Tamaño, color, asimetría son algunas señales a tomar en cuenta en el seguimiento de los lunares, explica la dermatóloga Sandra Valecillos
Hay un abecedario muy particular que conocen los dermatólogos: el del cáncer de piel. La dermatóloga Sandra Valecillos recuerda que hay tres tipos de cáncer de piel: el basocelular, frecuente y superficial; el espinocelular y el melanoma.
El melanoma es «el más agresivo, porque se puede diseminar, producir metástasis y causar un desenlace fatal», señala Valecillos. Por eso tiene un día al año, el 23 de mayo, para llamar la atención sobre los factores de riesgo. En 90% de los casos se presenta en la piel, pero también es posible hallarlo en boca, genitales y ojos.
El sol es rey en todos los sentidos; también lo es como elemento asociado con el cáncer de piel. «La radiación ultravioleta, sobre todo si es de manera intensa» y sin protección adecuada, «puede producir, especialmente en personas sensibles, quemaduras». El daño solar es acumulativo; no solo acelera el envejecimiento, sino que puede provocar «el crecimiento descontrolado de ciertas células, los melanocitos, y producir melanoma».
Las personas de piel clara son más susceptibles, aunque no están a salvo las de pieles oscuras. También pesa la herencia, «sobre todo si hay un familiar de primer grado con antecedentes de melanoma». Es más frecuente «a partir de los 55 años». La inmunosupresión aumenta el riesgo. En los hombres es más común en el tronco, y en las mujeres aparece en las piernas. Pueden viajar a los ganglios linfáticos, o a otros órganos.
No todo lunar es melanoma, aclara Valecillos. «Todo el mundo tiene un lunar» y no todo el mundo tiene cáncer. Aunque en estos casos es el especialista quien debe hacer la evaluación, hay un abecé que cada individuo puede aplicar.
A, de asimetría. La parte superior y la inferior, la izquierda y la derecha deben ser simétricas. «Si no se parecen, si no son simétricas, podría ser un signo de alarma».
B, de borde. «En un lunar los bordes son negros y lineales; en cambio, en el melanoma son irregulares».
C, de color. «En un lunar benigno es color es regular. Cuando se trata de melanoma vemos que hay varios tonos, o una distribución no simétrica».
D, de diámetro. Un lunar generalmente mide 5 milímetros o menos. Puede haber nevus congénitos, se nace con ellos y son más grandes. «Una lesión que tenga 6 milímetros o más es sospechosa».
E, de evolución. «Un lunar que empieza a cambiar de forma o de color» en el tiempo debe ser motivo de alarma.
También es razón de preocupación una mancha que pique, que sangre.
El autoexamen es una de las recomendaciones de Valecillos: Mirarse todo el cuerpo con ayuda de espejos, buscar entre los dedos, «observar estos cambios ABCDE en el cuerpo».
Si se detecta a tiempo se puede operar al paciente, aclara la dermatóloga. Igualmente se dispone de la quimioterapia, la inmunoterapia (para modular el sistema inmune). «Mientras más temprano se diagnostique la supervivencia será mayor», e incluso, se puede hablar de curación aunque con un seguimiento cercano.
¿Es posible hablar de prevención? Sí. El uso de bloqueadores solares a diario (media hora antes de la exposición y con reaplicación constante) y de ropa adecuada es fundamental.






