Contrapunto te explica| Qué es el día de la Nakba y porqué es importante para entender Palestina

Para los palestinos, la Nakba es el eje central de la identidad nacional y el momento en que su mundo fue deshecho violentamente, marcando una ruptura total entre su pasado en la patria y un presente de exilio y desposesión / Natalia Jaua (@taliavision__)

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Millones de palestinos alrededor del mundo conmemoran este viernes 15 de mayo el aniversario de la Nakba, siendo esta la tercera conmemoración desde que comenzó el genocidio de Israel contra Gaza, en octubre de 2023, y se produce mientras más de dos millones de personas en el enclave asediado permanecen desplazadas y confinadas a una fracción de su territorio.

¿Qué es la Nakba?

Del árabe Nakba (النكبة), que puede ser traducido como «catástrofe» o «desastre», se refiere refiere a los sucesos de 1948 que rodearon la guerra y la creación del Estado de Israel, resultando en la devastación de la sociedad palestina.

Para los palestinos, la Nakba es el eje central de la identidad nacional y el momento en que su mundo fue deshecho violentamente, marcando una ruptura total entre su pasado en la patria y un presente de exilio y desposesión.

Historiadores estiman que entre 780.000 y 900.000 árabes palestinos fueron expulsados de sus hogares y que -al menos- el 80% de los palestinos que vivían en el territorio que pasó a ser Israel se convirtieron en refugiados. Se calcula que entre 420 y 672 ciudades y aldeas palestinas fueron despobladas o destruidas. Muchas de estas fueron posteriormente borradas del mapa mediante la reforestación sistemática con árboles no nativos o la construcción de asentamientos judíos sobre sus ruinas.

Cientos de miles de los expulsados ​​y sus descendientes viven ahora en campos de refugiados en la Cisjordania ocupada, Gaza y en toda la región, incluyendo Jordania, Líbano y Siria. Muchos aún conservan llaves, escrituras y documentos de sus hogares en lo que hoy es Israel, transmitiéndolos de generación en generación como símbolos de su desplazamiento y de un futuro regreso.

Se conmemora cada 15 de mayo pues fue en esta fecha cuando se declaró formalmente el Estado de Israel. Mientras que para los israelíes es su «Día de la Independencia», para los palestinos representa la destrucción de su sociedad y el inicio de su exilio masivo.

La Organización para la Liberación de Palestina (OLP) designó oficialmente esta fecha como el «Día de la lucha palestina» (Yawn al-nidal al-filastini) para conmemorar la resistencia y la memoria nacional.

¿Una tierra vacía?

El término Palestina proviene del antiguo pueblo de los filisteos, en la era del Bronce reciente, que se asentó en la zona conocida como Canaán (actualmente la región corresponde a los territorios de Israel, Palestina, Jordania, y el sur de Siria y Líbano), la antigua región del Levante meridional, en el siglo XII a. C.

Estos formaron una confederación de cinco ciudades entre Jope y Gaza, adoptaron costumbres cananeas y se convirtieron en la potencia dominante de la zona reemplazando la hegemonía egipcia en la región. Simultáneamente, tribus hebreas seminómadas aparecieron en el interior.

Alrededor del año 1000 a. C., el rey David estableció un reino independiente con capital en Jerusalén. Tras la muerte de su hijo Salomón, el reino se dividió en dos: Israel (norte) y Judá (sur). Eventualmente, Israel cayó ante los asirios y Judá fue conquistado por los babilonios, quienes destruyeron Jerusalén y exiliaron a los judíos.

Con la victoria de Ciro el Grande de Persia, en el año 539 a.C., se permitió el regreso de los judíos y la reconstrucción de las murallas de Jerusalén bajo una considerable autonomía7. Más tarde, la región pasó a manos de Alejandro Magno (333 a. C.) y sus sucesores griegos, quienes intentaron imponer su cultura, provocando la rebelión de los Macabeos y un breve periodo de independencia bajo el Reino Asmoneo.

Roma conquistó la región en el año 60 a. C. Tras dos grandes revueltas judías fallidas contra los romanos (siglos I y II d. C.), el emperador Adriano renombró la provincia como Palestina (en lugar de Judea) y a Jerusalén como Aelia Capitolina. Con la legalización del cristianismo por Constantino I en el 313 d. C., Palestina se convirtió en el centro de las peregrinaciones cristianas.

La llegada de los árabes a Palestina se produjo de manera definitiva en el año 638, cuando los ejércitos musulmanes conquistaron Jerusalén, poniendo fin al control bizantino sobre la región. La ciudad fue designada por el profeta Mahoma como la primera quibla (dirección hacia la cual los fieles dirigen sus oraciones), antes de que esta se cambiara hacia La Meca.

Inicialmente, los gobernantes musulmanes no obligaron a los habitantes locales a convertirse al islamismo; de hecho, la conversión de la mayoría de la población tomó más de un siglo. A los cristianos y judíos se les reconoció como «pueblos del Libro» (dhimmi), otorgándoles autonomía para sus comunidades y garantizando su seguridad y libertad de culto a cambio del pago de un impuesto llamado yizia.

