¿Cómo se «desconstruye» un edificio? ¿Cómo se llega a su corazón cuando ya todo se ha venido abajo? Si hay o no hay un manual de procedimientos para deshacer una estructura, es algo que parece irrelevante cuando se sube la montaña de escombros de la Opppe 26, en playa Los Cocos. Porque entre peluches, cabezas de muñeca, zapatos, bluyines y recuerdos, voluntarias y voluntarios tratan de romper losas con picos; de domar cabillas y abrir espacios para llegar hasta donde un ser humano quedó atrapado a las 6:04 pm del 24 de junio.
El domingo 2 de agosto, bajo los seis o siete toldos instalados arriba de las ruinas de la otrora Misión Vivienda, los equipos seguían trabajando en los túneles abiertos en esa carne hecha de materiales azotados por los terremotos. Las circunstancias obligan a pisar con cuidado, a caminar al filo de la navaja. Y en esa tierra en la que parece que las promesas se agotaron, se mueve Jonathan Patti.
Cuesta un poco calzar la imagen del dirigente político siempre afeitado y peinado con la del hombre sudoroso y de barba crecida que se desplaza entre los escombros. Patti, integrante de Copei, decidió enterrarse en la Opppe 26 para ayudar a Álvaro Méndez a encontrar a sus seis familiares. Ya han podido sacar los cuerpos de dos, y queda mucho, pero mucho trabajo. Y cuando termine con Méndez, anuncia que seguirá acompañando a quien lo necesite.
«Nos encontramos acá tratando de ayudar a los familiares a hallar a sus seres queridos, y con mucha dignidad y respeto, devolvérselos. Es un acto que hacemos de todo corazón para devolver la paz a tantos hogares en La Guaira», explica Patti. E inmediatamente presenta al «topo maracucho», Gerald Verschuren, un muchacho de 27 años que llegó a Caracas con la meta de acompañar a quienes sufren. «Vine para apoyar. Cuando llegué, me acogió una manada de topos, que nos entrenaron y nos capacitaron para este trabajo que venimos haciendo. Estamos dando lo mejor que podemos en esta noble labor», cuenta Verschuren. «Estamos trabajando en un caso en la Oppp 26, torre G, con el señor Álvaro. Estamos en el rescate de seis personas, de las que hemos rescatado a dos. Estamos en la búsqueda de cuatro personas. Hemos tenido buen apoyo, estamos atacando todas las zonas posibles con tal de dar con la ubicación de los cuatro cuerpos».


¿Qué hace falta para seguir? «Muchas manos», responde Patti. «Muchos voluntarios para que nos ayuden en la cadena de escombros».
-¿Cómo funciona?
-Son espacios muy reducidos. Se hace una cadena dentro de las fosas; ahí son como 10. No contamos con poleas para subir los escombros, y se tiene que hacer una cadena de unas 10 o 12 personas. En una operación de una zona de trabajo necesitamos unas 20 personas. Por eso, primero, necesitamos voluntarios.
Muestra las coderas: «Estos materiales se desgastan en un día. Lo más importante es la protección de los rescatistas. Sus cascos, la iluminación, sus coderas». No deja de agradecer a organismos públicos y privados «que con buena voluntad están pendientes. Y, más que todo, la gente, porque la gente salva a la gente. Es la gente la que nos impulsa con este cariño». También agradece a los topos Adrenalina México, porque «ellos nos entrenaron muy bien».
Patti remarca que están allí, en las duras condiciones de ese entorno, «apoyando a aquel familiar que se siente solo, porque no está solo; a nosotros nos hacen el llamado y nosotros vamos y apoyamos, y hasta que no cumplamos la misión como es, no nos damos por vencidos». Estar allí es, reitera, un deber, «porque si somos socialcristianos tenemos que hacer el bien».
La vida tiene otro sentido para quienes pudieron preservarla el 24 de junio. También, para quienes, como Patti, luchan para que los familiares que perdieron a sus seres amados cierren un libro de familia marcado por el dolor.





