En Venezuela no hay una ley trans, no hay una ley de identidad trans. El Estado no reconoce la identidad, el Estado no reconoce que existes, y eso hace que no tengas acceso a otros derechos. El acceso a la salud, a un empleo digno, a la educación, son derechos que se nos niegan de entrada porque ni siquiera se reconoce nuestra identidad en el marco legal.
Cuando una persona trans entra a un recinto, ya vemos el prejuicio y la discriminación porque te sales de la norma, te sales de lo patriarcal, te sales del sistema; el trato es muy distinto. No es solo el Estado; es, también, la gente. La gente reconoce lo trans para lo bueno y para lo malo. Reconoce a una mujer trans en la vía pública, reconoce a una persona trans para el trabajo sexual, pero no reconoce que las personas trans tienen habilidades y derechos. Cuando la propia sociedad replica esto, es un círculo que no se rompe.
En los medios televisivos la única forma en la que se reconoce a las personas trans es como trabajadoras de calle, peluqueras o personas con ciertas actitudes. La gente las caricaturiza, las deshumaniza, se replica el mensaje y más personas participan en la exclusión.


La desinformación se rompe con información. Hace falta información. Que se sepa que las personas trans existimos, resistimos, tenemos derechos, tenemos vidas, somos seres humanos como todo el mundo. Y, como todos los seres humanos, tenemos problemas, tenemos alegrías, tenemos problemas, tenemos cosas que celebrar. Merecemos vidas dignas.
Como mujer trans, una vida digna, para mí, es tener la oportunidad de comprar una casa, tener oportunidad de entrar a un servicio médico y recibir el trato que merecen todas las personas. Saber que voy a entrar a una entrevista de trabajo y voy a tener las mismas oportunidades que un hombre CIS blanco, porque también vivimos otras discriminaciones. Una vida digna es tener una pareja sin complicación legal, que pueda contraer matrimonio, que pueda acceder a la educación. Una vida como cualquier otra. Que lo trans no sea un obstáculo, sino una característica más.
Todo puede cambiar con leyes, políticas e información. Cuando la gente conoce y le pone cuerpo a la situación, le pone más empatía. ¿Cuánta gente conoce realmente a las personas trans? Las personas caen en la desinformación y la deshumanización, porque como no conocen, no saben cómo deberían ser las cosas.
Para construir la vida digna que nos merecemos empezaría por la parte legal, porque cuando el Estado reconoce, lo otro empieza a ser reconocido. Países como México y Brasil tienen una tasa de transhomicidios y transfemicidios, y como se reconoce, se visibiliza. También se reconoce que el trato en un sistema público de salud debe ser distinto. Se garantiza el cambio de nombre y no hay discriminación por esa parte. Por eso empezaría por las leyes, por la información, por educar a las personas.
La primera ley que necesitamos es la ley de identidad trans, porque no es solo cambiar el nombre; es, también, acceder a otras leyes. Lo llevo al concubinato, al matrimonio, porque tiene una connotación legal. Una ley de identidad trans obliga a las empresas públicas y privadas a crear políticas para las personas trans; a que se hable del tema en las escuelas. Una persona trans no decide serlo. Un trans no se decide; se nace. Que te repriman, que no te eduquen, no hace que lo evites. Una persona trans es trans.
Particularmente he podido desarrollar mi personalidad. He encontrado espacios y comunidades, colectivos en los que me he sentido cómoda. También soy rebelde, no presto atención a lo que pase; tengo el libre desenvolvimiento de mi personalidad. A quien le vaya a incomodar, no sé, pero no me voy a incomodar yo.
Sin embargo, no he tenido acceso al trabajo. La gente no te lo dice de frente; a lo mejor no le gusta lo trans, y como todo el mundo quiere ser inclusivo, pone un cartel que dice «somos un ambiente libre de discriminación», pero realmente no es así. No tengo las mismas oportunidades de trabajo que un hombre CIS, vaya a buscar un trabajo como gerente de una empresa o como barrendera. Quiero estudiar, trabajar, tener un empleo digno y formar una familia. Son cosas que me gustaría conseguir.