Con el paso del tiempo, la mayoría de los habitantes adoptaron la cultura árabe. Incluso bajo dominios posteriores, como el Imperio otomano, la administración de los distritos se confió mayoritariamente a palestinos arabizados, quienes eran descendientes tanto de los antiguos cananeos como de los colonizadores que llegaron después.

Palestina vivió una época de prosperidad y beneficio comercial bajo la primera dinastía musulmana, los Omeyas de Damasco. Al pasar el califato a los Abasíes de Bagdad en el año 750, la región perdió protagonismo político, aunque más tarde formó parte de la Edad de Oro del Islam, destacando en campos como la ciencia, el arte, la filosofía y la literatura.

Palestina antes de Israel

En el año 1517, los turcos otomanos derrotaron a los mamelucos y, con pocas interrupciones, gobernaron Palestina hasta 1917, dividiendo al país en distritos denominados «sanjacados».

A partir del año 1831, bajo el la influencia del virrey de Egipto Mehmet Alí, Palestina experimentó importantes transformaciones sociales, económicas y políticas. Tras reafirmar su autoridad en 1840, el Imperio Otomano implementó las reformas del Tanzimat, que buscaban modernizar el imperio, mejorar la administración y centralizar el poder.

La economía de Palestina comenzó a integrarse en el sistema capitalista global, con el desarrollo de cultivos comerciales como el trigo y los cítricos, y la introducción de tecnologías como el telégrafo, el barco de vapor y el ferrocarril.

Sin embargo, la concentración de tierras en manos de terratenientes absentistas afectó negativamente a los campesinos locales. La población, compuesta principalmente por árabes musulmanes, junto con comunidades cristianas y judías, experimentó un aumento debido a mejoras en la salubridad y el saneamiento.

La educación moderna se expandió con la creación de escuelas públicas, privadas y religiosas, incluyendo escuelas misioneras extranjeras y judías de la Alianza Israelita Universal. Aunque el acceso a la educación era limitado, se promovió la alfabetización y se abrieron nuevos horizontes para la población. Además, la prensa y los libros impresos contribuyeron al desarrollo de un sentimiento de identidad nacional y al auge del nacionalismo árabe.

Simultáneamente, el auge del antisemitismo en Europa y el nacimiento del sionismo (liderado por Theodor Herzl en 1897) dispararon la emigración judía hacia la región. La compra de tierras y las reivindicaciones sionistas generaron alarma en los líderes locales, generando una fuerte oposición en la población.

En octubre de 1918, el Imperio Otomano colapsó y firmó el Armisticio de Mudros, marcando su derrota en la Primera Guerra Mundial y el inicio de su partición. Al producirse esta capitulación, Mustafa Kemal Atatürk, quien se encontraba en el frente, se opuso firmemente a la rendición incondicional y rechazó los planes aliados de desmantelar el país, llevándolo a liderar la Guerra de Independencia Turca para fundar la República.

Sus términos fueron prácticamente los de una capitulación incondicional, ya que, conforme al capítulo siete (el más importante), se reconocía a los Aliados la facultad de ocupar cualquier punto estratégico del territorio otomano que «pusiera en peligro su seguridad».

Entre 1917 y 1918, los británicos expulsaron a los otomanos con el apoyo de líderes árabes, como Husein ibn Alí, a quienes se les había prometido la independencia a cambio de su ayuda militar. No obstante, tras la guerra, el territorio pasó a manos del Mandato británico debido a acuerdos secretos previos.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la situación en Palestina estuvo marcada por una mitigación temporal de la lucha interna por el control del territorio entre árabes y judíos. Sin embargo, se produjeron varios hechos políticos y sociales significativos:

  • Contactos diplomáticos: El líder árabe Amin al-Husayni, Gran Mufti de Jerusalén, estableció conversaciones con Adolf Hitler durante el transcurso de la guerra.
  • Inmigración judía: A pesar de que las autoridades británicas mantenían restricciones y se negaban a admitir formalmente a 100.000 judíos supervivientes, muchas víctimas de los campos de concentración nazis lograron entrar ilegalmente en Palestina.
  • Impacto del Holocausto: El genocidio perpetrado por el régimen nazi despertó una fuerte simpatía mundial hacia los judíos europeos y hacia el proyecto sionista, lo que fortaleció las estructuras necesarias para que los judíos alcanzaran el umbral de un Estado propio en los años siguientes.
  • Reanudación del conflicto: Una vez terminada la guerra en 1945, las tensiones que se habían apaciguado durante la contienda se reanudaron con fuerza. Ante la imposibilidad de aplicar los planes de resolución y el carácter impracticable del Mandato, el Reino Unido traspasó el problema a la recién creada Organización de las Naciones Unidas en abril de 19471.

