En el jugueteo de la noche siempre existe la posibilidad de encontrarse entre una resaca o en el replanteamiento de la vida tal como la conocemos y en el universo de D’Menoides, ambos planteamientos pueden conducir al mismo lugar: una canción. Con VAM (Vida, Amor y Música), la agrupación venezolana construye un recorrido por las distintas formas de enamorarse, equivocarse, jugar, partir y volver a creer, sin renunciar al pulso festivo del pop.
El álbum funciona como una historia sentimental en once capítulos que juguetean entre el pop y el espíritu festivo sin reducir el amor a una historia de finales felices. Su canción homónima presenta las coordenadas de ese viaje: un romance aparentemente común que, entre acordes y locura, pierde la cordura. Lo que comienza como un juego termina convertido en un universo propio. La vida, el amor y la música no son aquí conceptos abstractos, sino las fuerzas que ordenan el relato.
Esa tensión le da sentido al viaje. Si canciones como Putified y Romance de Bar se entregan a la espontaneidad y al juego de la seducción, otras exploran la vulnerabilidad que aparece cuando baja la euforia. En Me Tengo Que Ir y No Te Voy a Fallar, la distancia y la despedida se convierten en pruebas para el afecto. Dame Más y Ser Feliz miran hacia otra posibilidad: sanar, recuperar la confianza y entender que amar también exige reconocer el propio valor.
Compuesto y coproducido en partes iguales por Erick Mora (Índigo) y Miguel Guzmán (Fredo), VAM reúne once canciones que construyen un relato con distintas aristas emocionales. Su producción conecta Maturín, Caracas y Barranquilla, en un proceso en el que también participan Ricardo Boscán (J. Fresh), Luis Amundaray y Juan Carlos de la Cruz, entre otros. El disco cuenta, además, con las colaboraciones vocales de Maeva y Lichy Escorcia. La mezcla estuvo a cargo de Amundaray y la masterización, de Boscán.
El cierre, Space Beach Chillin’, devuelve la historia a su punto de partida: un viaje que sale de Maturín y apunta al mundo. Porque crecer no necesariamente significa renunciar a la rumba, al deseo o a la espontaneidad. A veces significa aprender a convivir con las consecuencias de lo que sentimos, despedirnos cuando toca y atrevernos a comenzar de nuevo.


Con VAM (Vida, Amor y Música), ya disponible en todas las plataformas, D’Menoides encuentra en el pop un espacio para contar esa adultez imperfecta que todavía se enamora como si fuera la primera vez, pero ya sabe que la vida no siempre sigue el guión. Al final, entre tanto amor, tanta vida y tanta música, la promesa no es tener todas las respuestas: es seguir bailando mientras las encontramos.





