Las importaciones de petróleo crudo venezolano hacia la costa del Golfo de México registraron un fuerte incremento en los últimos meses, impulsadas por una mayor demanda de las refinerías estadounidenses y por la crisis de suministro energético generada por el conflicto en Medio Oriente.
Según datos federales citados por Texas Tribune, los envíos de crudo venezolano aumentaron desde un promedio de 110.000 barriles diarios en enero hasta aproximadamente 575.000 barriles diarios en junio, el mayor nivel registrado desde 2018.
El aumento ocurre en un contexto de reactivación de los vínculos petroleros entre Venezuela y Estados Unidos, luego de años de restricciones derivadas de las sanciones impuestas por Washington al sector energético venezolano.
La costa de Texas se convirtió en el principal destino del crudo venezolano. De acuerdo con datos de S&P Global Energy, cerca del 43% de las importaciones venezolanas durante este año llegaron a refinerías texanas, especialmente aquellas preparadas para procesar petróleo pesado. Otro 39% fue enviado a instalaciones de refinación en Luisiana.
Analistas del sector energético consideran que el regreso del petróleo venezolano ocurre en un momento estratégico, debido a la reducción de suministros provenientes de Medio Oriente tras las interrupciones en el tránsito por el estrecho de Ormuz.
“Se necesita cualquier barril de crudo pesado que se pueda conseguir”, afirmó Debnil Chowdhury, analista de refinación de S&P Global Energy, al explicar la importancia del suministro venezolano para las refinerías estadounidenses.
Los datos muestran que las importaciones desde Venezuela casi se cuadruplicaron desde el cierre inicial del estrecho de Ormuz a finales de febrero, mientras productores tradicionales como Arabia Saudita e Irak redujeron sus envíos hacia la costa del Golfo.
Sin embargo, especialistas advierten que este crecimiento podría estabilizarse durante los próximos años. La producción petrolera venezolana se mantiene alrededor de 1 millón de barriles diarios, con cerca de la mitad destinada a mercados del Golfo de México.
Para 2027, las proyecciones apuntan a una producción cercana a 1,15 millones de barriles diarios, impulsada por acuerdos con empresas internacionales, entre ellas Chevron, aunque los expertos consideran que recuperar los niveles históricos de producción requerirá grandes inversiones.
Venezuela llegó a producir más de 3 millones de barriles diarios a finales de los años 90 y comienzos de los 2000, pero la industria petrolera sufrió un prolongado deterioro durante las últimas décadas.
Kyle Bertamini, analista de Enverus, señaló que una nueva expansión significativa de la producción requerirá inversiones de capital que podrían tardar varios años en generar resultados.
El impacto de los terremotos registrados en Venezuela también permanece bajo observación. Aunque los primeros reportes indican que las principales zonas petroleras no sufrieron daños importantes, analistas advierten que la necesidad de destinar recursos a la atención de la emergencia podría influir en los planes de recuperación de la industria.
Expertos señalan que los ingresos provenientes de las exportaciones petroleras podrían convertirse en una fuente clave para financiar las labores de reconstrucción tras los sismos, aunque parte de esos recursos permanecen bajo mecanismos de control financiero estadounidense.





