Las madres cuidadoras en Venezuela, y en buena parte del mundo, están dedicadas a sus hijas e hijos y sobreviven como pueden. El informe «Cuidado y salud mental: estudio del estrés psicológico en mujeres cuidadoras de niños, niñas y adolescentes en hospitales públicos», realizado por Prepara Familia y el Centro de Estudios de la Mujer de la UCV y presentado este miércoles, muestra que ellas dedican muy poco tiempo a sí mismas y que a duras penas sobreviven con lo que ellas pueden generar.
Ambas organizaciones solicitaron que las madres cuidadoras reciban un ingreso por su esfuerzo. «Necesitamos que este trabajo reciba la remuneración que se requiere; hay que exigirlo», enfatizó Katherine Martínez, directora de Prepara Familia.
Alba Carosio, investigadora principal y coordinadora de la Maestría en Estudios de la Mujer de la UCV, indicó que el registro de madres cuidadoras que tienen hijas e hijos con enfermedades crónicas deberían llevarlo los centros asistenciales. Además, subrayó, «hay que darles un apoyo económico» que también debería incluir medicamentos y pañales, entre otros insumos.
«Necesitamos un sistema de cuidados que funcione, que las mujeres puedan trabajar y dejar a sus hijos en un lugar. Que ellas puedan estudiar, trabajar, continuar con su trabajo, continuar con su vida», agregó. La ley aprobada «fue un paso, pero hay que concretar el sistema de cuidados». Carosio comentó que se instalaron mesas técnicas de cuidado para articular instituciones y colocar recursos en planes y programas.
El Estado, la comunidad y la familia deben reconocer el trabajo de las mujeres, señaló Martínez. La sobrecarga femenina ocurre en todo el mundo, pero en Venezuela es más crítica «y es una carga ya insostenible» que las lleva «a un desgaste total».
No es solo la remuneración, aseveró la coordinadora de Prepara Familia. Se necesita «una política pública que debe incluir grupos de apoyo y acompañamiento de calidad para que su vida no se desgaste». Las madres cuidadoras «han estado desgastándose al pie de la cama todos los días, y su salud la dejan de lado. El desgaste es demasiado fuerte y nos duele seguir documentando y viendo esta realidad sin respuesta».
Katherine Martínez calificó el informe como «un grito» de las mujeres que siguen luchando. «Ellas quieren salir de donde están porque necesitan el apoyo de parte del Estado, de la comunidad y la familia», destacó.





