Los economistas Alejandro Grisanti y Luis Crespo prevén que Venezuela cerrará 2026 con un crecimiento superior al 6%, mientras que el tipo de cambio oficial pasará los 1.000 bolívares por dólar, en un contexto de una desaceleración, pero elevada inflación que puede rondar entre 260% y 300% a final año.
Grisanti, director socio de la firma Ecoanalítica, dijo que calculan que el PIB crecerá alrededor de 6,6% en 2026. «Las cifras oficiales muestran un primer semestre de dos velocidades: en el primer trimestre, la economía creció 2,51%, impulsada por la actividad no petrolera (3,11%), mientras el PIB petrolero cayó 2,12%, afectado por el exceso de inventarios acumulados por el bloqueo a las exportaciones de crudo vigente hasta los primeros días de enero», detalló Grisanti.
Agregó que en el segundo trimestre de 2026 el crecimiento se aceleró a 7,14%, con un alza de 9,10% en la actividad petrolera y de 5,79% en la no petrolera. Entre los sectores no petroleros destacaron las actividades financieras y de seguros (26,26%) y la construcción (16,11%).
Para el segundo semestre (julio-diciembre) Ecoanalítica calcula un crecimiento promedio de entre 8% y 9% interanual, «sostenido principalmente por una visión favorable tanto para el sector petrolero y no petrolero».
Destacó que, según datos de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), en lo que va de año Venezuela ha experimentado un crecimiento de 5,6% en su producción de crudo.
Por su parte, Luis Crespo, profesor universitario y master en moneda e instituciones financieras, explicó que tras el doble terremoto que ocurrió el 24 de junio se recalculó la actividad económica venezolana para el segundo semestre y ahora su crecimiento ronda entre 6,5% y 7% al cierre de año.
«Al principio de 2026, los eventos del 3 de enero y las nuevas relaciones comerciales del gobierno encargado de Venezuela con el gobierno del presidente Donald Trump generaban expectativas que superaban los dos dígitos de crecimiento para el PIB (…) En el último cuatrimestre se espera que haya mayor dinamismo con respecto a a 2025 de los sectores manufacturero, industria y construcción, así como se espera que se va dinamizar el gasto interno de la economía», dijo.
Inflación y tipo de cambio
Ambos economistas coinciden en que, aunque se está registrando una desaceleración en la inflación intermensual, la política monetaria del Banco Central de Venezuela (BCV) no permite resolver los problemas estructurales de la economía nacional.
Grisanti indicó que Ecoanalítica proyecta una inflación de 262% al finalizar el año, con una inflación acumulada de aproximadamente 20,8% para el último cuatrimestre -de octubre a diciembre- y con un promedio mensual cercano a 4,8%.
«Sería una desaceleración significativa frente a los cuatrimestres previos. Equivale a apenas una quinta parte de la inflación acumulada en estos últimos cuatro meses de 2026. Esta trayectoria supone un ritmo de ajuste cambiario más moderado», expresó.
Grisanti proyecta un aumento de 33,7% para el tipo de cambio oficial entre agosto y diciembre, lo que equivale a una devaluación de 25,2% de la moneda local. Esto implica -según dijo- que la tasa del BCV cerrará 2026 cerca de 1.060 bolívares por dólar, mientras que para el tipo de cambio de mercado (paralelo) se anticipa un incremento de 26,4% en el mismo período, «es decir, una depreciación de 21%, hasta ubicarse en torno a 1.175 bolívares por dólar».
«La lectura central es que la tasa de mercado mantendría un ritmo similar al de su evolución reciente, apenas 2,6 puntos porcentuales por debajo del promedio de los dos primeros cuatrimestres. El cambio relevante estaría en la tasa oficial, y es que su ritmo de ajuste sería más de 25 puntos porcentuales inferior al de los dos cuatrimestres anteriores, aunque seguiría avanzando más rápido que la de mercado”, indicó.
Explicó que el resultado sería “una convergencia entre ambas tasas, con un diferencial cambiario que pasaría de cerca de 17% en junio a alrededor de 11% en diciembre, cercana al diferencial de las últimas semanas. Cabe acotar que esto dependerá de las decisiones de política en el mercado cambiario en lo referente a las intervenciones de divisas por parte de la autoridad monetaria de la nación hacia la banca nacional».
A juicio de Luis Crespo, el tipo de cambio del BCV «mantendrá el mismo comportamiento de devaluación a pesar de los niveles de oferta que se han generado, sin resolver los problemas estructurales». Prevé que puede llegar entre los 1.180 y 1.200 bolívares por dólar a final de 2026.
«Observo altos niveles de inflación que pueden cerrar 2026 en torno a 350%. Estamos hablando de tres dígitos, que sería menor a la 2025, pero de magnitudes significativas”.
Según Crespo, en lo que va de año el BCV ha inyectado alrededor de 13.000 millones de dólares a la banca nacional, casi el triple de lo que intervino en 2025 que ofertó 5.400 millones de dólares al mercado cambiario.
