El escenario venezolano es complicado y eso sabe desde hace rato. Benigno Alarcón da un paso más allá y en su análisis añade que es inédito por la forma en la juega Estados Unidos en el tablero de la realidad venezolana.
“Lo que nosotros estamos viendo en este momento, no es una transición que se negocia entre actores oficialistas y actores de oposición. Sino básicamente es una transición que va caminando con mucha dificultad por coerción de un país extranjero. Y esta modalidad es completamente nueva”, sentenció Alarcón en la ronda de preguntas del foro Descifrando la Transición”, que se celebro en la Sala de Conciertos de la Universidad Central de Venezuela (UCV) el jueves 29 de enero.
El exdirector de Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad Católica Andrés Bello, señala que un actor externo está interviniendo en Venezuela «no de la manera tradicional que siempre lo ha hecho”.
Alarcón percibe que Estados Unidos presiona “a los dueños del sistema para que desmonten el sistema que lo sostiene, para después colocar un gobierno que tenga legitimidad, por supuesto, producto de una elección pasada o futura y garantizar la estabilidad de ese gobierno sin tener que meter tropas extranjeras para que lo sostengan”.
“Ese es un experimento para mí relativamente inédito que yo no estoy muy seguro de que vaya a funcionar, ojalá funcione. Pero mi impresión, analizando discursos, datos, tendencias, cosas que pasan, etcétera, es que este acuerdo en algún momento se va a romper. Es la impresión que tengo”, comentó el analista y profesor universitario.
Indica que el mejor escenario para quienes llevan las riendas del poder en este momento “es manejar esto como las negociaciones anteriores, como una táctica dilatoria para ganar tiempo a ver si ocurre el milagro de sacarse a Trump de encima. O por lo menos de quitarle la pistola a Trump porque se pierde las elecciones de medio término Entonces, a partir de allí las dinámicas pueden cambiar”.
“Las señales que nosotros recibimos hoy en día es que hay resistencia a cumplir. Si esa resistencia continúa, ese acuerdo se puede romper. Y si ese acuerdo se rompe, hay que colocar otro gobierno enfrente”, sostiene Alarcón.
Ve ese escenario con alta probabilidad, “pero eso puede cambiar y la realidad es dinámica. Hasta ahora lo que estamos viendo es resistencia a cumplir”.

Las expectativas
En su exposición Alarcón señaló que “hay dudas en Estados Unidos sobre la conveniencia de instalar gobierno en base a la elección del 28 de julio del 2024. Y ese es un debate abierto que no se ha cerrado. Digamos que dentro del gobierno de los Estados Unidos ellos piensan que el camino es una nueva elección”.
“Yo no niego la validez de una nueva elección, pero yo creo que hay que tener muy claro que no se puede dar la espalda al proceso del 28 de julio del 2024. Eso es esencial. Es un reconocimiento que merece el país, que merece la sociedad venezolana, que no es imposible y creo que ese es un gobierno que tiene legitimad”, expuso.
Acotó que de plantearse una nueva elección esta debe hacerse con un gobierno distinto a quien administra el poder en este momento.
“Sería absurdo organizar una elección donde quien está al frente del gobierno compite en la elección que por cierto ya está en campaña. Entonces sería absurdo. Yo tengo que tener un gobierno interino allí que de alguna manera garantice las condiciones de esa elección y de alguna manera no sea este gobierno haciendo nuevamente organizando nuevamente una elección. No tendría sentido”, advirtió.
El riesgo

En su análisis advierte que “la presión de Estados Unidos es finita, tiene tiempo determinado, está condicionada y depende de los resultados. Si el proceso se prolonga sin avances, sin avances verificables, el riesgo no es una intervención limitada, sino fatiga y normalización”.
“Ahí está el principal riesgo que nosotros tenemos y que no podemos perder de vista. Esto impone una restricción temporal muy clara que en mi opinión es de nueve meses. ¿Y por qué lo digo? Por la cercanía de las elecciones de medio término”, explica el analista.
Acota que esto puede traducirse en lo que denomina “más presión explícita con dudas de sobre interlocutores actuales.
“La presión va a aumentar, porque se duda de los datos que el gobierno da, se duda de las cosas que se le están diciendo y va a aumentar las supervisión. La van a aumentar a través de esa sede de la oficina de asuntos venezolanos, como se llama la oficina hoy en Colombia, que en el fondo no es una embajada como tal”, sostiene el analista político.
Finalmente señala que el proceso de trasición en Venezuela “no está bloqueado, pero tampoco está decidido. La clave no es el diálogo, sino cronograma con hitos y verificación estrecha. Eso es fundamental”.
“Si no hay verificación, lo más probable es estabilización autoritaria. Por eso hay que exigir cumplimiento de hitos, hay que exigir lista presos políticos. Hay que exigir marcadores, indicadores de los siguientes pasos”, puntualizó al cierre de su exposición.






