La historia del segundo equipo más importante de Berlín, el Union, y su llegada a la Bundesliga

En 1984, los jugadores del Betriebs Sport Gemeinschaft (BSG) de la población Chemie Guben al oeste de la capital germana, se sorprendieron cuando vieron salir a la cancha a los jugadores del Union Berlín, con más de 700 hinchas presentes en el estadio An der Alten Försterei (la antigua casa forestal), quienes se preguntaban “¿Qué son estas camisetas con estrellas blancas en el cuello, sobre un triángulo rojo?” o “¿Y por qué está escrita Brauer y Puma?”.

Era un partido de DDRLiga, la segunda división del campeonato de fútbol de la República Democrática Alemana, el 14 de diciembre de aquel año: el Muro de Berlín había caído hacía tan sólo cinco semanas. La sociedad berlinesa, desde siempre disidente con las restringidas fronteras ideológicas de la DDR (del alemán Deutsche Demokratische Republik) decidió sorprender a todos con un provocador gesto de liberación: ser el primer equipo de la Alemania del este en vestir una camiseta con un patrocinante, y justamente Brauer, una empresa de limpieza de la Alemania del Oeste (más provocativo aún), que pagó 30 mil marcos porque enseñaran su logo.

Pioneros bajo ciertos aspectos, el equipo berlinés establecido en Köpenick, un barrio del sureste de la capital alemana, necesitó exactamente 30 años para poder llegar a la máxima categoría teutona, la Bundesliga. Torneo que nació justo después de la fusión de las dos Alemanias, amaneciendo la década de 1990.

Durante la temporada 2018-2019 de la 2.Bundesliga (nombre que recibe la segunda división del campeonato alemán), el equipo entrenado por el suizo Urs Fischer, en su primer banquillo alemán, logró conquistar la tercera plaza, detrás de Koln y Paderborn, dejando atrás el Hamburgo, con tan sólo cinco derrotas y la mejor defensa (34 goles recibidos durante la temporada regular.)

La tercera plaza le otorgó al Union participar en la Relegationsspiel (juego de relegación que le permitió ascender) en un desempate con el Struttgart, que terminó 2-2 y la ida 0-0, en el Alte Försterei.

Orgullo del este

En los últimos 10 años el Union Berlin estuvo condenado en Zweite (segunda división) y no había podido si quiera acercarse al ascenso; chance que aprovecharon a la primera ocasión. Si se excluye el RasebnBall Leipzig, fundado en 2009 y que del oriental posee únicamente el código postal, son solamente cuatro los clubes del este que tuvieron la posibilidad de militar en la Bundesliga: el Hansa Rostock, la Dynamo Dresden, la Lokomotive Leipzig y el Energie Cottbus (nótese la similitud con los nombres de los equipos de la liga rusa -nombres que hacen referencia a lo obrero, lo fabril y la revolución bolchevique- por afinidad con la antigua Unión Soviética a la que perteneció la región).

Luego, evaporada la cortina de hierro, el Fußball oriental alemán sufrió el impacto del desnivel entre las dos áreas geográficas. En el este el fútbol, como los otros deportes, eran puramente aficionados, muchos atletas después de la reunificación fueron adquiridos por clubes occidentales y los equipos de levante fracasaban por falta de preparación atlética e inestabilidad económica.

El Union sufrió años de injusticias y malos tratos por parte de la BFC Dynamo (mejor conocida como Dynamo Berlin) que era el equipo de la Stasi, que era la organización de espionaje y seguridad de la DDR, lo que significaba años de abusos, fugas y sospechosas muertes.

Por un lado, se encontraba un club que simbolizaba el dominio y la manipulación del Estado, el equipo del cual Erich Mielke (fundador de la Stasi) era hincha; por el otro , un equipo que, año tras año, se convirtió en símbolo de desobediencia civil, un rechazo al poder. De esa manera nació el sobrenombre “Eisern Union” (unión de hierro), que con ferocidad aún retumba en el estadio. Una decisión nada fácil, deportivamente hablando, tomando en cuenta los años más oscuros.

En el año 1968 hubo una de las muy pocas alegrías, con la victoria 2 a 1 ante el Carl Zeiss Jena en la Copa de la Federación de la Libre Unión Sindical Alemana, “Freier Deutscher Gewerkschaftsbund Pokal” (Fdgb Pokal por sus siglas en alemán), donde su capitán, Ulrich Prüfke, tuvo el honor de alzar uno de los poquísimos trofeos de este club.

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El año siguiente, en virtud de esa victoria, el club debía disputar la Recopa de Europa, pero los tanques rusos y la Primavera de Praga cambiaron el curso de la historia.

Herta gegen union: derby entre amigos

El curso de la historia cambió también en términos de rivalidad. El Union es el quinto club, con sede en Berlin, en disputar la Bundesliga, después del Tennis Borussia Berlin, el SV Blau Weiss Berlin, el Tasmania 1900 Berlin y, obviamente, el Herta BSC, contra el cual, por primera vez el próximo 2 de noviembre, jugará un derby en la máxima serie.

Hoy parece un oxímoron colocar en la misma oración las palabras “derby” y “amigos”, sin embargo, entre los dos equipos berlineses, desde principios de los 90, no existe una verdadera rivalidad, más bien, el sentimiento predominante es la simpatía. Es fácil creer que mucho dependió de la engorrosa presencia de ese muro, que por 30 años tuvo alejadas dos realidades futbolisticas, por no hablar de las sociales, políticas y económicas. Las dos fanaticadas, desde los años 70 hasta la reunificación de las dos Berlines, tenían una relación de estima: en las casas de las familias del este se transmitían los partidos del club occidental, creando a ambos lados.

