Como experto en negociaciones, Tulio Monsalve insiste en que chavistas y opositores deben construir un futuro común, que es, en definitiva, una esperanza compartida

Tulio Monsalve tiene la mirada puesta en el futuro, y sin sacar la bola de cristal, lo que ve en ese futuro es que chavistas y opositores trabajarán juntos para recuperar el país. Pero en este presente continuo en el que dos líderes se arrogan la presidencia del país, Monsalve -experto en negociación- asevera que Venezuela necesita un líder que sea como el rey Juan Carlos en la transición española.

-La sociedad parece estar particularmente alterada. ¿Qué consecuencias tiene esto para las decisiones políticas?

-El político tiene que estar conectado con el mundo social para poder hablar, y si no entiende el estado emocional en que se encuentra la sociedad, sigue frenado con su ficción. Ahora tenemos en Venezuela ficciones que están creando.

-¿Por ejemplo?

-Ficción política, social, emocional, ética, jurídica. Lo veo en que, de manera individual, cada uno de nosotros se cree en capacidad de determinar qué es lo real y lo que no es real. No se ha logrado que alguien realice un cuadro o esquema que sea realista para todos. No tenemos esa visión realista en la que deben estar medidas de manera sensata la fuerza y posibilidad de todos los actores. Esa es la primera gran dificultad para que rompas la ficción y te pongas a negociar. Sin esa visión de la realidad, lo que solicites no se corresponde con lo que es. Eso crea un estado de descomposición, en el cual la gente pierde su locus de control y lo sustituye por un locus de control externo. Por ejemplo, el hecho de que haya instituciones que, por tener una opinión, sustituyan la realidad, y solo hagan lo que el mandante externo establece. En los dos lados políticos es igual. El ser humano, para ser maduro y coherente, debe tener su locus de control.

-¿De qué manera lo recupera?

-Eso se recupera con discusión y con intercambio con la mayor cantidad posible de actores. Para que eso pueda darse debo entender de qué forma voy a presentar mis necesidades y a entender las necesidades del otro. De lo contrario, no sé qué necesito, cuánto voy a intercambiar y cómo lo voy a intercambiar. En esta situación uno necesita una referencia de hechos históricos, y uno muy significativo, para darnos luces sobre este proceso, es la transición española después de la muerte de Franco.

La transición no ha comenzado para nada

-¿Estamos en transición?

-No. El proceso de transición no ha comenzado para nada. Para eso es necesario definir qué entendemos por transición, cuáles son las características, las fuerzas y hacia dónde va.

-¿En qué momento estamos?

-La gente todavía no se ha dado cuenta de la magnitud y complejidad del problema que tiene enfrente, a lo que se agregan factores que creíamos superados, como la Guerra Fría. Estamos sumidos todavía en la Guerra Fría.

-¿De tantos problemas, cuál es el que tenemos tan grande?

-Tenemos una situación en la que la ficción supera la capacidad de ver la realidad. Se trata de distorsionar la realidad: los dos bloques consideran que tienen la misma fuerza. Definitivamente no terminan de decir qué hay sobre la mesa.

-¿Qué ficciones tenemos, en su opinión?

-La del poder a base del control policial y militar, que es la oficial. Y la otra, la de la presencia de fuerzas externas que están presionando y amenazando: no hago nada aquí, sino que espero que el factor externo decida. Ahora el Gobierno se ha buscado dos aliados, Rusia y China, que han aparecido y enviado equipos, aunque sean ejercicios de demostración. Para China lo importante es la paciencia. En este momento ha hecho expresiones políticas concretas.

-¿En qué lo vemos?

-Más que verlo, lo sentimos, porque no tenemos una exposición lo suficientemente convincente como para ver con sensatez qué es lo que está pasando, las ventajas y desventajas.

Un futuro para chavistas y opositores, juntos

-¿Está trancado el juego político?

-Está trancado porque los actores más destacados no tienen cómo demostrar la realidad. Para ambos significaría una pérdida de poder para un juego muy inmediato. Y si miramos hacia el futuro, solo lo podemos hacer entre dos. El futuro no es una cosa mágica, sino un convenio: convenimos en mirar a Venezuela en el largo plazo. Es una esperanza compartida entre dos, sostenida por principios que convengan a dos. Convicción, acuerdo y medidas concretas.

