Es el día lunes 5 de octubre, está cayendo el sol hacia el oeste y el transporte público nos deja en la bomba (estación de servicio) que está los pies de los campos de golf de Caraballeda, con el esqueleto de una de las OPPPE al frente.
Vamos en busca de una mujer que fue sacada de los escombros dos días después de los terremotos del día de San Juan. Ahora vive en una carpa, casi a la intemperie, junto a sus vecinos sobrevivientes. Requiere ser operada nuevamente del tobillo y además necesita comprar medicamentos, entre ellos fenobarbital.
Contactamos a África Montilla, la enfermera que decidió quedarse en La Guaira. Ella asiste a todos los que puede en esta zona y conoce la tragedia de los vivos que buscan no cambiar su estatus en la tierra y apenas pueden pensar un día a la vez.
Caminamos. Un vaho parecer abrazar nuestra respiración. La humedad castiga. La ropa se pega a la piel. A lado pasan los carros mientras avanzamos hacia la plaza que llaman «Las Palmas», en Tanaguarena
Al llegar, vemos a soldados recogiendo lo que parece un campamento. Desarman estructuras metálicas. Las lonas que hacían de techo ya fueron recogidas. Los tubos que las sostenían son lanzados a un camión pintado de verde olivo. «¡Buenas tardes!», responden a nuestro saludo de cortesía.


Llegamos un toldo que cubre dos carpas pequeñas, en cada una, caben dos personas apretadas. Vicky Núñez está allí. Sentada al frente. Con la pierna izquierda en alto. Desde lejos parece hinchada, de cerca se comprueba la primera impresión.
– A un poco más de 100 días de los terremotos… ¿cuál es su situación en esta plaza de Tanaguarena?
– Requiero, con urgencia, ayuda para conseguir un refugio. Casi todos los que estamos aquí lo necesitamos. Donde estamos viviendo ahora no podemos estar en estas condiciones. Para colmo, me acaban de decir que tengo que operarme nuevamente. Imagínese lo que significa otra operación y más gestiones viviendo en una carpa. Yo necesito que las autoridades se aboquen a nosotros, los que estamos en esta situación, porque de verdad necesitamos una gran ayuda.
– Ustedes vivían en las edificios que llaman OPPE. ¿En cuál de ellos estaba y en qué piso se encontraba su apartamento al momento del sismo?
– Yo vivía en la OPP 25 de Tanaguarena, en la Torre F. Eran dos torres en una sola estructura y ambas se derrumbaron por completo. Mi apartamento estaba en el piso 10. Fue algo impresionante, de verdad que no se lo deseo a nadie. En ese momento estaba con mis dos tíos y mi perrita. Lamentablemente, mi perrita y uno de mis tíos fallecieron. Mi otro tío, gracias a Dios, está con vida y logró salir conmigo.
Bajo el concreto
– Ustedes pasaron hasta el 26 de junio bajo los escombros. ¿Cómo lograron mantenerse con vida y en qué estado se encontraban hasta que llegaron los rescatistas?
– En el momento en que abrimos los ojos todo era oscuridad absoluta. Yo le decía a mi tío: «Cálmate, vamos a quedarnos tranquilos». No veíamos nada, no teníamos cómo salir y la desesperación era muy fuerte. Él se podía mover un poco, pero yo no, porque tenía una columna de concreto encima. Mis heridas eran muy grandes; por el dolor, yo sentía que tenía las dos piernas partidas. Rezamos muchísimo. No sé cuántas veces recé hasta que le dije a mi tío que nos apoyáramos entre los dos para gritar por auxilio.
– ¿Gritaban constantemente para que los escucharan?
– Sí, pero nadie nos escuchaba. Estábamos atrapados bajo el concreto. Hasta que empezamos a escuchar pasos arriba. Con una piedrita empezamos a golpearle al techo, pero teníamos los pisos 11 y 12 encima de nosotros; era casi imposible que nos escucharan. Mi tío llegó a decirme: «Aquí nos vamos a morir», pero yo le respondía: «Tengamos fe, tío, que de aquí vamos a salir». Sentíamos las réplicas del temblor toda la noche. Era una angustia horrible sentir que el resto de la estructura nos iba a aplastar, pero nos aferrábamos de las manos y orábamos.
– ¿A qué hora se percataron de que los rescatistas ya estaban allí? ¿Cómo fue el proceso para sacarlos?
– Nosotros ahí abajo no escuchábamos nada. Mi tío me decía que no se oían ambulancias ni bomberos. Los verdaderos rescatistas fueron mi hermano, mi pareja, mi hijo y el papá de mi hijo; eso lo supe después.
Vicky llora al revivir esos momentos. Le hacemos señas para parar la conversación y ella continúa su relato.
«Era muy fuerte estar ahí sin poder hacer nada más. No puedes hacer nada más. Con miedo, con mucho miedo porque sentíamos las réplicas. Se sentían mucho las réplicas toda la noche. Toda la noche las réplicas», señala con la vehemencia de quien quiere hacer saber lo desesperante de la situación y nos toma por el brazo con fuerza.
– Estás aquí. Y puedes contar tu historia. Eso es valioso.
