El fotógrafo, el sacerdote y el soldado

Foto y texto: Rafael Briceño

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El 2 de junio de 1962 se producía el segundo alzamiento militar en menos de 30 días, un grupo de oficiales al mando de el capitán de navío Manuel Ponte Rodríguez  y el capitán de fragata Pedro Medina Silva, junto con un grupo de civiles del PCV y el MIR tomaron el mando de la base naval de Puerto Cabello y en cuestión de horas liberaron a los presos políticos del castillo Libertador, desplegaron tropas por la ciudad que asaltaron instalaciones policiales, militares y estaciones de radio poniéndolas bajo su control.

Por su parte, el gobierno movilizó al ejército, la fuerza aérea y algunos destructores navales para aplastar la rebelión militar y recuperar a sangre y fuego la ciudad.

La noticia de un alzamiento militar que despertó la ciudad de Puerto Cabello, durante la madrugada del 2 de junio de 1962, disparó las alarmas no solo en el gobierno nacional, también lo hizo en la prensa que se movilizo rápidamente para enviar fotógrafos, redactores y reporteros  a cubrir esta nueva acción militar en contra del presidente Rómulo Betancourt, que menos de un mes antes había enfrentado otro levantamiento de la armada en la ciudad de Carúpano.

La Cadena Capriles envió a Paco Ortega, Luis Scotto y José Luis Blasco. El vespertino El Mundo a Serrada Reyes y a los hermanos Romero. Antonio Valbuena por la UPI. Y el diario La República confió la tarea al redactor José Salvador Rojas y al fotógrafo de sucesos, Héctor Rondón Lovera.

Los periodistas llegaron a las afueras de Puerto Cabello, casi con las tropas leales al gobierno, los militares les advirtieron que no pueden ingresar a la ciudad porque hay combates en las calles.

En el momento que los fotógrafos José Luis Blasco y Héctor Rondón se percatan que el batallón Carabobo al mando del coronel Alfredo Monch, se dispone a ingresar a la ciudad, deciden mezclarse a entre los soldados y así poder obtener imágenes de los combates. Esta decisión cambiaria la vida de Rondón y la historia del fotoperiodismo venezolano para siempre.

Los efectivos del batallón Carabobo entraron a Puerto Cabello sin encontrar mucha resistencia, detrás de cada uno de los tanques se desplazaban entre 20 y 30 soldados de infantería.

Golpe de estado ocurrido en Puerto Cabello, conocido como el PorteÒazo. Foto: Archivo Fotogr·fico/Cadena Capriles

En varias oportunidades los fotógrafos son advertidos por los militares del peligro que corren, hasta que deciden ponerse a resguardo.

Al llegar al sector conocido como La Alcantarilla, se desata la emboscada que sería el enfrentamiento más sangriento registrado durante el porteñazo.

“Haciéndole caso al mayor, nos retiramos a la pared. Luego de que habían pasado cerca de 10 tanques, empezaron a disparar de todos lados. Los muertos iban cayendo. No se veía a quienes disparaban ocultos en las casas. Los masacraron a todos. Cayeron diez en la esquina, los que iban conmigo”, contaría Rondón

En medio de aquel tiroteo aparece vestido con una sotana negra que había pedido prestada el capellán de la base de Puerto Cabello y párroco de Borburata, el sacerdote Luis María Padilla.

“Entonces fue cuando vimos que venía un cura por la acera derecha… Había un soldado herido. El cura trató de socorrerlo, lo levantó, trató de cargarlo. Yo tomé la foto. Era una escena horrorosa y a la vez tan humana. Blasco y yo le gritamos que saliera de ahí porque lo iban a matar”.

Padilla que tenía el rango de capitán de corbeta diría luego al consejo de guerra, que trató de levantar al subteniente Luis Antonio Rivera Sanoja, miembro del  Batallón Carabobo, “de pronto llegó una ráfaga de ametralladora que hizo blanco en él, me paré y dándole la absolución, expiró”.

La foto de Rondón, fue distribuida por la Associated Press. Ese mismo año se alzó con los galardones a la Mejor Fotografía de Prensa del Año y al Reportaje Fotográfico del Año, otorgados por la organización Word PressPhoto, con sede en Holanda. Un año después, en junio de 1963, Rondón se convirtió en el primer latinoamericano en obtener el premio Pulitzer por su foto, que entonces fue llamada Ayuda del padre –años más tarde sería renombrada Absolución final.

Hoy en el sitio donde se tomo la histórica fotografía se encuentra un mural que recuerda aquel sangriento día en que un fotógrafo, un sacerdote y un soldado se convirtieron en historia.

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