La Guerra y la Nakba

Al finalizar la guerra en 1945, la situación se volvió insostenible para el Mandato Británico. El genocidio perpetrado por la Alemania nazi generó un peso moral que impulsó el apoyo internacional (especialmente de EEUU bajo el mandato de Harry S. Truman) a la creación de un Estado judío. Ante la imposibilidad de encontrar una solución y el aumento de los atentados sionistas contra los británicos, el Reino Unido decidió en abril de 1947 traspasar su responsabilidad sobre Palestina a la recién creada Organización de Naciones Unidas (ONU).

El 29 de noviembre de ese año, la Asamblea General aprobó la Resolución 181, que proponía dividir Palestina en dos estados: uno judío (56 % del territorio) y uno árabe (42 %), dejando a Jerusalén y Belén bajo control internacional. Mientras el liderazgo judío aceptó el plan, los líderes palestinos y los estados árabes lo rechazaron por considerarlo injusto.

La primera guerra árabe-israelí comenzó formalmente el 15 de mayo de 1948, un día después de la proclamación del Estado de Israel. En la contienda intervinieron tropas de la Liga Árabe, incluyendo contingentes de Egipto, Transjordania (región del Levante al este del río Jordán), Siria, Líbano e Irak.

Al contrario de la narrativa tradicional que presenta a Israel como un «David» indefenso, las fuentes señalan que las fuerzas israelíes eran superiores en armamento, coordinación, entrenamiento y motivación. La guerra tuvo un carácter ofensivo con dos propósitos: la expansión territorial más allá de lo propuesto por la ONU y el «reequilibrio demográfico», es decir, la expulsión sistemática de la población palestina

Un pacto secreto fue hecho entre la Agencia Judía y el rey Abdalá de Transjordania. Según este acuerdo, la Legión Árabe (el ejército más preparado de la Liga) no sobrepasaría las líneas del Estado judío previstas por la ONU a cambio de anexionarse la zona árabe (Cisjordania).

Al finalizar la guerra, Israel pasó a controlar el 78% de la Palestina histórica, una superficie mucho mayor que el 55% sugerido en el Plan de Partición de la ONU. El resto del territorio quedó bajo control árabe: la Franja de Gaza administrada por Egipto y Cisjordania junto con Jerusalén Este anexionadas por Transjordania (que pasó a llamarse Jordania).

La limpieza étnica comenzó en diciembre de 1947 con ataques a pueblos y barrios palestinos, las milicias sionistas ejecutaron el Plan Dalet (o Plan D) en la primavera de 1948, una estrategia militar diseñada para ocupar, vaciar y destruir sistemáticamente las localidades palestinas para asegurar un Estado con mayoría judía.

Para incentivar la huida de la población, se cometieron matanzas como la de Deir Yassin (9 de abril de 1948), donde tropas del Irgún y el Lehi asesinaron a habitantes civiles, incluyendo mujeres y niños. Otros episodios similares ocurrieron en ciudades como Haifa, Lydda y diversas aldeas rurales. También, Se produjo el desalojo de los principales centros urbanos (Haifa, Safad, Tiberíades, Yafa y el oeste de Jerusalén).

De los centenares de pueblos desalojados, aproximadamente el 70% fueron totalmente destruidos y sus escombros utilizados para construir nuevas infraestructuras israelíes.

Tras la expulsión, Israel puso en marcha un proceso de hebraización del territorio, sustituyendo los nombres árabes de pueblos, calles y accidentes geográficos por denominaciones bíblicas para eliminar el vínculo palestino con la tierra.

Se requisaron bibliotecas, archivos, fotografías y bienes muebles de las familias refugiadas, en un intento de aniquilar la herencia cultural palestina, e Israel promulgó leyes como la de «propiedad ausente» para confiscar legalmente las tierras de los expulsados y evitar su retorno.

En esta tierra hay algo que merece vivir

Para el pueblo palestino, la Nakba es una herida irreparable que marca su presente eterno. Como respuesta a esta catástrofe, surgió el concepto de «Sumud«. Más que una palabra, constituye una forma de arraigo físico y simbólico a la tierra.

Este término surgió en las décadas de 1950 y 1960 ante la necesidad de sobrevivir y mantener la identidad colectiva frente a la dispersión, el exilio y la destrucción de las instituciones palestinas.

Se describe como una fuerza o espíritu de solidez impenetrable que permite al individuo y a la comunidad resistir ante las adversidades de la ocupación y la desposesión.

Los refugiados palestinos siguen exigiendo el derecho a regresar a las ciudades y pueblos de los que ellos o sus familiares fueron expulsados. Este “derecho al retorno”, consagrado en la Resolución 194 de la Asamblea General de la ONU, sigue siendo una de las cuestiones centrales sin resolver en las estancadas negociaciones entre Israel y los palestinos.

Para muchos palestinos, la guerra en curso en Gaza y los nuevos desplazamientos en todo el enclave subrayan su creencia de que la Nakba no es un acontecimiento histórico aislado, sino un proceso continuo de despojo.

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