-¿Los extremos están marcando la agenda?

-Están marcando la agenda.

-¿De qué manera?

-Son un grupo de personas que quiere una jugada total, ganancia total e inmediatez total. Y eso es una contradicción. Eso hay que cambiarlo y ver cómo se reconstruye para pasar a la fase inicial del proceso de transición.

-¿Podemos decidir nosotros o ya nuestro destino está en otras manos?

-Todavía hay tiempo de que nosotros podamos decirles a nuestros aliados que recibimos su apoyo, pero que como ellos mismos lo han propuesto, nosotros pedimos un tiempo para que se nos permita demostrar que somos capaces de crear ese futuro compartido.

-¿Puede haber ese futuro compartido?

-Tiene que haberlo. El futuro no puede ser entre personas que piensan igual, porque cuando todos estamos de acuerdo, alguien está sobrando. Debemos hacer un futuro con los sectores más disímiles. Tienen que entrar todas las formas de pensamiento político existentes en el país, y con un sentido de respeto. Los grupos que discuten deben convenir un líder, como en el caso de España.

Aprender a ver el bosque

-¿Qué debemos ver de la transición en España que nos ayude?

-El rey Juan Carlos entendió que solo no podía hacer gobierno, que no tenía poder, y nombró a un primer personaje para que dirigiera la transición. Todos los aceptaron, pero el mismo rey lo despidió, porque se iba demasiado hacia uno de los lados. Y entonces aparece Adolfo Suárez, a quien definitivamente se le otorga esa posibilidad y acepta el reto. Sin embargo, Suárez, cuando sabe que debe negociar detalles con el líder del Partido Comunista, Santiago Carrillo, dice que no se sienta en la mesa con comunistas; y Carrillo responde que no, porque el papá de Suárez mató a su padre. Entonces los dos se dan cuenta de que están mirando la historia por el espejo retrovisor. Hoy se conoce una anécdota de Carrillo: en cierto momento se dio cuenta de que todos los actores estaban detrás de un solo árbol, dándole cabezazos a la corteza del árbol y ni siquiera la habían roto. Decidió dar varios pasos hacia atrás, y por primera vez vio el bosque. Hay que ver el bosque.

-¿Ver el bosque, en el caso de Venezuela, qué significa ahora?

-Significa entender con sensatez que, aunque me duela el alma, como dice el bolero, llego hasta aquí y esta es mi posibilidad. Que hay un mundo de gente, políticamente hablando, que tiene formas de pensamiento diferente y que es importante en el país. El otro ejercicio del bosque es ver el futuro del Estado que queremos construir.

-¿Cómo hacemos para el liderazgo venezolano vea el bosque?

-Una de las formas es plantear consignas de la transición: qué vemos hacia el futuro, e insistir en el futuro para derrotar la inmediatez.

-¿Cómo pensar en el futuro?

-La primera etapa de la transición española se cae porque no había combustible, lo que era fatal para el gobierno. Pero ese era un percance inmediato, no de orden filosófico.

-¿Nos lleva a resolver lo básico primero?

-Una vez que aceptas el futuro, que sería el qué, vas a entender cómo lo vas a hacer y qué vas a decidir. Si aceptamos la jerarquización, aceptamos lo que se proponga.

-¿Cuáles son los elementos de ese futuro común?

-Qué principios nos van a regir, y así van a aparecer valores.

-¿Cuáles?

-Puedo decir que el principio fundamental es el respeto por la libertad, por la democracia. ¿Con qué valores lo acompaño? Ahí comienzo a darle contenido a mi visión del futuro. No debemos olvidar qué verbos vamos a usar.

-¿Qué verbos propone?

-Analizar, respetar, comunicar. Todos son importantes.

Venezuela necesita lo que fue el rey Juan Carlos para la España de la transición

-Dos líderes dicen que son presidentes del país.

