El suicidio del expresidente peruano Alan García, perpetrado este miércoles 17 de abril, es el último capítulo de la historia de sobornos de la constructora brasileña Odebrecht. Una historia que ha manchado países latinoamericanos como Argentina, México y Venezuela.  

Lo que comenzó, en el caso de Odebrecht, como financiamiento y asesoría técnica para gobiernos (como ocurrió con el complejo de soya Abreu e Lima en el estado Anzoátegui de Venezuela) se convirtió en una trama de corrupción que se llevó por delante presidentes y funcionarios de alto nivel de más de 10 países de América Latina.

En el caso peruano estarían involucrados no solo García, sino los exmandatarios Ollanta Humala y Pedro Pablo Kuczynski. Pero en el venezolano -de acuerdo con la fiscal general destituida por la asamblea constituyente, Luisa Ortega Díaz- los tentáculos llegarían incluso al mandatario Nicolás Maduro. En 2017. Ortega Díaz solicitó a Interpol una orden de captura internacional contra Maduro por sus presuntas vinculaciones con Odebrecht.

Un funcionario de Odebrecht, Euzenando Prazeres da Azevedo, aseguró que la empresa le dio 35 millones de dólares a Maduro para financiar la campaña presidencial de 2013.

“Fui buscado por un representante del señor Nicolás Maduro. Un señor llamado Américo Mata, un venezolano el cual yo conocía por años, porque fue presidente del Instituto de Desarrollo Rural (Inder) (…) El señor Mata me buscó y acordó reunirse conmigo. Nos reunimos algunas veces en una pastelería venezolana y un día me pidió una contribución para la campaña, porque él sabía de nuestro negocio y del tamaño de nuestras operaciones”, afirmó Prazeres en una declaración ante los investigadores brasileños del escándalo “Lava Jato”, según Transparencia Venezuela.