El nombre de Zoraida Millán es uno de los que escribieron en un muro -lo único en pie- del edificio Celtamar 1, en Caribe. Su nombre es una forma de mantenerla viva en la memoria de quienes se mantienen tras su rastro. Porque más de 100 días después de los terremotos, Zoraida no aparece. No se sabe dónde puede estar su cuerpo. Pero si algo tiene claro su sobrino, Rommy Millán, es que no la dejará perdida entre las ruinas. Ya sacaron a cerca de 14 personas, y solamente falta ella.
«No nos vamos a mover hasta que la consigamos», asegura. «Es una lucha que tenemos desde el día cero. No nos vamos a mover. La vamos a sacar. Cada tarde, cuando se van las máquinas, nos quedamos mi primo y yo, los familiares, y oramos y pedimos que la podamos conseguir, y nos retiramos. Saliendo el sol, al día siguiente, estamos de nuevo acá».
El pasado viernes 2 de octubre, Millán la seguía buscando. Tenía el apoyo de varias máquinas, y una noción del sitio donde podría estar, pero nada más. «Ella vivía en el primer piso. Con los terremotos del 24 de junio, el apartamento bajó hasta el sótano 2». Una parte quedó de un lado. «El edificio de al lado se vino encima hacia el de nosotros». El mayor daño ocurrió justo en la zona donde residía Zoraida.
Han sido días difíciles para la familia. Mucho más, para él. «Tenemos dos máquinas trabajando en el edificio, y hay otras dos o tres trabajando afuera sacando el escombro», refiere. Son equipos, según entiende, de Obras Públicas, a los que se sumó la gente de Miyamoto. Detrás de los escombros hay mucho trabajo manual, noches de herramientas contra el concreto, gente que ayudaba.


Millán resalta que se mantienen de lunes a lunes, entre las 8:00 de la mañana y las 6:00 de la tarde: «Desde que arrancan las máquinas, hasta que las apagan». Han contado con la colaboración de algunos topos, pero el terreno es inestable. Pide que el esfuerzo no pare. «Que ellos sepan que se rescató la última persona, y que se lleven los escombros». Necesitan más: agua, alimentos: «Lo que puedan dejarnos a nosotros será bienvenido». Escasean las comidas, se acabó el agua. «Esto no ha terminado; esto continúa. Lo que me daría paz es conseguir a mi familiar, sacar a mi tía. No vamos a descansar hasta sacarla de aquí. De aquí nos la llevamos. Estaremos día y noche. Muchos me escriben y me dicen ‘no vas a sacar nada, solo huesos’. Pero son los huesos de mi tía y a esos huesos les daremos cristiana sepultura. De aquí no nos vamos a mover».