Reciprocamente las hinchadas vestían bufandas, gorras y chaquetas con los colores del otro club y con consignas tales como: “Amigos detrás de la concertina” o “Herta y Union – una nación.”

Dos días después de la caída del muro, el 11 de noviembre 1989, el Herta jugaba en casa contra el Wattenscheid 09: los apasionados del fútbol oriental aprovecharon la oportunidad de la libertad de circulación para asistir al juego. El estadio reventaba con 55 mil fanáticos, más de cinco veces la normal afluencia de 10 mil espectadores.

El Herta obtuvo, con dificultad, un empate 1 a 1, sin embargo, se celebró como una enorme victoria; el ambiente era tan espectacular que se creó el mito sobre el entrenador del Wattenscheid, Hannes Bongartz, quien no quiso ganar el partido para no arruinar el ambiente que se respiraba ese día.

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Sobre la cola de los hechos, de tanta euforia y felicidad, el 27 de enero 1990, en el imponente Olympiastadion, se jugó el “Wiedervereinigungsspiel”, es decir, “el partido de la reunificación”.

Alemania del oeste y Alemania del este se encontraban repentinamente sin barreras, estaban “desnudos” e indefensos ante el futuro y, en ese clima de incertidumbre el encuentro entre el Herta y el Union, sin dudas, facilitó y alegró el dialogo entre ambas naciones. Fue el primero, verdadero, intento de sanación. El partido fue organizado por Deutsche Post (el correo alemán), la entrada costaba 5 marcos (sin importar si fueran de la República Federal o la Democrática). Gracias a la posibilidad de llegar al estadio con medios públicos o privados, muchos vieron por primera vez la Trabant, un auto típico del este, estacionado fuera del coloso de Berlin.

A las 2:30 pm se presentaron 51.720 fanáticos para el pitazo inicial. En la cancha, el Herta ganó 2 a 1, la ironía del destino, aquella tarde quiso desatarse: el primer gol fue de Axel Kruse, exdelantero del Hansa Rostock, quien el 8 de julio 1989, aprovechando un amistoso contra el Copenaghen, escapó de la DDR para refugiarse en Alemania del oeste y terminó jugando en el Herta.

En la euforia general de las hinchadas, el gol del empate del Union fue un intenso momento que erizaba la piel: el gol de André Sirocks fue la primera histórica anotación de un equipo del este fuera de las fronteras de la República Democrática Alemana, donde incluso los jugadores adversarios se detuvieron para aplaudir. Para finalizar, el gol del 2-1 definitivo fue anotado por René Ungaube, nacido en Berlín del este, un ex-eisern vestido de blau-weiß (un exunión, vestido de blaco y azul)

Sangre y cultura futbolística

En 2014, durante la primera aparición del recién nacido Leipzig en 2.Bundesliga, en el estadio Alte Försterei, los dueños de casa decidieron darle la bienvenida a los visitantes con una larga pancarta, escrita en blanco sobre un fondo negro, recitando: “in Leipzig stirbt die Fußballkultur” (en Leipzig murió la cultura del fútbol). No sólo eso: todos los fanáticos del Union vistieron una casaca negra en símbolo de luto, luego de la fundación de ese club que no pertenece a la tradición alemana.

Tras eso, inmediatamente después del pitazo inicial, un silencio irreal se apoderó del estadio: por quince minutos los hinchas rojiblancos no abrieron la boca, y cuando alguien se emocionaba por alguna ocasión de gol, un fortísimo y unísono “shhhhhhhhh” cubría la cancha. “Respeto por la tradición difunta” exigían antes de volver a gritar y a aupar más fuerte que nunca. Una lección en las gradas impartida a los “nuevos fanáticos”.

Fuera del estadio, se encuentra un monumento con un enorme casco de trabajador rojo, una carreta y unos guantes, a un constado, una larga lista con los nombres y apellidos de 2.000 hinchas que, entre 2007 y 2009, se dedicaron voluntaria y gratuitamente a la remodelación de su estadio.

Ya en 2019, durante los festejos por el ascenso, una señora buscó el nombre de Michael Körner, su hermano, hincha desde que era niño, hasta su fallecimiento repentino el pasado mes de marzo.

“Se durmió soñando el Union Berlin en Bundesliga, vivió los martillazos sobre el muro, la vergüenza de la relegación a la cuarta serie, la venganza deportiva por el 8 a 0 ante las reliquias de la Dynamo Berlin, después el ascenso a Dritte Liga (tercera división) y la fiesta de los 50 años del club (o mejor dicho, desde cuando el club decidió adoptar el nombre de 1.FC Union Berlin), celebrados el 20 de enero 2016”. explicó la señora a las televisoras alemanas.

Para agradecer a los hinchas difuntos, quienes durante décadas sostuvieron continuamente al club y que ahora no podrán estar presentes en la primera histórica campaña en la máxima serie, el club de Berlin este lanzó la campaña “Finally there“: para el primer encuentro casero, por 13 euros, amigos y parientes enviaron fotos de sus allegados y el club los imprimió en carteles de 70×70, en un tejido capaz de resistir intemperie, pegándolos en las gradas del estadio.

Momento en el cual los hinchas del Union Berlin muestran los carteles con las imágenes de sus allegados, en el primer partido del equipo en Bundesliga

Al mirarlos, sus familiares podrán pensar que en algún lado estarán aupando y gritando, con toda su pasión y su amor “Und Niemals Vergessen, Eisern Union” (No olvides nunca el Eisern Union).