Su fuerza, su corpulencia, su velocidad y su frialdad constituyen uno de los jugadores más prometedores de los últimos años

Erling Braut Haaland, está irrumpiendo en el fútbol europeo como un fenómeno paranormal. En 9 partidos ha hecho 17 goles y en su debut en Champions League con la franela de RB Salzburg, enfrentando al Genk, anotó un triplete convirtiéndose así en el octavo jugador en lograr debutar y anotar tres goles en la máxima competición europea. Una fila de butacas exclusivas que incluye jugadores extraños, algunos “one hit wonder” y un par de fenómenos como: Brahimi, Grafite, Iaquinta, Rooney, Yakubu, Asprilla y Van Basten.

El único más joven que el jugador noruego en lograrlo fue Wayne Rooney, quien en 2004, contra el Fenerbahce, dio muestra de todo su repertorio: un gol de zurda picando más allá de la defensa, un derechazo seco y cruzado desde fuera del área y un tiro libre con comba por encima de la barrera. Rooney aún tenía que cumplir los 19 años.

El más joven en absoluto en anotar un triplete fue Raúl González Blanco, tan solo cien días después de haber cumplido los 18 años, anotándole al Ferencvaros.

Haaland, los 19 años los cumplió el 21 de julio, incluso con su tamaño es difícil considerarlo más pequeño que otros en algo, o conectarlo con un concepto frágil como el de la “juventud”. Cuando Haaland anota ama festejar abriendo sus brazos, flexionando su piernas y empinándose un poco mientras grita con ferocidad su alegría.

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Un jugador que hace de su cuerpo la base para construir su estilo de juego: cuando recibe el balón delante de la defensa busca siempre empinarse hacía adelante, con muy poca elegancia, pero con mucha potencia, para correr y ganar fisicamente a sus adversarios.

Todo el juego de Haaland, a decir la verdad, parece mantenerse en equilibrio (con un hilo muy delgado) gracias a un milagro, su capacidad de coordinar su tamaño, para cumplir movimientos que parecieran no ser de el. Haaland es una contradicción absoluta.

Aún siendo un jugador extremamente físico, no busca limitar aquellos que podrían considerarse sus defectos (la poca elasticidad de un cuerpo de 1.95 m por ejemplo) al contrario, su juego está hecho de gestos y situaciones en las cuales parece ser demasiado grande: piques continuos, conducciones de balón en espacios restringidos.

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Haaland no brilla particularmente por su juego espaldas al arco, ni en los duelos aéreos o en la protección estática del balón, prefiere jugar velozmente, recibir viendo hacía el arco y correr. Mientras más estático, menos eficaz, más es utilizado en jugadas rápidas, menos manejable para los defensas adversarios.

En los últimos 30 metros de la cancha razona como un diez atrapado en el cuerpo de un gigante Debería ser uno de los fenómenos comunes del deporte contemporáneo: cuerpos enormes que cumplen movimientos de gracia y elasticidad. Giannis Antetokoumpo en el basket, Alexander Zverev en el tenis, Pogba e Ibrahimovic en el fútbol son ejemplo de la nueva generación de deportistas Marvel, pesados y elegantes, altísimos y técnicos.

Haaland no tiene mucha limpieza técnica, es sólo grande y veloz: la poca elegancia en su cuerpo es evidente en cada movimiento y es lo que lo convierte en impredecible.

Este jugador, en el pasado mundial sub 20 le anotó nueve goles a Honduras, convirtiéndose en el segundo jugador de la historia en anotar más goles en un partido de un Mundial Sub 20.

Haaland parece un experimento genético creado en un laboratorio para destruir el fútbol mundial.