La clase política está sacudida. Al interior de cada una de las fuerzas que encarnan la polarización se perciben forcejeos entre sus jugadores. Todos tratan de tomar las mejores posiciones para imponer su criterio

Se mueven los factores que hacen vida al interior de cada una de las fuerzas políticas que se pelean el liderazgo en Venezuela.

La oposición comienza mostrar más caras pidiendo la palabra y expandiendo el arcoíris por el que está conformado.

Por su parte, el Gobierno sabiéndose debilitado ante la gente, “le saca la pistola” a los disidentes que pueden hacerle daño de cara a su base dura.

En la oposición

El documento “Volver al voto” y la propuesta que surgió del aniversario del Movimiento al Socialismo (MAS) de avanzar hacia candidaturas únicas revuelven las aguas del sector opositor. Todos buscan su acomodo en este 2021.

El debilitamiento del liderazgo de Juan Guaidó hace emerger voces que están proponiendo alternativas unitarias, que cuentan con dos enemigos fundamentales: la desconfianza y el sectarismo.

Luego de la declaración de los cancilleres de la Unión Europea en donde hay un exhorto a la unidad de los factores de la oposición y a Guaidó lo meten en un saco de “actores importantes y privilegiados interlocutores”, se eleva el perfil de los liderazgos emergentes.

Desde su tribuna, Henry Ramos Allup asoma la cabeza y perfila acciones para nuevamente hacerse beligerante en la discusión del universo opositor que gira alrededor de la posibilidad de participar en los próximos eventos electorales.

Carlos Prosperi está en una cruzada por el país proyectando el trabajo del ala adeca de Ramos Allup y amarrando cuadros para tener una fuerza cierta a la hora de pulsear el liderazgo del partido y ante la misma oposición.

Estas acciones se van a potenciar en todas los organizaciones con la proximidad de las elecciones de Gobernadores, en donde los liderazgos regionales comenzarán a destacar y pesar en el escenario político.

Quienes salgan a medirse con el oficialismo en Zulia, Miranda, Lara, Carabobo, Anzoátegui, Aragua tendrán roles importantes debido a la densidad electoral que representan.

Esto hará aún más variopinto el paisaje opositor porque tendrán que tomarse en cuenta los movimientos regionale,s que pueden tener una opción electoral cierta, aunque no tengan proyección nacional.

Por su parte, la facción de AD que juega con Bernabé Gutiérrez propone mega elecciones para este año. En esa misma sintonía está Timoteo Zambrano, de Cambiemos.

Es decir, que ya la mesa de discusión para la generación de una alternativa al Psuv y sus aliados comienza a tener muchas más voces y el debate no se circunscribe al G4 y cada una de sus facciones.

Ahora hay que tomar en cuenta a Henrique Capriles Radonski, como un factor “libre” haciendo propuestas.

“Si no tenemos una estrategia sobre la base de la realidad, nuestra estrategia nunca va a poder avanzar”, soltó el lunes pasado el exgobernador de Miranda, quien en las sombras se ha vuelto un jugador clave en la negociación y presión contra el Gobierno.

Ya no solo son voces como María Corina Machado y los políticos en el exilio como Ledezma, Arria, Borges, los disidentes de la Fuerza Armada en el exterior y la Mesa de Diálogo Nacional.

Ahora surgen dirigentes de centro izquierda apoyados por personalidades, académicos, gremios e intelectuales que muestran propuestas y las colocan sobre la mesa de discusión.

Los opositores pasarán por una nueva etapa de conflicto y comenzarán a decantarse liderazgos y muchos sufrirán en el camino y pagarán el precio de las luchas intestinas.

¿Podrán ponerse de acuerdo a un precio mínimo de desgaste?

Eso está por verse. Pareciera que lo más inteligente es abrir discusiones regionales y amalgamar respuestas locales antes que proponer un acuerdo “por encima” que se desconecte de la bases.

De otro lado

Por su parte, en el oficialismo están encendidas algunas alarmas debido a que la votación obtenida en los comicios del 6 de diciembre reveló una debilidad que ya habían vaticinado las encuestas. 

Con apenas el 18% de los posibles votos logró controlar de manera aplastante la Asamblea Nacional, apalancada en una alta abstención que debilitó la respuesta al descontento con el Gobierno de Nicolás Maduro.

El Psuv sabe que ganó por la debilidad del contrario y no por fortaleza propia. Está consciente y por eso hace los ajustes para fortalecer su control sobre el tema electoral. Se ve obligado a precisar a sus cuadros y aceitar una maquinaria que debe garantizar mejores resultados que los del 6 de diciembre pasado.

Por eso hizo la semana pasada una demostración de fuerza. A través del canal del Estado mostró una reunión con la Dirección Nacional y la Juventud del partido. 

Maduro anuncia los premios para las UBCH que más votos llevaron y también le manda un mensaje de poder al Psuv.

“El partido debe asumir la rectoría del Gobierno revolucionario”, dijo Maduro. Por otro lado enfiló hacia el chavismo crítico y lo llama trasnochado, divisionista y traidor.

Hoy lo que más daño le hace al Gobierno es la crítica de quienes lo han apoyado y por eso dice que “quien ataque al Psuv, ataca al legado Chávez”.

Estos dos mensajes buscan mimetizar, partido, gobierno y chavismo y quien no esté dentro es un enemigo.

Dijo “en nombre del marxismo leninismo se critica al Gobierno, al Psuv. ¡Falso! Aquí lo que hay es bolivarianismo y socialismo”.

El oficialismo está consciente de las debilidades que tiene, inteligentemente no las ventila en público, pero hacia lo interno identifica que “no hay peor cuña que la del mismo palo” y sabe que el descontento chavista se canalizó hacia la APR y le dio un diputado al Partido Comunista.

El Psuv sale al paso, no quiere dejar que esto crezca y apalancado en el poder, en la presión y el control social desarrolla su estrategia.

Los señalamientos a los factores que lo critican hoy y antes lo apoyaron es brutal e implacable. El PCV se pone alerta y hace un comunicado duro contra Maduro y alerta sobre la construcción de falsos positivos a militantes revolucionarios que critiquen al Gobierno.

De que va, van

El escenario se mueve, las elecciones se harán y Maduro mira la amenaza que hizo la Unión Europea: “La única forma de salir de la crisis en Venezuela es reanudar las negociaciones políticas con prontitud y establecer urgentemente un proceso de transición y diálogo liderado por Venezuela que conduzca a Elecciones locales, legislativas y presidenciales inclusivas y transparentes”.

Maduro hace cintura. No habla de las exigencias de elecciones presidenciales, ni de la liberación de presos políticos, ni de la reducción de libertades. Solo se limita a invitarlos desde ya a observar las elecciones. 

¿Le tomarán la palabra?

¿La oposición se montará en esta ola para exigir la observación internacional y no solo el acompañamiento?

¿Se quedará anclada en la exigencia de las condiciones ideales para participar?

Está por verse. No tenemos bolas de cristal para adivinar el futuro, solo tenemos los pies planos para pisar tierra y estar atentos a los movimientos de la política.

El juego sigue.