– Sí. Gracias a ellos que lograron abrir un hueco para poder sacarnos porque no había por dónde salir. Cuando por fin logré ver la luz, escuché la voz de mi hermano que me dijo: «Soy yo, el Nené». Para mí fue un impacto enorme. Le supliqué: «¡Hermano, sácame de aquí, no me dejes aquí!». Él me pedía que me calmara, que toda la familia estaba ahí y que no me dejarían sola. Primero sacaron a mi tío, y a mí me sacaron de segunda. Tuvieron que romper más concreto porque mi contextura es más gruesa. Cuando salí, ya vi que había bomberos ayudando alrededor.
– Luego de sacarla de los escombros, ¿a dónde la trasladaron y cuál fue el diagnóstico médico?
– Primero me llevaron a un puesto de emergencia en los campos de golf. Ahí, en medio del colapso y sin anestesia, me agarraron unos puntos provisionales para contener las heridas de la pierna hasta que pudiera llegar a un hospital. De allí me trasladaron al hospital de Ciudad Caribia. Me operaron el 28 de junio con un diagnóstico de fractura grave de tobillo y me colocaron un tornillo. Estoy muy agradecida con el personal de allá, especialmente con la doctora Brito, que me atendió muy bien. Estuve diez días en el postoperatorio.
– Si ya la operaron.. ¿por qué le dicen ahora que deben operarla nuevamente?ç
– Lamentablemente, el tornillo que me pusieron no funcionó, no hizo nada. El especialista me revisó y me dijo que hay que volver a operar para colocar unos alambres. Pero fíjese en las condiciones en las que estoy viviendo, en una carpa en la calle. ¿Cómo me voy a operar otra vez y volver a pasar un postoperatorio aquí?
– Al salir del hospital de Ciudad Caribia… ¿recibió algún apoyo el Estado?
– Ninguno. Al salir del hospital me fui a casa de mi padrastro, donde vive mi mamá. Estoy sumamente agradecida con él y con su hija porque me alojaron y me cuidaron. Pero la realidad es que no estábamos recibiendo ayuda de ningún ente competente. Yo tenía puntos por todos lados y no podía irme a un refugio o a una carpa en ese estado. Una vez que me quitaron los puntos, tomé la iniciativa. Fui con mi mamá, mi hijo y mi tío a la Alcaldía y a la Gobernación a solicitar ayuda, pero no recibimos respuesta. Al final, vi que no tenía nada, que no tenía casa, y decidí venirme a una carpa junto a mis vecinos de la OPP 25.
Al día de hoy
– ¿Cuántas personas de su edificio se encuentran viviendo actualmente en esta plaza?
– No sabría decirle el número exacto, pero aquí somos una familia completa, (con mano señala hacia el frente de su carpa) Allá incluso hay vecinos que tienen un bebé recién nacido, de apenas un mes de vida. Yo estoy aquí instalada con mi tío, mi pareja y mi hijo mayor de 22 años.
– Y aquí está usted con su tío, con su pareja y su hijo mayor. ¿Qué edad tiene?
– Él tiene 22 años.
– ¿Y cómo resuelven el tema de la comida, los medicamentos que usted necesita para su pierna, para su tratamiento?
– Muchas personas han llegado, no como los primeros días, que daban mucha ayuda, pero sí. Hemos recibido algunas ayudas que llegan con un medicamento y nos dan. La comida, algunos que llegan en camioneta, tienen comida y nos dan comida.
– ¿Hay alguna ayuda oficial del Estado que les haya llegado hasta acá, hasta este sitio?
– Que yo sepa, desde que yo estoy aquí no. Desde que yo estoy aquí no. Nosotros estamos como abandonados.
– ¿Cuál es su llamado en este momento? ¿Qué necesitarían ustedes y cuál sería la forma en que podrían comenzar también a reconstruir su vida, la casa, trabajo, la urgencia de su situación médica?
– La verdad es que mi situación médica es preocupante. Me deben volver a operar porque es difícil estar así sin poder caminar. Yo no puedo ni siquiera afincar el pie. Nosotros necesitamos el apoyo. Necesitamos nuestra casita, pero sabemos que en estos momentos no va a ser fácil, pero aunque sea la ayuda del refugio, porque hay refugios que sí pueden tener a las personas. No como uno los quiere, pero sí los hay, pero nos tienen así en el abandono. Estas personas igual que ellos lo necesitan, porque son mis vecinos y ellos me alojaron aquí: «Vicky, quédate aquí, te amamos». La señora Silvia, a la que yo le digo mamá. Todos elos me han ayudado desde que llegué aquí.A veces me encuentro sola porque están trabajando los que están conmigo y ellas me ayudan, me prestan el apoyo, me llevan al baño y siempre están conmigo.
Finalmente Vicky Núñez hace un llamado a de auxilio al Estado para que intervenga y busque respuestas a lo que se vide en la plaza «las Palmas» de Tanaguarena: «Le pedimos a los agentes competentes que nos ayuden. Que no nos olviden. Que las personas que estamos en las carpas, también necesitamos el apoyo de ellos, no solamente los que están en refugio, sino los que estamos en carpas también».
Ya el sol se ocultó y las luces se hacen «poquitas». Debemos correr a buscar el último transporte público que sube a Caracas. Dejamos a Vicky Nuñez con el pie izquierdo sobre un banco; su tío buscaba acomodo en la carpa mientras su pareja -a lo lejos- hacía mantenimiento a una moto de baja cilindrada. Dos ventiladores pelean con el calor y parecen empujar al viento la esperanza los sobrevivientes de la OPPPE 25, que viven en carpas en una plaza del sector Tanaguarena en La Guaira.





