Casi dos años en el exilio cambiaron la mirada que tenía Rogelio Díaz de los amigos, de la familia, del país. Como comparte dos «p» en su vida (la de político y la de periodista), Díaz puede observar la realidad con lentes diferentes, pero con el mismo corazón. Porque, como lo conversó con contrapunto.com, no pasó un solo día sin extrañar Venezuela, sin escuchar una historia de añoranza y un dilema por resolver. «Queremos construir una Venezuela en la que la gente pueda estar tranquila. Algunos regresarán solo de visita, porque tienen una vida afuera, pero que al menos puedan venir de vacaciones». Otros quieren retornar, pero a un país con electricidad y agua, «que el sueldo te alcance para vivir». Hoy, como lo resaltó, «el pasaje mínimo cuesta más que la pensión».
El dirigente de Copei-ODCA se vio obligado a abandonar el país luego del tsunami desatado por los resultados oficiales de las elecciones presidenciales del 28 de julio. Vio a su alrededor a personas presas o resguardadas; a su esposa le anularon el pasaporte, «iban patrullas a la casa», y resolvió marcharse. Claro, una cosa era decir «me marcho» y otra cosa era viajar desde la Venezuela anterior al 3 de enero. «Tardamos varios días», describió, «y a mi hija se lo ‘vendimos’ como una aventura».
Pasó fuera casi dos años, durante los cuales trabajó como mesonero en Madrid. Decidió regresar, y pudo hacerlo por la figura del «error migratorio» del Saime. Ya en Venezuela, se encontró con una realidad que supera la ficción. Solo las tasas de cambio «son una cosa complicada». Además, «te encuentras con gente que la está pasando muy mal, porque económicamente la cosa está muy dura, no hay sueldo que te alcance para tener calidad de vida».
Por todo ello «me he encontrado con un país golpeado; un país esperanzado, porque la gente tiene la esperanza de que las cosas cambien, pero también, muy deprimido, muy golpeado», explicó. «Y en el interior del país eso se agudiza al máximo, porque todo está complicado. Cuando estás en los pueblitos, o entre uno y otro, eso es pobreza alarmante, es cero calidad de vida. ¿Cómo un ciudadano puede estar tranquilo si pasa cinco o seis horas sin energía eléctrica?». No son lujos, sino cosas básicas.
-Prometer cambios inmediatos no parece responsable. ¿Puede haberlos?
-La palabra inmediato es muy grande en este proceso. Puede haber cambios pronto, porque si abres el país a la inversión extranjera, y eso se hace responsablemente y en coordinación con el Estado, eso va a generar muchos ingresos, salarios de calidad, que tengas más fluidez de dólares para estabilizar la moneda, mejores salarios, estabilizar los precios. También se pueden corregir las fallas de energía eléctrica. No se corregirá de una vez al 100 %, pero al menos verás mejora. Lo que le pasa a la gente hoy es que no ve mejora, sino que cada vez es peor. Creo que podrían verse mejoras paulatinamente.
Lo económico y lo político «irían de la mano», aunque «el cambio político es más complejo porque tienes un sistema de 27 años que ha ido destruyendo poco a poco los cimientos de un sistema democrático». La reconstrucción «no es una cosa que va a pasar de un dìa a otro, pero puedes ir avanzando y, sobre todo, se pueden generar mejoras en la calidad de vida de la gente» al invertir en los embalses y en el sistema eléctrico.


-¿Cómo se mejora el salario? Tomo las palabras de la presidenta Delcy Rodríguez: Responsable.
-Lo irresponsable ha sido cómo han acabado con la economía del país, y cómo el mayor ingreso petrolero de la historia se «lo comieron» y no se sabe en qué se lo comieron. Ahora, responsablemente, tienes que abrir la economía, y eso pasa por dar garantías para la inversión y seguridad jurídica.
-¿No las hay?
-Es difícil que le digas a una empresa que expropiaste hace 15 años, con el mismo sistema, con la misma gente, con la misma Asamblea, «vente que ahora somos buena gente». Tienes que darle seguridad jurídica, gente que desde el Estado entienda la necesidad de que la inversión privada tenga un peso importante en nuestra economía. El Estado no puede seguir sosteniendo a Venezuela. El Estado ha ido agarrando todo. Más de 90 % de lo que expropiaron está improductivo. ¿Cómo la economía va a avanzar así?
-¿Esos cambios los puede hacer el gobierno de Delcy Rodríguez o tiene que esperar?
-Ojalá empiece desde ahora, porque al final la que sufre es la gente. Pero creo que quienes vamos a hacer ese cambio será el gobierno que venga con reglas claras, con inversionistas, que le dé a la gente seguridad. Que haya reglas claras y que las respete también. Nuestro país debe recuperar un espacio de convivencia democrática en el marco de la Constitución; hace falta que se respete la Constitución, que se respeten las leyes. Habrá que ir revisando qué leyes hay que derogar, qué leyes hay que modificar; sobre todo, las leyes demasiado restrictivas.
-¿Cuáles?
-La Ley Simón Bolívar y las leyes pensadas para la persecución. El país no puede seguir pensándose desde la óptica del que persigue, el que quiere expropiar, el que quiere quitar. No. Tiene que pensarse desde la óptica del Estado que piense en darle oportunidad a la gente, respetar al que piensa distinto, darle garantías al que quiera invertir. La visión de que papá Estado hace todo no ha funcionado, y no porque lo diga yo: lo dicen los números.
