Parece que los elementos se volvieron contra la gente. Parece que el viento sopla más fuerte, que el sol te abraza (y abrasa) a propósito, que los relámpagos son una amenaza, que la Tierra quiere cobrarse una larga factura. La ciencia no pesa tanto cuando de percepciones se trata. Pero sí hay cosas sobre las que alerta el conocimiento científico que son medibles.
Alejandro Álvarez, coordinador de Clima 21, afirma que hemos sacado los remaches de seguridad del ambiente sin darnos cuenta. Hasta que ocurre la crisis y esa crisis estalla en el rostro. «El cambio climático en este momento no lo podemos parar. El Niño no lo podemos parar, y los efectos son inevitables», precisa Álvarez en conversación telefónica con contrapunto.com.
«El terremoto es una amenaza, El Niño es una amenaza, pero ¿qué hay del otro lado? La vulnerabilidad muestra qué tan preparados estamos. Un país como Japón, que está en grave amenaza por los sismos, ha desarrollado planificación que lleva a las comunidades a estar preparadas todo el tiempo; hay protocolos para que los edificios tengan normas de seguridad establecidas, se producen simulacros de evacuación». El país que ha tenido la mayor cantidad de muertos por sismos es Haití, «porque prácticamente no hay Estado, no hay preparación, no hay protocolos», contrasta.
Como ambientalista, insiste en que hay que tener conciencia «de que estamos en un país con amenazas, prepararnos para ello y fortalecer nuestras capacidades».
Un Niño tremendo
El Niño, el calentamiento de las aguas del océano Pacífico en el Ecuador, es un proceso que ha ocurrido desde hace miles de años, pero los especialistas alertan que será muy intenso. «Todavía está en crecimiento», comenta. El Niño en Venezuela está asociado con baja precipitación y alta temperatura. Es decir, que se afectan la agricultura y los embalses que garantizan el agua y la electricidad.
El Niño no es producto del cambio climático, aclara Álvarez, pero el cambio climático sí puede alterarlo. «Eso hace que entremos en un periodo que los meteorólogos llaman el tiempo loco: espera lo inesperado, como temperaturas altas, tormentas invernales, huracanes fuera de zona».
Los modelos indican que El Niño estará presente, al menos, hasta el primer trimestre de 2027. «Debemos prepararnos para los tres temas. Calor, por el efecto directo en el cuerpo y porque aumenta la cantidad de vectores (mosquitos como el ‘patas blancas’ que transmiten enfermedades», detalla. Electricidad, porque se esperan bloques de racionamiento. Agua, para evitar el derroche y para preservarla de manera correcta a fin de evitar criaderos de zancudos.


El calor sí importa
Como Venezuela es un país caliente, «al decir que va a subir un poquito la temperatura la gente responde que no importa, pero sí importa», remarca el ambientalista.
Por ejemplo, quienes trabajan en la calle deben extremar las precauciones y considerar a qué hora es mejor hacerlo porque sí tiene consecuencias, como ya lo reveló un trabajo del periodista Francisco Rincón con buhoneros del mercado de Las Pulgas. Álvarez recuerda que se puede presentar el golpe de calor con síntomas como mareo, confusión y vista borrosa. En esos casos «hay que buscar un sitio fresco, hidratarse y buscar asistencia médica si se empeora».
Otro caso es el de quienes practican deportes, porque si lo hacen entre 12:00 del mediodía y 3:00 de la tarde pueden correr riesgos innecesarios.
Las escuelas no deben quedar fuera de la planificación, explica, porque todavía hay planteles que parecen hornos debido a los techos de zinc. «Pero hay que ver caso por caso. Barinas y Mérida no son lo mismo». Cada ciudad, cada región debe ser analizada en función de estos parámetros.
Cabe destacar, como lo puntualiza Álvarez, que a la temperatura hay que sumarle la sensación térmica. «Si el aire tiene poca humedad, no sientes tanto calor porque el cuerpo está preparado para perder calor mediante el sudor. Pero si el aire está lleno de humedad, no podemos evaporar el agua y nos sentimos mal».
Educación y protocolos
El coordinador de Clima 21 propone que el Estado tenga una campaña permanente para que las personas se protejan del calor, y no precisamente con aire acondicionado. La ciudadanía «debe cuidarse, saber en qué momento exponerse, en qué momento retirarse del trabajo al aire libre». Estas medidas valen, también, para las empresas-
Ropa fresca, uso de sombrero y priorizar la salud y la vida son acciones concretas que cada persona puede realizar.
A mediano plazo, expone Álvarez, las ciudades deben ser planificadas con muchos árboles para reducir la temperatura. Techos verdes son una medida que puede marcar la diferencia.





