políticas, Gutiérrez propone un lenguaje alejado del estilo documental tradicional. Interpreta la crisis en sus propios términos estéticos y autorales. En sus imágenes, el comentario político no es explícito, tiene un sentido velado, camuflado, que no se revela con urgencia, pero que toma al espectador por asalto”, analiza el curador Juan Pereza Guerrero, acerca de la entrega expositiva que hace Beto.

Beto Gutiérrez comparte con el público caraqueño un buen segmento de su trabajo en la exposición Noche Americana / Fotos: Rafael Briceño – Contrapunto

La exposición reúne tres proyectos específicos: La familia (2010), Noche americana (Day for Night)(2019) y Fotofobia (2010). Este grupo de obras aborda y reflexiona sobre temas como retratos de familia, la migración, la identidad, la luz y la oscuridad, el cuerpo y el paisaje, y la ciudad, Caracas, la ciudad con escenas que él ha convertido en imágenes nocturnas, con una luz muy velada, y según el curador Juan Peraza, a través de las cuales Beto “ironiza en torno a la estrategia oficial que elude responsabilidades respecto a la crisis energética que padece el país”.

Acerca de estas propuestas y su trabajo aquí y allá, conversamos con Beto Gutiérrez para Contrapunto.

—De los tres proyectos que integran la muestra, ¿cuál es el que más revela, desde el punto de vista técnico y profesional, el camino que sigue tu obra? Y ¿Cuál, desde el punto de vista interior, emocional, el que revela más lo que eres?

—Desde el punto de vista técnico y profesional, la serie que más revela sobre el lugar en que se encuentra mi obra ahora es Noche Americana (Day for Night, 2019), la cual da nombre a la exposición. Aunque vivo en Buenos Aires desde 2011, Venezuela es el lugar donde residen muchos de mis intereses y referencias. Noche americana identifica el punto de vista desde donde sigo la crisis generalizada: preocupado, pero inevitablemente desde afuera. Además, siento que esa obra sintetiza un procedimiento que me atrae mucho, el del gesto sencillo, pero contundente.

 Y desde el punto de vista interior o emocional, tendría que mencionar la instalación de La familia (2010). Antes de emigrar, reuní todos los portarretratos de mis parientes y fotografié su reverso frente a un fondo blanco, de modo que, como obra, siempre estará vinculada a mis afectos. Conceptualmente, hace referencia a dos cuestiones. Por un lado, a la fotografía misma, al retrato familiar como género establecido; por otro, a lo que se oculta detrás de la imagen de toda familia. Casi una década después, veo esta obra con otros ojos. Durante los apagones, desde el extranjero, la familia desaparece. La buscas una y otra vez en la pantalla del celular, pero no hay respuesta. Siguiendo esa idea, en esta oportunidad, las fotografías serán exhibidas en un portarretrato digital. Si se va la luz en la galería, las imágenes serán inaccesibles.

—Respecto a las obras que presentas, las relacionadas con la ciudad, quería preguntarte ¿cómo encontraste tu ciudad? ¿Tan oscura y velada como se aprecia en las imágenes que muestras en esta nueva exposición?

—En este viaje he vivido de todo. Un vuelo cancelado, maletas que creí perdidas, un apagón, un tiroteo de dos horas de duración a metros de mi casa. Durante el apagón, me asomé a una de las vistas de la ciudad que aparecen en la muestra, desde la terraza de la casa de mis padres. Lo que vi fue decididamente más oscuro que lo que se ve en mi foto. Es difícil traducir la oscuridad al papel. Sin embargo, al día siguiente, fue como si nada hubiera sucedido. Una luz majestuosa, pajaritos. Amo esta ciudad. Me parece que tiene un buen lejos, pero un close-up rudo.

—¿Podrías definir muy brevemente las etapas que ha seguido tu trabajo desde que te marchaste de Venezuela a Argentina, y cómo este país sureño ha mpactado tu oficio de fotógrafo?

Llegué a Argentina a principios de 2011. Una primera etapa estuvo marcada por la confusión, ya que perdí mis referencias directas. Fueron dos o tres años de casi inexistente producción, pero que me permitieron reflexionar sobre mi práctica fotográfica y sobre cómo percibía el futuro. 

A partir de 2014, en coincidencia con la creación de La ONG Buenos Aires —un colectivo artístico del que formo parte y que me dio el impulso para volver a fotografiar—, inició una segunda etapa cada vez más creativa. El tiempo ha sido fundamental para insertarme dentro del campo artístico argentino, que es amplio y competitivo, y también para (re)descubrirme a mí mismo como artista.

  Irse y ver más allá que estando aquí

—¿Cómo calibras el proceso migratorio venezolano hacia Argentina y qué aportes (si los ves) observas en la diáspora artística y creativa venezolana que está en Argentina?.