Poder adquisitivo
La pregunta común que se realizan los venezolanos tras las perspectivas de mejora para la economía es: ¿Cuándo realmente empezarán a percibir este alivio en sus bolsillos? Ante ello, tanto Alejandro Grisanti como Luis Crespo advierten que la capacidad de compra irá incrementándose progresivamente a partir de 2027.
«Las mejoras en el poder adquisitivo no llegarán de golpe, sino de forma escalonada, En primer lugar, la desaceleración de la inflación reduce la erosión del ingreso. En nuestro escenario, los ingresos indexados al tipo de cambio oficial, como el ingreso mínimo integral, ganarían cerca de 10% en términos reales durante el último cuatrimestre del año, aunque desde una base muy baja, por ejemplo, los 240 dólares del ingreso mínimo integral solo cubrirían el 31,7% de la canasta básica, estimada en 756,4 dólares por la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM)», sostuvo.
En segundo lugar, considera que el cierre de la brecha cambiaria reduce la pérdida de quien cobra a tasa oficial y compra a precios referenciados, que suelen ya estar ajustados al diferencial. Y, en tercer lugar, de acuerdo con el índice de ventas comerciales (IVC) de Ecoanalítica ligadas al consumo, han registrado un crecimiento para el período enero-agosto de 2026 de 3,6% interanual, mientras el BCV estima un crecimiento en los primeros dos trimestres del consumo privado de 4,44% y 6,95%, respectivamente.
Esto «muestra una recuperación, aún incipiente, del consumo y extrapolable al ingreso. Sin embargo, su traslado a los salarios será lento y desigual, donde el sector privado ajustará más rápido que el sector público que pareciera mostrar como prioridad controlar la inflación. Si la inflación consolida su desaceleración, los primeros efectos en el bolsillo podrían percibirse a mediados del 2027. Una recuperación amplia, que alcance también a los sectores más vulnerables, podría tomar más tiempo», apuntó Grisanti.
En tanto, Luis Crespo ratificó que si el Banco Central de Venezuela no toma las medidas estructurales para resolver el problema de la inflación, las distorsiones de precios, el alza constante del tipo de cambio y no se define una política cambiaria que logre ajustar los desajustes en ese mercado, «vamos a ver mucha asimetría en la generación y distribución de riqueza».
«¿Qué está planteado y qué es lo que ven los venezolanos a diario? Anuncios multimillonarios de inversiones, de proyectos en distintas áreas, una danza de millones, pero el salario mínimo todavía está congelado desde el 15 de marzo de 2022, las bonificaciones que recibe, que han cambiado de denominación, lo antes llamado bono de guerra, que ahora lo pretenden llamar ingreso mínimo vital, significa el 40% de la cesta alimentaria y la inflación se come en gran parte esos ingresos», sostuvo el economista.
Perspectivas 2027
Para 2027, ambos economistas prevén un mejor panorama macroeconómico, tomando en cuenta las inversiones en la industria de hidrocarburos que pueden ayudar a estabilizar varios factores económicos.
Ecoanalítica proyecta para inicio del próximo año una mayor desaceleración de la inflación, con tasas mensuales que converjan hasta situarse en torno al 5%. «Bajo esta dinámica, anticipamos una evolución más estable del bolívar frente al tipo de cambio oficial y frente al Tether (USDT), menor volatilidad, tasas de ajuste considerablemente inferiores a las de inicios de 2026 y un diferencial cambiario acotado».
Grisanti indicó que en cuanto a la actividad económica espera que 2027 sea el año en que el cambio de expectativas, asociado al nuevo momento político y de inversión, comience a materializarse.
«El motor principal seguirá siendo el sector petrolero, cuyo desempeño dependerá de la ejecución y entrada tangible de las mencionadas inversiones provenientes de los nuevos acuerdos y del marco legal aprobados este año. A este se sumarían sectores no petroleros con un gran potencial de expansión, como el financiero, el minero, el manufacturero y el agrícola que, además, cuenta con una viabilidad de crecimiento vertiginoso producto del efecto base tras los múltiples años de caída», aseveró el economista.
Luis Crespo a avizora 2027 con el anuncio de un «plan económico donde se ataquen los problemas estructurales de la economía» en términos monetarios, cambiarios y fiscales, con el objetivo de poner fin a los desajustes de precios y el mercado cambiario. «Dependiendo de eso serán los resultados de las variables como inflación, tipo de cambio, poder adquisitivo, pobreza, desigualdad, inequidad».
A su criterio, si no se concretan estas medidas, la economía venezolana continuará transitando por los mismos desajustes de este 2026.
«El primer trimestre de 2027 será un año en términos de PIB, variable que mide actividad económica, más no distribución de riqueza ni equidad. Esa variable será en término positivo de crecimiento económico dado la reactivación del sector petrolero, se estarían ya concretando los anuncios, los convenios en el sector de la minería y en el sector petrolero, y deberían darse ya algunos resultados en términos de sistema eléctrico nacional», manifestó Crespo.