Un CNE plural
Díaz toma el ejemplo del Mundial de Fútbol, que necesita árbitros correctos. «El Estado tiene que ser un árbitro, un garante de la Constitución, un garante de las leyes, y ser el primero que las respeta. No podemos tener un partido de fútbol en el cual el árbitro patea la pelota, o manda al banco», señaló.
-¿El árbitro sería el CNE?
-Creo que hay dos árbitros: el Estado y el CNE. El CNE debe estar constituido por venezolanas y venezolanos que le generen confianza a la gente. Lo que pasó el 28 de julio no es poca cosa.


Un nuevo ente electoral, en su opinión, «debe salir de un acuerdo que incluya a quienes hoy representan el espíritu del 28 de julio, que lo lideran María Corina Machado, Edmundo González, la Plataforma Unitaria; al sector oficial y a quienes hoy están en el gobierno, y que nos permita, con facilitadores internacionales, los países aliados, que haya garantías para ir construyendo esa transición».
-¿Ese espacio de diálogo existe?
-No existe formalmente. Pero el Manifiesto de Panamá dice que tenemos toda la disposición de sentarnos a hablar de los temas reales del país y de cómo construir esa Venezuela de transición que nos permita retornar a la democracia.
-¿Dónde está la pelota en este momento?
-Está en el gobierno. Sin duda está en Delcy Rodríguez, en el gobierno, porque son ellos los que deben decir «aquí estamos, estas son las bases». Nosotros nos hemos comprometido a hablar de los temas centrales del país: libertad de los presos políticos, condiciones democráticas, garantías de no persecución. En este país que viene tiene que haber justicia, pero no venganza. Es muy importante. La Venezuela de la venganza tenía que terminarse ayer. No se va a perseguir a nadie porque piense distinto, y el Manifiesto de Panamá habla de esas garantías.
-¿Esta AN puede empezar la reinstitucionalización?
-Ojalá que lo haga.
-¿En el caso del CNE?
-En la medida en que sea un CNE que incluya a todos los sectores. Si van a poner nombres del oficialismo, y el oficialismo les va a decir «tienes que poner a este», es más de lo mismo. Ojo, estoy seguro de que el CNE que venga no va a ser perfecto, pero hay que tratar de que se acerque lo más posible a lo que el país necesita. Es importante avanzar en un proceso que le dé garantías a la gente, tener un cronograma electoral, que la gente que está fuera tenga posibilidad de votar, que se pueda auditar el RE.
El problema, insistió, «no es ni siquiera la Asamblea, sino que se reconozca a un sector del país» que se expresó el 28 de julio de 2024. «No es que lo diga Rogelio Díaz; es lo que han dicho las elecciones, lo dicen las encuestas»; son venezolanos que deben ser escuchados.
-¿No son escuchados en este momento?
-Es evidente que no. En esa Asamblea no están siendo escuchados.
-¿Qué debe hacer Estados Unidos para que sean escuchados?
-Enfocarse en que los tiempos de la política y la diplomacia no son los tiempos de la gente. Mirar hacia otro lado y no enfocarnos en lo que está pasando y en lo que importa en el país hace que los venezolanos cada día la pasen peor. No soy nadie para decirles qué deben hacer, pero sí deberían hacer la presión necesaria para que ese proceso que ellos han delineado, de tres fases, podamos avanzar. Vamos a echarle pierna, vamos a pisar el acelerador, porque la gente lo está pasando muy mal, y el país necesita recuperar la esperanza y fortalecer su esperanza. Le preguntas a la gente en la calle hoy y te dice que tiene esperanza en que esto va a cambiar. El 3 de enero cambió la dinámica del país, y de ahí en adelante la gente te dice que tiene una esperanza pero que «estamos igual».
-¿Qué debería hacer Estados Unidos?
-Acelerar el paso. Estamos en un momento trascendental para el país y hay que acelerar lo que está pasando, siempre en el marco del respeto a la Constitución, a las leyes, y que nos permita que el país avance. Lo que no es verdad es que la gente está feliz. La gente en Venezuela no está feliz; es muy difícil estar feliz si se te va la luz, si no tienes agua, si no tienes para comer. Enfermarse hoy en Venezuela es una sentencia de muerte; si no tienes un seguro, y debes ir a un hospital, ¿cómo afrontar la recuperación?
Partidos políticos en recuperación
Los partidos políticos en Venezuela han pasado de todo. Ni ellos se salvaron de la tormenta. «Están secuestradas sus tarjetas y sus símbolos, y deben pasar otra vez a las autoridades electas por la base», razona.
-¿Qué habría que hacer?
-El mismo TSJ que con sentencias exprés nombró juntas ad hoc, que las sentencias queden sin efecto y que las autoridades recuperen los partidos. Pasa en AD, en PJ, en Voluntad Popular, en Copei. Los partidos deben volver a sus autoridades electas, y después cada partido debe hacer sus procesos internos de acuerdo con sus estatutos. Pero hace falta, también, que los partidos vuelvan a ser piezas fundamentales de la democracia en el país. No hay democracia sin partidos. Y mientras los partidos estén más fortalecidos en términos ideológicos, de renovación de cuadros y visión de país, la democracia estará más fuerte. En el mundo ha habido un proceso de degradación política, y los partidos debemos ver cómo recuperamos la confianza de la gente, delliderazgo. Eso solamente lo podemos hacer si hacemos política para trascender.
Se trata, subrayó, «de hacer política centrada en la gente, centrada en buscar soluciones» porque «la gente no quiere chácharas ni discursos».





