Remiendos de cenizas y sombras es un libro que transita el camino de la sanación espiritual y una ruta a dibujar parte de la realidad que le ha tocado vivir a muchas mujeres, madres, abuelas en los turbulentos tiempos de los últimos años en Venezuela.
Su autora, Roma Rappa, cuenta que “este libro se comienza a escribir en 2017”, pero explica que no se escribía en las páginas tradicionales de los libros.

“Se comienza a escribir en las redes sociales, en mis redes sociales y a través de una narradora, de una protagonista que es una anciana maestra que soy yo, que es mi mamá, que es la mamá de Pernalete, que es la mamá y la abuela de tantos muchachos que cayeron en el asfalto en esas protestas de 2017. Este es un libro que tiene una profunda conexión con un mundo de lo poético que a mí misma me sorprendió descubrir”, señala la dramaturga y periodista.
El encuentro se produce en la presentación de la obra en la Biblioteca de Los Palos Grandes, en Chacao. Allí junto al director editor de Sultana del Lago, Luis Perozo Cervantes, conversaron sobre el texto que el propio Perozo prologó.

“Cuando comenzó este año, el 3 de enero y fuimos también sorprendidos. La metáfora de las bombas que se escribieron en 2017, que narraba la anciana maestra que recorre una ciudad devastada, bombardeada, yo lo tomé como la señal de es el momento de hacer el libro. Porque además esta anciana maestra me acompañó en procesos personales, esto es una obra muy autorreferencial, pero también es el registro del tránsito que hice del mundo de la escritura narrativa a la escritura dramatúrgica”, comenta Roma Rappa.
La escritora, gentilmente, accede a conversar con nosotros al terminar el acto y le preguntamos qué trae el tercer libro que hace con la editorial Sultana del Lago.
“Trae mucha autobiografía, mucha autoficción. Trae muchas confesiones, trae muchos relatos dolorosos, pero necesarios. Trae el tránsito de las mujeres, de muchas mujeres del pasado, del presente y probablemente también del futuro de esta Venezuela que ha sufrido tanto en los últimos 20 años y que ha visto ver partir a sus hijos, a sus sobrinos y ver caer en el asfalto de nuestras autopistas a nuestros jóvenes asesinados simplemente por pedir libertad y justicia”, señala.
– En el periodismo se reflejan esos casos. ¿Cómo ahora lo enfrenta desde la literatura?
– Lo enfrentamos en una búsqueda paradójica de la poética dentro del dolor. Es un sin sentido quizás pensar en estos términos, pero a veces es la manera como iniciamos caminos de sanar el alma entre tanta verdad, entre tantas noticias dolorosas que hemos tenido que enfrentar. Mi propuesta con esta anciana maestra que narra, que es la conductora de esta de estos relatos breves y de esta obra de teatro que está contenida en el libro, es relatar a nuestras mujeres, nuestras madres, nuestras abuelas, muchas veces diciendo a Dios antes de tiempo, pero desde desde la belleza que la literatura y que la literatura poética nos permite contar desde lo más profundo de la rudeza que la historia nos ha hecho vivir.
– De la dramaturgia a un acercamiento a la poesía.
– Quizás es atrevido en mí que realmente por mi esencia periodística soy una narradora innata, pero sí me he estado dando el permiso, en especial con este libro, de descubrir también que el tono de lo poético, quizás no poesía, pero sí el tono de lo poético, es un camino elegible para contar las cosas que nos causan dolor.





