Escuela Simón Bolívar de Caraballeda mantiene viva la llama de la esperanza a pocas cuadras de la devastación que sembraron los terremotos

Hay que demoler al menos cinco paredes y hacerlas de nuevo, además de reparar varios salones, explicó el director del plantel, el profesor Leonardo Suárez / Texto y fotos: Vanessa Davies

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Una etiqueta verde recibe a quienes visiten la Unidad Educativa Simón Bolívar de Fe y Alegría en Caraballeda. Según el semáforo de habitabilidad, esto indica que está en buenas condiciones para mantener sus actividades. Pero el plantel, que perdió 30 estudiantes debido a los terremotos del 24 de junio, lleva las cicatrices de los sismos en su infraestructura. Un recorrido por sus instalaciones evidencia algunas de esas heridas en las paredes.

Se resquebrajó una pared de la sala de telemática, sala que es utilizada por alumnas y alumnos de todo el plantel. En algunos salones se observan las grietas que dejó el movimiento telúrico, dispersas entre sillas de los más chiquiticos. En la antigua sede del preescolar, ubicada en la parte de atrás, la pared parece que va a venirse abajo solo por acercarse a ella.

«Tenemos dos paredes que colapsaron y hay que terminar de demolerlas: la de la cancha y la de la perimetral del cementerio de Caraballeda. También tenemos tres paredes que quedaron sentidas y que deben ser demolidas porque generan un riesgo: la de la entrada principal, la del antiguo preescolar y la del salón de telemática», detalló el director del plantel, el profesor Leonardo Suárez, en un recorrido realizado este miércoles 12 de agosto.

También hay que reparar frisos en las aulas del módulo de primaria y preescolar. Tal vez no implican un peligro para la estructura, pero sí, para un estado de ánimo alterado como el que tiene la comunidad: no hay que ir muy lejos para encontrarse de frente con el terror que causó el doble terremoto a su paso por casas y edificios.

El director tiene siete años al frente de una escuela que pasa de los 60. Sus palabras son claras. «Esas reparaciones se requieren para poder garantizar un regreso a clases en espacios seguros. La inversión puede superar los 20 mil dólares para hacer las reparaciones seguras y que se cumpla con los parámetros para soportar futuros riesgos», enfatizó el docente. Las cifras no dejan de asombrar: 18 mil dólares un muro, y son varios. A un colegio que se sostiene con lo que las familias pueden pagar (20 o 40 dólares), cualquier extra lo saca del futuro.

En otras palabras, la institución no tiene los recursos para costear los trabajos. «Continuamos buscando aliados, personas que estén dispuestas a aportar para nuestra escuela y poder recuperarla para garantizarles a nuestros niños el regreso a clases». Demoler la pared de la cancha para levantarla de nuevo, y construir un espacio deportivo como el que niñas y niños merecen, es uno de los sueños de Suárez. «Aquí formamos campeones», enfatiza.

A pocas cuadras del lugar donde todavía se buscan cuerpos y el tiempo transcurre entre el polvo y las máquinas, esta unidad educativa se mantiene con las aulas abiertas. Fe y Alegría decidió que siete planteles trabajarían en agosto para acompañar a más de 1.500 niñas, niños y adolescentes de La Guaira, Caracas y Puerto Cabello, y la Simón Bolívar de Caraballeda es una de las elegidas. Este plan vacacional se concreta gracias a maestras como Jhenny Mata, que deja a un lado su propia tragedia para aliviar la de otros. Mata, quien perdió familias y, también, su casa, saca fuerzas para dibujar con los niños e inventar juegos y fiestas.

Fe y Alegría mantiene siete escuelas abiertas en agosto para acompañar a más de mil niños y jóvenes afectados por los terremotos

La expectativa de Suárez es poder atender en septiembre a unos 400 niños y niñas en un nuevo periodo escolar. Y, como lo recordó el maestro, pueden recibir a mil. Sabe que la situación no es la mejor, porque perdieron buena parte de su alumnado como consecuencia de los sismos, y todavía siguen desaparecidos cuatro integrantes de la cantina. Pero el colegio sigue en pie, y también, su personal.

"La educación de los pobres no debe ser una pobre educación", dijo en su momento el padre José María Vélaz, creador de Fe y Alegría. Hoy, Leonardo Suárez honra esa frase e insiste en conseguir lo mejor para sus muchachos. Bastante sufrimiento han vivido ya: una graduación de fotos con medallas colgadas, porque los graduandos fallecieron en los terremotos, es una imagen dolorosa que desean sanar con nuevas risas en septiembre.

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