¿Qué tanto más pueden tensar la cuerda el oficialismo y la oposición antes de un acuerdo en Barbados?

Texto: Vanessa Davies. Foto:

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Las bombas caían sobre el pueblo vietnamita mientras las delegaciones de Estados Unidos y Vietnam intentaban convertir la paz en algo más que una promesa. El ejemplo de esta negociación quedó para la historia

La muerte y la vida estuvieron juntas en Vietnam y en París. Mientras la sangre corría a raudales en el territorio vietnamita por una guerra que parecía no tener brida que la frenara, los negociadores de paz de Estados Unidos (EEUU) y Vietnam del Norte intentaban resolver el fin de la conflagración. Por eso las negociaciones de París siempre se ponen como ejemplo de lo difícil que es acordar treguas cuando la política cede el paso a la miseria. Por eso, cuando se habla de Venezuela, también se habla de Vietnam.

Las conversaciones de paz -si se pueden llamar así- entre el oficialismo y la oposición venezolanas, que se desarrollaban en Barbados y hoy están suspendidas, son la esperanza de lograr lo que el profesor Héctor Navarro, dirigente histórico del chavismo, ha denominado una salida que evite un desenlace.

Sin embargo, cada sector intenta negociar en una posición de fuerza que le permita obtener más cosas: en el caso del oficialismo, las elecciones parlamentarias; y de la oposición, las elecciones presidenciales. Esto explicaría por qué la delegación oficialista se retira de la tercera ronda como una forma de protestar el bloqueo impuesto por la Administración Trump a los bienes del gobierno en EEUU, y no conforme con eso, el ejecutivo del mandatario Nicolás Maduro toma otras medidas. Esto ocurre al mismo tiempo que los factores de oposición nucleados en torno al diputado Juan Guaidó advierten que «todas las opciones están sobre la mesa». Todas es todas.

«Actualmente el proceso se ha suspendido en lo que pudiera entenderse como una medida temporal por parte de la delegación del Gobierno de Nicolás Maduro, por las sanciones impuestas por Estados Unidos al Gobierno Venezolano; más aún si se considera que entre las solicitudes del oficialismo está precisamente el levantamiento de sanciones», recuerda la profesora Eglée González Lobato, directora de la cátedra libre Democracia y elecciones de la UCV.
Sin embargo, en opinión de González Lobato, «la negativa del oficialismo a asistir a la última ronda convocada en Barbados puede entenderse como una medida de distanciamiento que permitiera atemperar la presión generada», para que en un próximo encuentro «se pudiera avanzar hacia la concreción de compromisos en un proceso de naturaleza expedita y continua».

El lunes 12 de agosto rodaron, no las cabezas, sino los rumores sobre la posible disolución de la AN. ¿Forman parte de lo mismo? «Cada delegación tiene un público», recuerda, «de tal modo que en ningún caso la delegación del oficialismo podía parecer sumisa frente a Estados Unidos, que además no tiene un sillón en la mediación como tampoco lo tiene Rusia».

El legislador Stalin González, segundo vicepresidente del Parlamento, aseguró que el oficialismo se levantó de la mesa cuando estaban cerca de lograr un acuerdo electoral. «Si es cierto que las partes estaban próximas a asumir compromisos la distancia podía buscar recomponer las fuerzas del oficialismo», asoma la profesora de la UCV.

La oposición también tiene cómo estrechar el lazo. «La única arma que hay sobre la mesa de trabajo en Barbados para que el Gobierno de Nicolás Maduro negocie es que el alto gobierno y las Fuerzas Armadas entiendan que no hay mejor opción que lograr los consensos necesarios que permitan un acuerdo de gobernabilidad», apunta González Lobato. En otras palabras, «devolver la normalidad institucional y social al país y que tengamos un Gobierno que sea reconocido por la Comunidad Internacional».

Sin embargo, el país cada vez se parece más a un paciente terminal, por lo que el tiempo para tensar la cuerda parece quedarse sin oxígeno. Noruega, como país mediador, no puede obligar a nada, resalta González Lobato: «El principio que anima el proceso es que las partes manifiesten su compromiso de lograr una salida política, lo que quiere decir que no es Noruega quien impondrá una solución forzada, sino que su política es ayudar a las partes a que lo logren porque son ellas quienes tienen que tomar sus propias decisiones».

Vuelve de nuevo el ejemplo de Vietnam: las bombas caían sobre Hanoi pero -con los ojos puestos en el mediano plazo- las delegaciones prosiguieron sus conversaciones de paz para que esas bombas se callaran para siempre.

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