La tensión diplomática entre Madrid y Washington escaló este lunes tras la decisión del Gobierno de España de no autorizar el uso de las bases militares de Rota (Cádiz) y Morón (Sevilla) para las operaciones bélicas que Estados Unidos lidera actualmente contra Irán. La negativa española ha provocado el abandono inmediato de instalaciones en suelo nacional por parte de activos estadounidenses.
De acuerdo con registros de la plataforma de seguimiento de vuelos FlightRadar24, al menos 15 aviones militares de los Estados Unidos han abandonado territorio español en las últimas horas. Los informes indican que siete de estas aeronaves ya han aterrizado en la base aérea de Ramstein, en Alemania, país que se perfila como el punto de recepción del despliegue que España ha decidido no albergar.
El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, fijó la postura oficial del Ejecutivo de forma tajante al recordar que la administración de estos enclaves militares está sujeta a la decisión del Estado anfitrión. «España tiene la última palabra sobre sus bases», sentenció el ministro, tras calificar la ofensiva liderada por Washington como una «acción unilateral» que carece de encaje en el marco de las Naciones Unidas.
Por su parte, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se pronunció sobre el conflicto en Oriente Medio, tildando los ataques como un «atropello a la legalidad internacional» y advirtiendo que la violencia solo generará una espiral de mayor conflictividad en la región.
La postura de Madrid marca un distanciamiento notable respecto a otros aliados europeos. Mientras España restringe el uso de su infraestructura, el Reino Unido ha permitido un uso limitado de sus bases para contrarrestar las agresiones iraníes en el Golfo, alineándose con la estrategia de defensa de los intereses occidentales en la zona.
Esta decisión del Gobierno español se produce en un contexto de máxima alerta global, tras las recientes declaraciones del Secretario de Guerra de EE. UU., Pete Hegseth, y el anuncio del rearme nuclear francés, configurando un escenario donde España ha optado por desvincularse de la logística militar de la Operación Furia Épica.