-Como todo parte de una ficción, son dos ficciones diferentes. Cada uno busca la manera de concretar su narrativa: uno dice que tiene los militares, otro dice que tiene más de 50 países de su lado. ¿Cuál de los dos es el verdadero? Cuando no puedo resolver un tema, acudo a una instancia superior. Como eso no existe, hay que crear una instancia para resolverlo.

-¿Qué instancia puede ser?

-Una instancia de justicia que creemos entre todos y a la que le demos poder. Pero debe ser entre todos. Ese es otro tema: la ficción del poder parcial no funciona. La transición es un fenómeno que debemos crear entre todos.

-¿La transición debe ser creada entre chavistas y opositores?

-Absolutamente. Uno solo no puede, no tiene sentido ni trascendencia. Puede ser una solución en el corto plazo, pero a mediano y largo plazo se va a caer.

-Pero cada quien habla de su bloque.

-Sí. Cada uno defiende su lado de la mesa. Se debe entender, en el caso español, que desde que se inició hasta que hubo elecciones pasaron dos años y medio.

-¿Quién gobierna mientras tanto?

-Para eso se crea un gobierno de transición, colegiado, multipartes, que actúe con respeto por todos.

-¿Que Maduro presida y sume a la oposición?

-O que otra persona asuma y que Maduro y Guaidó formen parte del Gabinete.

-¿Necesitamos una figura que haga lo que hizo el rey Juan Carlos?

-Un borbón (risas). Una persona que sea vista y aceptada por todos. Nuestro país siempre ha sido prolífico en ese tipo de apariciones. Tuvimos a Bello, Vargas y Soublette.

-¿Estamos a tiempo?

-Absolutamente.

-¿Si no lo hacemos?

-De no hacerlo vamos a seguir viviendo en el mundo de las ficciones: dos formas de legislar, de ejecutar y de manejar la situación. Uno tiene las armas y la policía; y otro, la amenaza internacional, que cada día se hace más restrictiva.

-¿Cómo llegamos a ese escenario del acuerdo? ¿Qué necesitamos?

-No existe otro mecanismo que el de la conversación.

-¿Quiénes deben conversar?

-Dentro de cada fracción, la persona que tenga disposición, capacidad y autoridad, para que lo que se converse tenga trascendencia. Dar tiempo para que las cosas ocurran a un ritmo en que se evalúe la tensión entre las partes y se pueda responder adecuadamente. Que evitemos el terror y el temor.

-¿Quién los obliga a sentarse?

-Nadie. Pero la tensión de la sociedad se hace tan dura, tan difícil, que nos damos cuenta de que no podemos resolverla. Que la tensión sea de tal magnitud que comience a sobrecogernos.

-¿Cómo frenar los extremos?

-Esos temperamentos extremos se pueden controlar con la morigeración de la conducta de los mismos líderes; que aprendan a comunicar y que eviten el terror. Deben dar el ejemplo en todo sentido, y sin temor a esos actores violentos que usan todos los medios de comunicación para sembrar temor en la gente.

-¿Las movilizaciones de lado y lado ayudan?

-Sirven para quien tiene un partido organizado. El que no tiene partido se moviliza a base de emociones que son totalmente momentáneas, y que crean un grado de frustración porque no hay demostración de que ese tipo de acción tenga un resultado, un producto, un efecto. Se convierten en tácticas que no llevan a ordenar procesos.

-¿Qué debe hacer la comunidad internacional para llevarnos a un proceso de transición?

-Se van a sentir correspondidos si hemos preparado consignas sobre el sentido de ese proceso.

-¿Qué consigna propondría?

-Todo con el futuro. Debe ser algo corto y preciso.

-¿La Constitución nos ayuda?

-El problema no es la Constitución, sino que las ficciones llevan a entender cosas distintas sobre el mismo texto. ¿Cómo se resuelve? Con una instancia jurídica.

-¿Cuál puede ser confiable?

-La Constitución tiene todos los elementos, pero si hago una ficción, no hay árbitro creíble para todos.

-¿Qué va a impedir que lleguemos a la España de 1936, a la de la guerra civil?

-Primero, había un factor determinante, la cercanía con la Revolución Rusa, todavía muy fresca. Y el fascismo, por el otro lado. No veo ese escenario para Venezuela hoy.