En un emotivo mensaje cargado de espiritualidad y compromiso social, el Cardenal Baltazar Porras, Arzobispo Emérito de Caracas, presidió la tradicional eucaristía en honor al Nazareno de San Pablo. Durante su alocución, el Cardenal presentó ante la imagen del «Limonero del Señor» las profundas heridas que atraviesa la sociedad venezolana, haciendo un llamado urgente a la fraternidad y a la justicia.
Porras inició su intervención reconociendo la fragilidad humana y la «falta de compromiso» que a veces domina al individuo, convirtiendo su discurso en un altavoz para las angustias de los peregrinos que acuden a los santuarios para «reponer fuerzas y encontrar sosiego ante el mal». El purpurado pidió al Nazareno que libre a la sociedad de las «penas del alma» y de la incertidumbre que vive un pueblo que «anhela superar la falta de libertad y el irrespeto a los derechos humanos».
Dentro de sus líneas discursivas, el Cardenal denunció la “creciente pobreza” y la “orfandad de tantos compatriotas que han buscado un futuro en el exilio”, elevando una oración por el dolor de quienes parten y el de sus familiares. Asimismo, enfatizó que la esperanza debe renacer con la convicción de que, «sin caer en la violencia y las armas«, es posible sanar las heridas y lograr que la “fraternidad supere al odio”, permitiendo que la humildad se extienda más allá del egoísmo.
El mensaje incluyó una exhortación a buscar la imagen de Dios en la cotidianidad, señalando que al Señor se le encuentra «en las calles, entre la gente sin techo, en hospicios y hospitales”, así como entre los niños hambrientos, las mujeres maltratadas y las personas sin empleo. Porras instó a los presentes a actuar como samaritanos para unir la solidaridad con la «fuerza del espíritu» que permite superar las deficiencias propias.
En el cierre de su mensaje, el Cardenal pidió consuelo para quienes sufren y la paz que tanto necesita el pueblo venezolano. Su plegaria final fue un compromiso por el futuro, rogando al Nazareno: «Que tu mirada sea nuestra guía para construir un país lleno de justicia y de amor». Con la mirada puesta en los fieles que caminaron vestidos de morado, concluyó pidiendo que el apoyo de la cruz ayude a edificar una nación renovada.