—Actualmente la comunidad venezolana es la de crecimiento más acelerado en Argentina. Se estima que a finales de este año, llegará a 200 mil personas. Esto se siente en la calle. En Buenos Aires, se escucha el acento en todos lados. He sido testigo de cómo la migración ha cambiado en el tiempo. En 2011, siempre me encontraba con estudiantes universitarios, que llegaban a la ciudad con un plan. Desde 2015 o 2016, la situación es diferente. Ahora veo familias enteras, hijos, padres y abuelos, adaptándose juntos a un nuevo lugar, insertándose inmediatamente en el mercado laboral.

Argentina siempre ha sido un destino atractivo para personas con inclinaciones artísticas, como cineastas, fotógrafos, actores. Recientemente, para un artículo publicado en La Nación, nos entrevistaron a varios artistas. Una estrategia común ha sido la de asociarse, crear grupos de trabajos y así no caer en el sentimiento de aislamiento que produce la migración. Te unes a otros y eres más fuerte y visible.


—El ojo del fotógrafo siempre va más allá y ve lo que muchos no vemos a simple vista, ¿cómo ve tu ojo y tu corazón de artista a Venezuela desde el Sur?

—La serie Noche Americana (Day for Night) (2019) sintetiza cómo veo a Venezuela desde el Sur. La oscuridad de las imágenes no hacen referencia únicamente a los apagones, sino también a todas las veladuras que dificultan ver y comprender lo que ocurre en el país sin la experiencia directa de vivir en él. Mi visión siempre está condicionada por los relatos de mis familiares y amigos, por lo publicado en los medios de comunicación. Es parcial. Pero al mismo tiempo, mis recuerdos de Venezuela son tan luminosos. Estando aquí compruebo que la luz tropical es tan hermosa. Por eso verás que la exposición está dividida en dos espacios, uno oscuro y otro luminoso.

—Cuéntame de los aportes y de los logros de la ONG Buenos Aires.

—La ONG Buenos Aires es un proyecto colectivo del que formo parte junto con María Antonia Rodríguez y Juan Peraza Guerrero desde 2014. Surgió a partir de La ONG, el espacio contracultural fundado por Nelson Garrido aquí en Caracas, al darnos cuenta de que, como migrantes, nuestras posibilidades se multiplicaban al asociarnos. Es una propuesta educativa y artística. Gestionamos talleres que abordan, a través de la fotografía, temas como la identidad, los márgenes y la exploración del cuerpo. Estos talleres sirven, además, como puentes de contacto con el campo fotográfico de la ciudad. En 2018, con el apoyo del Fondo Nacional de las Artes, desarrollamos un ciclo de talleres gratuitos en distintos puntos del país.

También hemos explorado la web como espacio de intercambio. En 2017, coordinamos un diplomado online en fotografía contemporánea. Asociados con Sub, Cooperativa de fotógrafxs, otro colectivo fotográfico, creamos una plataforma llamada Común, que lleva adelante programas de aprendizaje a distancia en fotografía. El 12 de agosto, comienza una segunda experiencia que hemos llamado “Latencia y revelación”. No sé cuándo saldrá publicada esta entrevista, pero lanzamos una convocatoria para becar a un fotógrafo residente en Venezuela, conscientes de las dificultades que atraviesa el país. Los detalles del llamado están en nuestro website (Website: www.laongbuenosaires.com) y se puede conocer mucho más del trabajo por (Facebook: www.facebook.com/laongbuenosaires/ Instagram: www.instagram.com/laongbuenosaires/ Website de Común: www.territoriocomun.com.ar / Instagram de Común: www.instagram.com/territoriocomun/)

—Tu CV señala que formas parte de Valores Divinos, ¿cómo esa experiencia interior, espiritual, se ha enlazado con tu oficio de artista y fotógrafo?

—Gracias por esta pregunta. Mi entrada a la Escuela Valores Divinos ha impactado profundamente mi vida y me ha hecho revisar mi producción artística. Precisamente, la serie “Noche Americana (Day for Night)” (2019) se me ocurrió mientras meditaba. Hoy más que nunca percibo la práctica artística como un proceso de iluminación. Yo soy fotógrafo, por lo que mi materia prima es la luz. Pienso que este será un tema que seguiré explorando durante un buen tiempo y que me permitirá reflexionar sobre el medio fotográfico, la cámara, la mirada, la luz y la oscuridad.

—Hacia qué va tu creación fotográfica…

—No lo sé. Definitivamente, el retrato seguirá siendo mi género de mayor interés, ya que me permite tender un puente hacia los demás. También estimo que seguiré explorando el tema de la luz. Me interesa saber de qué está hecha la fotografía, desentrañar las operaciones físicas, intelectuales y espirituales que subyacen en el medio fotográfico y en la operación de creación de imágenes.

La galería Carmen Araujo Arte mantendrá abierta por varias semanas más Noche americana, en su sede de Las Mercedes -y hay que decirlo y reconocerlo, un emprendimiento valiente en estos tiempos- un nuevo espacio expositivo dedicado a la fotografía venezolana y latinoamericana, que está ubicado en el Edificio San Carlos, piso 2, apto 5, en Las Mercedes, Calle California con Avenida Jalisco, en Caracas (como referencia adyacente a la Bomba Texaco).